Cuando nace una estrella.

Capítulo 5. Tú nunca serás el error en los ojos correctos.

Andrés.

¿Desde cuándo me empezaron a importar los días?

Nunca le hice caso a mi calendario; ni siquiera me gustaba ver el reloj. Simplemente odiaba el paso del tiempo. Todo porque detestaba creer que lo estaba desperdiciando.

Al ver los días pasar, pensaba en el tiempo que había perdido y en las malas decisiones que he tomado.

Extrañamente, sabía perfectamente cuándo fue la última vez que la vi. El último minuto que pasamos juntos. De eso ya había pasado una semana.

7 días, equivalentes a 168 horas, en las cuales no hablé con ella. No la conocí más. No vi su lindo rostro. No tomé su mano. No la pude apreciar.

Pero lo que más me preocupaba era que no pensé en ningún momento en Pao, mi novia. No estaba siendo infiel físicamente, pero mentalmente era como una prostituta de dudosa moral.

Digerir la noticia de que habían elegido a una persona con más fama que Via para el protagónico carcomía mis pensamientos, y odiaba eso. Si Via era genial, linda, tierna, fuerte; teníamos química, era dedicada y la descripción perfecta para el personaje.... ¿Por qué no ella?

Sé que era la correcta; me lo confirmaba algo en mi interior.

Era muy dulce y amigable. Me generaba esas ganas de querer protegerla, quererla y cortejarla.

Nunca imaginé que me interesaría alguien además de Pao, solo que, por alguna razón, esos labios carnosos con pintalabios rojos no dejaban de aparecer en mis sueños, dejándome deseoso de volverla a besar.

—Necesitamos hablar, Pablo —le ordené seriamente al director.

—No puedes esperar, tengo que ir por Paulina, la protagonista.

—Ese es el problema. —Me crucé de brazos y erguí mi postura, según yo, para demostrar autoridad—. Si no es con Via, no haré la adaptación.

No quería sonar prepotente o una diva, pero debía hacer mi deseo realidad, y la única manera de volverla a besar sería con ella de protagonista.

—¿De qué hablas? Tú no eres el que elige a los actores —acotó ásperamente.

—No, pero soy uno de los protagonistas, y yo creo que la prueba de química salió muy bien con Via —me excusé para no demostrar mi desesperación.

Solo debía volver a probar esos labios. Unos besos más y serían suficientes para poder acomodar mis ideas y mis deseos impuros.

—Sí —aceptó. Por primera vez, me dio la razón—. Pero ella no es lo suficientemente famosa.

—Pero es perfecta para el papel —supliqué.

<<Y perfecta para mí>>

—¿Por qué tanto interés en esa muchacha? —cuestionó, tratando de entenderme. Solo que ni yo me entendía a mí mismo.

—Porque... porque... —buscaba excusas, razones o alguna manera de sobornarlo—. Tengo una corazonada de que ella es la indicada —Fue lo mejor que se me ocurrió.

Pablo era fiel creyente de la intuición. Debía, o al menos esperaba, que funcionara. Estaba acostumbrado a que me rogaran; nunca había tenido que rogar.

—¿La indicada para el proyecto o para ti? —preguntó con notas de sarcasmo.

<<Ambos>>

—Para el proyecto —mentí—. Yo meto las manos al fuego por ella. Yo respondo por ella. Confía en mí. Ella es.

Si volvía a rogarle una vez más, lo terminaría golpeando hasta que accediera, o hasta que quedara inhabilitado de hacerlo. Entonces buscaríamos a otro director al cual podría sobornar.

—Andrés... —Hizo una pausa larga y se tomó su tiempo analizándome—. ¿Qué viste en ella que yo no?

—Pureza y sinceridad en sus ojos —dije la verdad y abrí un poco mi corazón—. Vi reflejado sus sueños, sus anhelos. Ya ha pasado por muchos "no", por el simple hecho de lo injusta que es la industria. Es una mujer real, con matices, que ve lo bueno y lo malo, y aún así, es dedicada, atenta y preciosa. Se esfuerza por las cosas y no se ha rendido ante nada. No se deja de nadie y ama lo que hace. Incluso más que yo.

—¿Desde cuándo la conoces?

—Hace una semana. Y antes de que me juzgues, ha sido la mejor semana de mi vida.

Pablo enarcó sus cejas, incrédulo.

Rezaba que aceptara rápido, antes de que mi paciencia se acabara y mis puños tomarán el partido de esta conversación.

—Recuerda que tienes novia —me amenazó—. Andresito —enfatizó su rudeza.

—Ya lo sé —afilé mi mirada y contuve los golpes—. Y no me digas así. Solo Via me puede llamar de esa manera —le advertí.

—Lo pensaré, pero recuerda que tú estás apartado por tu novia —me aconsejó. Esta vez como amigo, no como amenaza.

Me dio una palmada en la espalda y salió de mi camerino.

Ya lo sabía.

Ya sabía que tenía novia.

Y la respetaba, solo que Via era distinta.

***

Gracias.

Fue la palabra que leí al abrir el mensaje que había recibido de un número desconocido.

—¿? —respondí sin tener idea de quién era.

—Gracias. Pero no tenías que hacerlo. No tenías que interceder por mí. ¿Qué tal si te despedían? Nunca olvidaré esto. De: Via.

Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en mi rostro. Suspiré profundamente, como si esas letras significaran lo más lindo que había leído en todo el día.

—¿Quién es? ¿Por qué le sonríes tanto al teléfono? —cuestionó Pao.

—Nadie. —Bloqueé rápidamente la pantalla e intenté meterlo en mi bolsillo.

—A ver. Enséñamelo —exigió, acercándose con todas las intenciones de verlo.

—Nunca antes me habías pedido ver mi celular —inventé para evadir una pelea.

Pao estiró su mano y frunció su ceño. Sin tener alternativa, le di el teléfono. Molesta, lo desbloqueó para buscar en mis mensajes.

—Nunca antes le sonreías tanto y, mucho menos, te enviaban corazones —reclamó, señalando el mensaje de Via abierto.

—Es mi nueva compañera. Solo me está agradeciendo por haber ayudado a que se quedara de protagonista —traté de explicar, pero era en vano. Ella ya estaba enojada.

Odiaba cuando se ponía celosa. Sus caras y sus acciones; me desesperaba su actitud. La mayoría de las veces exageraba al estar celosa de las demás chicas.




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