Cuando nace una estrella.

Capítulo 15. Lo hice

Via

—Máscara me invitó a las luchas hoy.

—¿Qué pasó con todo el tema Josh?

—Terminamos. No tengo por qué seguir llorando. ¿Me acompañas?

—No. Llevo años de no entrar a una función

—Pero hace una semana ibas todos los días

—Al entrenamiento, nunca fui a verlas —negué rotundamente—. Anny, no quiero ir. No quiero saber de él por el momento.

—¿Te sigue doliendo la mentira?

—Me duele que ni siquiera tratara de explicarme.

Duelen las dudas que dejaron inclusa la verdad.

El silencio que le dio paso a miles de suposiciones.

Odiaba el silencio y Damián, más que nadie, lo sabía.

***

Al llegar a la Arena, Máscara Negra nos esperaba para entrar por las puertas del estacionamiento. Anny lo saludó con plena confianza, quitando la culpa que pude haber tenido por su rompimiento con Josh.

Dejé que se adelantaran, pues el día de hoy no quise ser mal tercio. Iban de la mano, riendo como si nada importara en el mundo, porque no lo hacía.

Recordé las tardes de entrenamiento con Damián y me frené, sin poder cruzar por esa puerta.

Las luchas estaban prohibidas en casa y hasta hace unos días lo entendí. Entrar en este mundo era salir de la mentira en la que viví y eso removió los sentimientos que ignoraba.

—Sé lo que pasó con tus padres —expresó Tornado.

—Y entiende que tengo prohibido pasar por esta puerta.

—¿Daniela te lo prohibió o fue Daniel?

—Ambos. Decían que no estaba preparada para enfrentar a estos demonios.

—Me presento: soy uno de esos demonios de los que habla tu abuela, y todo porque apoyé a tu padre a que conquistara a tu madre. Eso es lo que hacen los mejores amigos, ¿no?

Asentí con un nudo en la garganta.

—Me da miedo revivir la misma historia —confesé con sinceridad— Me aterra entrar; porque ella decía que no podías salir.

Astro se acercó a la puerta, acompañado de Línea Roja.

—¿Te parece si todos entramos al mismo tiempo? Desafiamos a esos demonios juntos. Yo creo que estarás bien protegida.

Irónicamente, enfrentaba a los demonios que cargaba mi abuela y estaba rodeada por luchadores, rompiendo la primera regla que me impuso.

Tornado tomó una de mis manos, Línea roja se puso detrás de mí, masajeando mis hombros como si el estrés se pudiera eliminar así, y Astro sujetó mi otra mano.

***

Viví el mejor día de mi vida.

Cuando los veía en el ring, era como si reviviera la imagen de papá. Esos videos antiguos cobraban vida y me daban cierta tranquilidad. Las luchadoras salían a escena, provocando que las lágrimas me consumieran. No estaba triste; al contrario, sentía que era la manera en la que mis padres me decían que todo estaría bien.

No hubo demonios que desafiar; no existían aquí.

No recordaba nada de los minutos anteriores al preciso momento en el que estaba. No importaba. Nuestros teléfonos estaban repletos de videos e imágenes, y nuestros cuerpos, llenos de emociones.

El evento había acabado y ambas estábamos esperando a Máscara en el estacionamiento. La multitud se empezó a amontonar a nuestro alrededor. Busqué la razón, y la encontré caminando justo detrás de mí: Meteoro.

Las personas me sujetaron del brazo para tomarse fotos conmigo. Aún no me acostumbraba a que lo hicieran. Accedí, ignorando sus jalones, y atendí sus peticiones. Mientras Damián hacía lo mismo a tan solo unos pasos de mí.

Suspiré resignada cuando esas peticiones involucraron estar al lado de él.

—Hola, Meteoro —saludé indispuesta, recalcando su nuevo nombre.

Respiré profundo y me posicioné firme a su lado.

Una foto, solo una foto, me lo recordé mil veces.

—La famosa Via —bromeó Damián.

Por segundo, el supuesto desconocimiento de mi existencia me hirvió la sangre. Luego recordé el famoso contrato de confidencialidad y me enfureció más.

Mi impulso de abrazarlo casi ganaba, y agradecí que no lo hiciera. Pasé mi brazo por su espalda mientras sentía cómo su agarre en mi cuerpo se tensaba.

—No soy famosa —por fin hablé, después de un silencio incómodo.

—Te reconocí perfectamente —expresó casi como un susurro, inclinando su cabeza hacia mí. El flash de la primera foto cegó mi vista y no respondí—. Recuerdo esos hermosos ojos cafés.

Lo soltó de golpe, como una nube gigante que envolvió todo alrededor y solo nos dejó a nosotros en medio de la nada.

El roce de nuestros cuerpos me quemó por dentro; la necesidad de besarlo y tenerlo erizó cada centímetro de mi piel.

Ante nuestra diferencia de estatura, que no era mucha, me sentí pequeña. Me quedé inmóvil, sin caer en cuenta de las personas, pero cayendo en todos sus encantos.

La última foto fue tomada y permanecí perdida en su mirada.

¿Una simple foto?, cuestioné en el fondo de mi ser ante la caricia que hacía con su mano en mi cintura.

—Gracias, Meteoro. Linda noche —logré apenas pronunciar.

Me despedí para huir, hasta que Anny me salvó, ayudándome a entrar al auto.

—Toda una aventura —rompió el silencio Máscara, quien estaba en el asiento del conductor.

—Coqueteo y todo —agregó Anny.

—No —negué en voz alta, para no generar más ilusión y recosté mi cuerpo en todos los asientos—. Una simple foto.

Esa que guardaría el misterio de dos almas que no se correspondían.

Solo era él, acompañado de una posibilidad, un quizás, un tal vez y un simple deseo fugaz de algo que consideraba que nunca pasaría

No era yo, era la expectativa de un "por siempre" juntos, como lo marcan en las películas.

Una historia que podía ser contada por sí sola, en la cual nunca fui la protagonista.




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