Damián.
—¿Estás nerviosa?
—Te pido que no me hables cuando estemos trabajando. Solo las personas autorizadas pueden hacerlo —mencionó Via con cierta arrogancia.
Sonaba soberbia, no para molestar, sino para recalcar el hueco que había entre nosotros.
Un espacio que yo había ocasionado.
—Sé que lo estás —apresuré el paso y caminamos a la par. Ella encogió los hombros y pretendió ignorarme—. Tu labio inferior tiembla cuando no estás cómoda. Tiendes a estar a la defensiva cuando no quieres involucrar tus sentimientos y evades responderme porque así no indagamos en lo que duele.
—Acaso, ¿me estás vigilando?. No es muy profesional de tu parte y no es parte de tu trabajo —Su caminata se volvió más rápida, indicando que debía retroceder un poco para darle su espacio—. Así que concéntrate en lo tuyo.
Asentí, frunciendo la nariz.
Continué tan solo un paso atrás, cuidándola como se me había asignado. Me frené un segundo, dejando que se adelantara lo suficiente para contemplarla de pies a cabeza.
Como siempre. cautivaba a todos con cada paso, cada movimiento y cada expresión en su rostro. Era difícil descifrar lo que pasaba por su cabeza, pues disfrazaba todo con su deslumbrante sonrisa y era muy buena para brillar por sí sola.
En cada paso daba un tirón para bajar la tela y la conocía lo suficiente para darme cuenta que el sonido de sus tacones le irritaba. Sentí la fuerte necesidad de sonreír al verla teniendo esa pelea campal.
Las personas la esperaban con ansias detrás de la valla de metal que se había colocado en el estacionamiento (idea mía para tener controlada la situación), mientras que yo determinaba que el perímetro fuera seguro. Ella se movía de lado a lado, luciendo su cabello largo, que se despeinaba con el viento como si estuviera en cámara lenta.
Podía ser su guardaespaldas, aunque deseaba ser uno de los fans que la abrazaban. Porque todo de ella era hermoso. Sonreía y posaba para las fotos.
Eso la hacía feliz; se notaba al escuchar las carcajadas, que ella misma provocaba con sus propios chistes.
—Disimula —me aterrizó al presente la voz áspera de Andrés. Puso su mano en mi hombro y altaneramente pronunció mi nombre—. Disimula, Damián.
Carraspeé, quitando bruscamente su mano y acomodándome el saco.
—Solo hago mi trabajo.
—Si tu trabajo es comértela con los ojos, entonces eres todo un experto.
Reí, mostrando todos los dientes.
Ambos sabíamos que no solo me la comía con la mirada.
—Si tu trabajo es ser un idiota, entonces el experto aquí eres tú, —Erguí la espalda y me le puse al frente.
No me achicaba por nadie y menos por ningún actorcito.
Él dio un paso hacia mí y yo me mantuve firme, sin siquiera pestañear.
El sonido de los tacones de Via me avisó que estaba justo al lado de nosotros. Con rapidez, se puso entre medio y nos separó.
—Podemos no hacer esto aquí —pidió con autoridad.
—Solo estoy haciendo mi trabajo —me defendí.
Ella se giró para verme y, al darle la espalda a "Andresito", la tomé de la cintura y di un paso atrás para separarla de cualquier contacto que pudieran tener.
—Damián, por favor.
—Yo no estoy haciendo nada, Via.
—Exactamente —se entrometió a nuestra conversación—, solo te le quedas viendo como si ella fuera una p...
—¿Cómo si yo fuera qué, Andrés?.
Ella lo miró por encima de su hombro antes de dar media vuelta. Empuñé las manos, porque sus comentarios solían ser así, chingaqueditos y Via los ignoraba para evitar problemas.
—Nada, Via. Sigamos tomándonos fotos.
Cobarde.
Entrecerré los ojos, cuestionando si valía la pena que se enojara si llegaba a darle una pequeña lección a su compañero de trabajo.
Sin dejarme reaccionar con su mano dio pequeños golpes en mi pecho e inclinó su cabeza para que la siguiera.
***
Le di su espacio para que hiciera su trabajo con comodidad y me alejé porque me hervía la sangre al ver cómo la abrazaban, en específico los que lucían más guapos que yo. Además, desde mi lugar podía vigilar a "Andresito".
No la hice esperar ni un segundo cuando solicitó mi ayuda. Nunca lo hacía; se excusaba con que podía sola. Me recargué sin perderla de vista y, más que ayudar, estorbé.
Al cabo de un rato, algo medio frío y suave acarició mi mano, con la que me sostenía en la valla. De inmediato volteé, encontrándome con la mano de una chica pelirroja.
Le devolví la sonrisa que me dedicaba y regresé con mis actividades. Busqué con la mirada a mi alrededor y pasé la mano por mi cabello, preocupado.
Había un problema: ¿Dónde se había metido, mi jefa?
—¿Estar coqueteando es parte de tu trabajo, Damián?.
Di un brinco del susto al divisar a Via tras mi espalda. La chica pelirroja continuó sin soltar mi mano y yo, estúpidamente, no la quité. Sin decir ni una palabra ninguno de los tres, el grito de las personas me aturdió por un segundo.
Sin apartar su mirada matadora, esa que causaba un escalofrío hasta los huesos, me rodeó y se plantó enfrente de mí.
Quitando con delicadeza la mano de la mujer, suspiró con fuerza. No le di tiempo de hablar; la sujeté de los hombros, alejándonos de ese lugar.
La muchacha agitó su mano, despidiéndose.
—Dile adiós, Damián —me retó con cierta rabia, así que bajé la mano con la que me iba a despedir—. Ve, ándale, a despedirte bien. A ver, quiero ver.
—Ya, ya. No le voy a decir adiós a nadie, ni la estoy viendo.
—Pero, bien que te estaba tocando la mano, risa y risa.
Cabeceé con una sonrisa divertida.
—¿Estás celosa?
—No.
Me dio un zape y se fue.
—Uff, por supuesto que estás celosa.
***
—¿Sigues molesta? —pregunté entre dientes cuando ella estaba autografiando unas fotos.
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Editado: 16.08.2026