Cuando no supe llamarlo amor.

El final de un inicio.

Viaje escolar. Dos palabras. El peor momento de mi vida. Lo recuerdo como si hubiera ocurrido ayer. Era un día soleado. Fuimos a una montaña, no recuerdo muy bien dónde.

Al bajarme del autobús respire el aire fresco. Recorrimos un poco la montaña. Dos horas después empezamos a jugar a la pelota con mis compañeras de clase, las más populares, con las cuales me juntaba e intentaba agradar. Nunca fui buena para socializar, siempre preferí escribir que convivir con niñas de mi edad, lo que me hizo preferir no contar mis cosas abiertamente y más distante. Aunque realmente no lo parecía.

Apesar de eso tenía una sola amiga... mi mejor amiga. Recientemente discutir con ella, por una estupidez. Una exposición, salió mal... mi yo perfeccionista no lo pudo soportar.

Aún recuerdo sus gritos—¿Cómo puedes dudar de mi hermano?

Yo proteste—Somos un equipo... no puedes cambiar algo sin consultarme primero.

Sabía que cuando gritaba no era ella... pero está vez me costó quedarme.

La ira nos nublo el juicio. Dijimos cosas que no queríamos decir. Ambas éramos orgullosas... aceptar un error era difícil. Quise llorar pero aguante la lágrimas con dolor. Ella desvío la mirada y se alejo. Eso fue lo que más me dolió.

Desde ahí que no nos hablamos. Ya no me importaba tomar apuntes en clase y miraba la hora como si dormir fuera mi ruta de escape. Mis notas empezaron a bajar y perdí amigas, más que amigas eran conocidas. Todas me recordaban a ella, porque todas eran amigas en común. Lloraba en el baño todos los días y siempre llegaba a mí casa con una sonrisa, aunque mi madre siempre me exigiera ser la mejor. Llorar se volvió una adicción, ya que era la única forma de no sentir dolor. Es como morir por horas. Aunque para mí siempre eran cortas.

De pronto una amiga me llamo y me despertó de mi recuerdo, era Isabel. La verdad ella no me caía muy bien, era muy Altiva para mí gusto. Pero éramos amigas por Violet... si, mi mejor amiga. Simplemente por ella lo aceptaba. Aunque sus actitudes seguían siendo contradictorias jamás perdía la esperanza de que todo volviera a ser como antes. Un día si, un día no.

No quería ser grosera, así que acepte ir con ella. Isabel me llevo a un lugar alejado de nuestro grupo, cerca de un banquito café que estaba bajo un árbol. Cerca de una vista preciosa, un lago y fauna nativa. Los rayos del sol alumbraban el destino que me esperaba. El viento me empujaba como si supiera que algo importante iba a pasar.

Violet tenía una flor en su mano. Era hermosa, era una orquídea rosada... mi flor favorita. ¿Será una disculpa? Isabel tenía una sonrisa en su rostro. Temí lo peor, sabía lo que venía y no lo quería aceptar. ¿Esto será lo que creo es?, ¿Por qué siento que esto no acabará bien? Sentí mi corazón acelerarse y una sensación extraña en mi estómago. Mi cuerpo gritaba que corriera pero yo siempre he sido necia para escuchar mis propios consejos. No pregunte nada. Tampoco me fui.

Violet se paró del banco y me miró a los ojos—Abi...—hablo con dificultad, apretando la flor—Tu eres como esto, delicada, hermosa.

Ya se por donde va esto. Y se que no acabará bien. Mi impulso era correr pero por alguna razón me quedé.

Violet se sonrojo un poco—Tu me...

Yo interrumpí—¿Te gusto?

Ella miró a otro lado—... si.

Lo sabía. Siempre podia lograr leerla sin esfuerzo. ¿Me está pidiendo salir?, a mí no me gustan las chicas... mi madre jamás lo aceptaría. No puedo aceptar este final con ella. No así.

Hablo Violet con tono nervioso en su voz—Si quieres podemos seguir siendo amigas... después de esto.

Respondí aún un poco confundida—Si... nesecito tomar un poco de aire... para pensar.—Me fui directo de nuevo con mis amigas.

Vi a Violet y Isabel alejarse juntas. No sé porque me importaba, pero lo hacía. Me dije que debía distraerme para no pensar en ello. Volver a jugar como lo hice antes. Pero por alguna extraña razón no podía. Me daban la pelota y yo simplemente no me podía concentrar. La pelota pasaba de largo, no estaba concentrada en el juego. Solo en como Isabel y Violet recorrían la montaña. Demasiado juntas. Demasiado cómodas. Igual como nosotras éramos juntas. Y por primera vez entendí que ya no éramos solo nosotras dos.



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En el texto hay: #rechazo, #recuerdos, #reflexión

Editado: 01.02.2026

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