EVI no recordaba la última vez que había sentido curiosidad por alguien. Desde que llegó al hogar, todo le parecía igual: las paredes blancas, los pasillos silenciosos, las miradas que evitaba. Pero esa tarde, algo cambió.
Mientras estaba sentada en la terraza, con las piernas colgando sobre el borde del muro, escuchó pasos suaves detrás de ella. No eran pasos pesados ni rápidos. Eran tranquilos, casi tímidos.
Cuando se giró, la vio.
Una chica de cabello largo, oscuro, que caía como una cortina sobre sus hombros. Tenía una expresión tranquila, pero sus ojos… sus ojos parecían saber demasiado. Como si hubieran visto cosas que no se decían en voz alta.
La chica no habló. Solo se acercó y se sentó a un metro de distancia, sin pedir permiso, sin preguntar nada.
EVI frunció el ceño.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, sin ocultar su molestia.
La chica se encogió de hombros, mirando el cielo.
—Me gusta este lugar —respondió—. Y tú siempre estás aquí.
EVI sintió un pequeño sobresalto. No sabía que alguien la observaba. No sabía que alguien la había notado.
—No me sigas —dijo, más brusca de lo que quería.
—No te sigo —respondió la chica, tranquila—. Solo coincidimos.
EVI la miró de reojo. Había algo extraño en ella. No parecía como las demás chicas del hogar. No hablaba fuerte, no hacía preguntas, no intentaba acercarse demasiado.
Solo estaba ahí. Como si su presencia no pesara.
—¿Cómo te llamas? —preguntó EVI, sin saber por qué.
La chica sonrió apenas, una sonrisa pequeña, casi invisible.
—Lía.
EVI repitió el nombre en su mente. Lía. Sonaba suave. Sonaba… seguro.
—No tienes que hablar conmigo —dijo EVI, mirando al frente.
—Lo sé —respondió Lía—. Pero tampoco tengo que irme.
EVI sintió un nudo en el estómago. No sabía si era incomodidad o alivio. No sabía si quería que Lía se quedara o que desapareciera.
Pero cuando el viento sopló y el cabello de Lía se movió como una sombra suave, EVI se dio cuenta de algo:
No quería estar sola. No ese día. No con esa chica.
Y aunque no lo admitiera, la presencia silenciosa de Lía fue la primera grieta en el muro que EVI había construido alrededor de sí misma.