“cuando por fin hablé”

CAPÍTULO 5 — El peso que no sabía cómo soltar

EVI llevaba días sintiéndose extraña. No sabía si era miedo, culpa o ese sentimiento nuevo que le nacía cada vez que veía a Lía. Era como si su corazón estuviera dividido entre querer acercarse y querer huir.

Esa confusión la agotaba.

Cada noche, cuando estaba sola en su habitación, el silencio se volvía demasiado fuerte. Su mente no paraba. Pensamientos oscuros, pesados, que la hacían sentir atrapada. No sabía cómo manejarlos. No sabía cómo pedir ayuda. No sabía cómo decir que tenía miedo de sí misma su unica ayuda para ella era cortase y y insultarse haci misma .

Y aunque no quería admitirlo, estaba empezando a hacerse daño de formas que no podía explicar. No buscaba lastimarse… solo quería que el dolor de adentro se callara un momento. Pero cada vez que lo hacía, se sentía peor. Más perdida. Más rota.

Un día, Lía la encontró en la terraza, con la mirada perdida y las manos escondidas entre las mangas.

Evi… dijo con voz suave Hoy te ves diferente.

EVI no respondió. No podía. Sentía un nudo en la garganta que no la dejaba hablar.

Lía se sentó a su lado, sin acercarse demasiado. Si estás pasando por algo… no tienes que cargarlo sola.

EVI apretó los labios. No quiero hablar susurró.

Está bien respondió Lía Pero no quiero que te hagas daño por dentro por guardarlo todo.

EVI sintió que el pecho le ardía. No entiendes… murmuró, con la voz quebrada. No sé qué siento. No sé qué hacer. No sé quién soy. Y… y me da miedo.

Lía la miró con una ternura que casi dolía. No tienes que saberlo todo hoy.

EVI tragó saliva. Las lágrimas empezaron a caer sin permiso.

A veces… dijo con dificultad ciento que no valgo nada. Que no debería estar aquí. Que… que no merezco nada bueno.

Lía negó con la cabeza, con firmeza. Eso no es verdad. Y si alguien te hizo creerlo… quiero que sepas que te mintieron.

EVI cerró los ojos.

No es solo eso… susurró Hay cosas que pasaron… cosas que nunca dije… cosas que me hicieron sentir sucia, inútil, rota.

Lía no la tocó. No la abrazó. Solo se quedó ahí, presente, escuchando.

Cuando quieras contarlo dijo yo voy a estar aquí. No para juzgarte. No para presionarte. Solo para escucharte.

EVI respiró hondo, temblando. Por primera vez, sintió que tal vez… tal vez podía decirlo.

No ese día. No en ese momento. Pero pronto.

Porque por primera vez en su vida, alguien la miraba como si su historia importara.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.