“cuando por fin hablé”

CAPÍTULO 7 — La primera grieta en el muro

EVI llevaba días sintiendo que algo dentro de ella estaba a punto de romperse. No sabía si era por Lía, por su pasado, o por ese peso que llevaba tanto tiempo escondiendo. Lo único que sabía era que ya no podía seguir guardándolo todo.

Esa tarde, la terraza estaba vacía. El cielo tenía un tono gris azulado que parecía reflejar exactamente cómo se sentía por dentro. EVI estaba sentada con las rodillas recogidas, respirando rápido, como si el aire le costara.

Cuando escuchó los pasos de Lía, no levantó la cabeza. No quería que la viera así. No quería que pensara que era débil.

Pero Lía se sentó a su lado sin decir nada.

Pasaron unos minutos en silencio. Un silencio que, por primera vez, no la asfixiaba.

Evi… dijo Lía con voz suave. Hoy estás muy lejos. ¿Qué pasa?

EVI apretó las manos dentro de las mangas. No sé cómo decirlo susurró. No sé por dónde empezar.

Lía no la miró directamente. Miró el cielo, como si le diera espacio para respirar.

Empieza por lo que te duela menos dijo. O por lo que te duela más. Lo que tú quieras. Yo estoy aquí.

EVI sintió un temblor recorrerle el cuerpo. Tengo miedo admitió Mucho miedo.

Lo sé —respondió Lía—. Y aun así estás hablando. Eso ya es enorme.

EVI tragó saliva. —Cuando era pequeña… —empezó, pero la voz se le quebró—. Pasaron cosas… cosas que nunca debieron pasar. Cosas que me hicieron sentir… sucia. Rota. Como si yo tuviera la culpa.

Lía cerró los ojos un segundo, como si le doliera escucharla, pero no la interrumpió.

—Me hicieron daño —continuó EVI, con lágrimas cayendo sin control—. Y nadie me creyó. Nadie me escuchó. Nadie me protegió.

Lía respiró hondo, con una calma que parecía envolverlas a ambas.

—Evi… nada de eso fue tu culpa —dijo con firmeza—. Nada. Lo que te hicieron estuvo mal. Muy mal. Y tú no merecías nada de eso.

EVI se cubrió la cara con las manos. —A veces siento que no debería estar aquí. Que no valgo nada. Que… que no merezco que alguien como tú me mire.

Lía se acercó un poco, no demasiado, solo lo suficiente para que EVI sintiera su presencia.

—Yo te miro porque quiero —dijo—. Porque veo a alguien fuerte, incluso cuando no lo siente. Veo a alguien que sobrevivió cosas terribles y aun así sigue aquí. Veo a alguien que merece cariño, respeto y un lugar seguro.

EVI lloró más fuerte. No por tristeza. Por alivio.

—No sé qué siento por ti —confesó—. Me confunde. Me asusta. Pero cuando estás aquí… todo duele un poco menos.

Lía sonrió, suave, como si entendiera exactamente lo que pasaba dentro de ella.

—No tienes que entenderlo todo hoy —susurró—. Solo déjame estar contigo mientras lo descubres.

EVI apoyó la frente en sus rodillas, respirando entrecortado. Por primera vez, hablar no la hacía sentir culpable. Por primera vez, alguien escuchaba sin juzgarla. Por primera vez, el muro que había construido durante años empezaba a agrietarse.

Y aunque todavía quedaba un largo camino, ese momento marcó el inicio de algo nuevo: la posibilidad de sanar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.