Cuando salga el sol

01 | El "sí" que lo cambió todo

¡! Aviso: lo más probable es que esta historia tenga alguna escena +18. Volveré a poner este aviso al inicio de cada capítulo que contenga alguna. 

 

 

 

* * *

 

 

 

Todos hemos tenido en algún momento algo a lo que hemos llamado hogar. Yo, con poco más de cinco años, tenía más que claro que esa concepción estaba hecha especialmente para mi hermano mayor. Por las noches, mi cuarto se convertía en mi lugar favorito, sobre todo cuando él llegaba de trabajar y se adentraba en mi habitación para saber si estaba dormida. Nunca lo estaba. A veces solo aguantaba despierta para recibir un “buenas noches” de su parte y un suave beso en la frente.

Pero ¿qué sucede cuando aquello a lo que llamas hogar desaparece? Primero llegó la demolición, y después no vi nada más. Silencio. Todo se volvió oscuro.

—¡Dahila!

Nina aparece en mi campo de visión, al otro lado de la ventanilla. Vuelve a golpear el cristal. Su sonrisa es tan grande y genuina que me apena no poder sentirme tan feliz como ella.

En cuanto abro la puerta del coche me tiende su mano para ayudarme a salir. Noah me sonríe cuando me entrega mi maleta. Los dos saben el gran esfuerzo que he hecho para estar allí en ese instante junto a ellos, pero de alguna manera siento que él es capaz de ver a través de mí, de notar los nervios que me han tenido sin apetito todo el día.

¿Alguna vez te has parado a pensar en la importancia de los pequeños detalles? Hay cosas en la vida a las que acostumbramos a darle muy poco valor, pero en las ocasiones más remotas son las que le dan sentido a todo, como por ejemplo la primera lluvia de estrellas que presencia un niño que todavía no sabe que se convertirá en un impresionante Astrónomo, o el hombre que por darse un privilegio después de mucho tiempo decide entrar en la panadería de la que será su futura esposa.

La vida puede cambiar muchísimo cuando te atreves a dar un paso peligroso, o cuando recapacitas y tomas la decisión de no avanzar. No hay una decisión correcta, nunca la habrá, solo existen opciones mejores que otras.

A veces me paro a observar a las personas y me cuestiono si ya han vivido ese momento clave en sus vidas o si todavía están por conocerlo.

Yo aún no soy consciente, pero ya he tomado esa decisión. Frente a la casa de Nina me doy cuenta de que, por primera vez después de mucho tiempo, he decidido avanzar un paso hacia delante.

Antes de continuar, será mejor que te explique cómo he llegado hasta aquí, y para eso, es necesario que recule en el tiempo un par de meses. Aquella noche llegué a casa más tarde de lo normal, con los pies reventados de estar todo el día fuera. Estaba abriendo la puerta mientras mi mente se adelantaba a los acontecimientos y me hacía imaginarme a mí mismo tumbándome bajo las sábanas y durmiendo para finalizar un día más.

Sin embargo, en cuanto entré al piso que compartía con mi amiga, lo primero que vi fue a Nina y a Noah esperándome en el sillón como dos perros guardianes. La espléndida sonrisa de ella contrastó con mi expresión demacrada. No era culpa del trabajo el agotamiento que me pesaba en los hombros, en realidad era un cansancio mental que llevaba arrastrando desde hacía mucho tiempo.

Aunque deseé esconderme en mi habitación y meterme bajo las sábanas, algo me decía que los ojos de Nina no brillaban como lo hacían por cualquier razón. Ella siempre tenía esa mirada chispeante, pero en aquel momento había algo más escondido tras esos ojos marrones. Era como una pantera a punto de saltar sobre su presa

Dejé mi bolso en el perchero de la entrada y me acerqué a ellos. Noah no tardó en levantarse del sillón y esconderse tras la isla de la cocina. Buscó cualquier cosa en la que concentrarse. Era algo que hacía cada vez que no quería participar en una conversación. Aquello me dio mala espina.

—¿Debería preocuparme por el hecho de que estés aquí mirándome con esa sonrisa tan sospechosa? Me recuerdas al Gato de Cheshire.

Nina sonrió todavía más.

—Queríamos hablar contigo.

—Deberías decir que tú querías —rectificó Noah subiéndose las gafas por el puente de su nariz—. Ha sido idea tuya.

Nina apoyó un brazo en la parte superior del respaldo del sillón y clavó la mirada en su mejor amigo.

—No sé por qué te asustas tanto, mis ideas siempre son las mejores.

Noah formó una mueca que dejaba claro su discrepancia al respecto.

—Y las que más problemas nos traen.

Mientras discutían por ver quién tenía razón me acerqué a la nevera, saqué la jarra de agua fría y me puse un poco en un vaso. Observé las gesticulaciones de cada uno mientras me bebía el agua y saciaba un poco mi sed. Tenía la garganta tan seca que mi cuerpo me lo agradeció.

—¡Es una buena idea! —exclamó Nina dando un pequeño salto y colocándose de rodillas en el sillón.

—¿Igual de buena que la vez que me aconsejaste que si me quitaba la vergüenza y me declaraba a la chica que me gustaba en sexto de primaria ella aceptaría salir conmigo?

—Pero si no me hiciste caso.

—¡Por supuesto que no te hice caso, se lo dijiste tú misma!

El recuerdo de aquel hecho debió pasar fugazmente por la mente de Nina, porque tuvo que reprimir la sonrisa. A veces me costaba entender cómo conseguían convivir bajo el mismo techo si cada día discutían por algo nuevo. Según me habían contado cuando los conocí, su amistad comenzó gracias a sus padres. Sus familias siempre habían sido muy unidas, así que una cosa llevó a la otra y Noah tuvo que comenzar a soportar a una niña que gritaba mucho, que se reía de manera escandalosa y que siempre la tenía pegada a él. Eso era lo que él me había dicho, pero no hacía falta ser muy observadora para saber que, pese a lo distintos que eran, Noah valoraba su amistad con Nina, igual que ella, solo que nunca se lo decían. Uno, por vergüenza; otra, por orgullo.




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