Cuando salga el sol

18 | Quiero leerte

 

Luc

 

Me remuevo cuando escucho algo vibrar. Aprieto los párpados con fuerza y espero a que ese molesto ruido deje de sonar, pero no se detiene. Mis sentidos se van despertando y termino dándome cuenta de que esa vibración viene de uno de los bolsillos de mi pantalón. Lo cojo a tientas y entreabro los ojos para poder detener la alarma que por suerte me puse antes de emborracharme con Liam. Hoy ya no me puedo escaquear del trabajo.

No es hasta que me incorporo que me doy cuenta de que no estoy en mi casa. Recuerdo haberme quedado ayer en casa de Nina después del estrepitoso espectáculo que hicimos Liam y yo en casa de Ben. Lo último que recuerdo antes de haberme quedado dormido es haber estado abrazado a Dahila. Ella debe de haberse despertado primero porque no descansa a mi lado.

Me apoyo sobre mi antebrazo y me froto los ojos. Me incorporo para levantarme de la cama pero me detengo cuando veo la figura que, abrazada a una almohada, descansa sobre el suelo de la habitación. Me tenso al descubrir que ninguna camiseta la tapa y que lo único que lleva puesto es su ropa interior. Tiene el pelo atado en un moño alto que deja al descubierto su nuca y su espalda. Una de sus piernas está doblada sobre la almohada. Sacudo la cabeza e intento apartar la mirada, pero siempre se me hace una tarea imposible cuando se trata de Dahila.

Me tumbo otra vez y desbloqueo mi móvil para ver si tengo alguna notificación. Descubro que Nina me ha enviado mensajes hace menos de una hora diciéndome que ella y Noah han salido, pero que no nos han llamado para no molestarnos. Me tumbo de lado y asomo la cabeza por el bordillo de la cama para poder observarla. No sé si se debe a que he dormido con ella o a la conversación que después de tanto tiempo pude tener por fin con ella, pero el peso que antes sentía en el pecho y que tantas veces ha estado a punto de asfixiarme ha desaparecido.

Siempre he pensando que la gente me criticaría o se enfadaría conmigo si le contaba lo estúpido que fui por estar con Alyn, pero ayer descubrí que estaba equivocado. Liam y Dahila me escucharon. Me entendieron. Vi el dolor en sus ojos. La impotencia. La tristeza. Y después sentí el cariño de ambos arroparme, como si quisieran sanar todas mis heridas.

Dahila se tumba boca arriba cuando su móvil empieza a sonar. Estira su brazo hacia la mesilla y lo busca. Sin abrir los ojos, consigue descolgar.

—¿Diga? —susurra—. ¿Qué? Sí, claro. ¿En una hora y media? Está bien. Adiós.

Cuando termina la llamada deja el móvil sobre su pecho y vuelve a quedarse quieta. Una risa brota de mi garganta. 

—¿Dahila?

Sus labios se curvan en una sonrisa perezosa antes de abrir los ojos. Mi mirada desciende hacia abajo cuando infla su pecho y se estira. Deja escapar unos ruiditos roncos de satisfacción que hacen que mi cuerpo vibre en respuesta. Vuelvo a mirarle a los ojos.

—¿Qué haces durmiendo en el suelo?

Tarda unos segundos en procesar mi pregunta, y en cuanto se da cuenta de que está en ropa interior, coloca la almohada sobre su cuerpo y la abraza con sus piernas y brazos. Me mira con los ojos muy abiertos.

—¿Dónde está mi ropa?

Con una sonrisa pícara, señalo el montón de ropa que hay en medio de la habitación.

—Has debido de quitártela mientras dormías.

—No lo recuerdo.

—Te aseguro que yo no he sido. Si te hubiese quitado la ropa creo que lo recordaría bastante bien.

La sombra de una sonrisa en sus labios. Mueve la almohada un poco más arriba para que pueda esconder la mitad de su rostro. Percibo cómo se tensan sus piernas alrededor de la almohada y mi mente me la juega al hacerme imaginar esas mismas piernas aferrándose con fuerza a mi cintura. El deseo de comprobar cómo se sentiría estar sobre ella hace que me arda la piel.

Dahila se incorpora y gatea hacia su ropa. Se me tensa la piel. Me digo a mí mismo que debería apartar la mirada y descubrir cuán interesante puede ser el techo de la habitación, pero cualquier intento por ser un chico decente se va a la mierda cuando deslizo mis ojos por la piel de su espalda y reparo en la curvatura de su culo que tan bien mima su ropa interior negra.

—No dejabas de abrazarme por la noche.

Trago saliva al ver que no se viste como yo pensaba, sino que se pone de pie. Si le pone nerviosa estar en ropa interior frente a mí, no lo parece.

—¿Yo te abrazaba?

Asiente y noto como me sube el calor hasta las orejas cuando se acerca a mí y se agacha para rebuscar algo en su mesilla de noche.

—¿Por eso has terminado durmiendo en el suelo?

—Sí, pero no por lo que tú crees. Me gusta que me abraces, pero en verano me convierto en la persona más calurosa del mundo. Llevaba un rato sin poder dormir y estaba empezando a sudar, y como no hacías más que aferrarte a mí todo el rato...

—Vale, lo entiendo.

Dahila suelta una risa de la que se alimenta mi corazón. He dormido del tirón, así que no recuerdo haber buscado su cuerpo en medio de la noche para abrazarla.

Me explica que Ben le ha pedido que vaya con él y Liz de compras, así que mientras se ducha yo espero tumbado sobre la cama, me distraigo contando ovejas imaginarias. Es la única forma que se me ocurre para hacer que desaparezca la tensión de mis pantalones. Miro la hora en mi móvil al escuchar el grifo de la ducha cerrarse. Todavía tenemos tiempo para salir y desayunar algo rápido en la cafetería de Ginny.

Sin moverme del sitio, le echo un rápido vistazo a la abertura de la puerta del baño. Contengo el aire al distinguir el hombro desnudo de Dahila y la ligera curva de su cintura. Su cabello brillante le cae sobre la espalda, creando pequeños riachuelos de agua que descienden por su piel. Cierro los ojos y espero hasta que Dahila sale del baño y vuelve a la habitación.

—Si ves que vas justo de tiempo puedes ir a tu casa y prepararte para empezar tu turno.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.