Cuando salga el sol

21 | Hoy, mañana y siempre

—¿Cuándo me has dicho ibais a volver? —pregunta mi abuela en cuanto acepto la llamada que sale en la pantalla de mi coche. Liam, ubicado en el asiento del copiloto, despega la mirada de su móvil al escuchar su voz.

—Hola a ti también. —Saludo formando una sonrisa. Después miro la puerta de la casa de Nina y respondo—: Tarde. Quizá llegue cuando ya estés dormida. ¿Por qué? ¿Te está suponiendo un gran problema cuidar de los gatos?

—En absoluto, se portan muy bien.

—¿La gata te deja tocarla? —pregunta Liam.

—Sí. Para sorpresa de ninguno, le caigo mucho mejor que mi nieto.

—Gracias, abuela.

—De nada, cariño.

No me sentía seguro dejando a los gatos tanto tiempo solos, así que los he dejado al cuidado de mi abuela. Por Kiera no tenía problema, pero el pequeño Kovu es inquieto y me preocuparía que se metiera en algún sitio del que no pudiera salir. Como la noche que fuimos a las ferias sabía que no íbamos a estar tanto tiempo fuera, no me preocupé tanto.

—¿Está por ahí Dahila?

Reprimo una sonrisa ante su mención.

—Todavía no. Hemos llegado unos cuantos minutos antes, así que estamos esperándolos en el coche.

—Lástima. Entonces voy a colgarte.

—Espera, ¿llamas para hablar conmigo o para hablar con Dahila?

El silencio al otro lado de la línea me hace esbozar una sonrisa. Quizá debería ofenderme que, como nieto suyo que soy, me haya llamado para hablar con otra persona, pero para qué voy a mentir, me encanta ver el interés que tiene mi abuela por Dahila.

—¿Quieres que te pase su número? Así podrás llamarla siempre que quieras.

—¿No le molestará?

—Al contrario, Dahila estará encantada de hablar contigo.

Escucho el maullido de Kovu entre el silencio dubitativo de mi abuela.

—Está bien. Avísame cuando lleguéis. Por cierto, ¿Liam?

—¿Sí? —Se inclina hacia delante y observa sonriente la pequeña pantalla del coche, como si esperara a que la imagen de mi abuela apareciera en ella.

—Haced muchas fotos.

—¿Puedo saber a qué se debe la petición?

—A que es bonito inmortalizar los buenos recuerdos. Sois jóvenes y guapos, un par de fotos no os van a hacer daño. Cuando seáis más mayores agradeceréis tener esos recuerdos materiales.

—Me encargaré de ello —acepta Liam.

—De acuerdo. Y ahora, si me permitís, voy a tener que colgaros.

—¿Va tu amiga, la de la floristería? —Un ruidito a modo de asentimiento—. La próxima vez avísame y yo iré a recogerla, la pobre mujer vive en la otra punta de la ciudad.

—Ella utiliza el bus.

—Da igual. Cuando tengáis algún plan avísame y yo iré a recogerla, la última vez me dijo que tenía mucho dolor en las rodillas. Y lo mismo va para ti.

—Tan atento como siempre —dice soltando una pequeña risita—. Je t'obéismon petit ange —dice y una cálida sensación se instala en mi pecho al escucharle decir eso después de tantos años. Mi abuela siempre decía que era su pequeño ángel, no pensaba que fuera a volver a escuchar ese apodo. Ya no soy pequeño, y mucho menos soy un ángel. 

Justo cuando finalizo la llamada, el nombre de Ben aparece en la llamada. Llama para avisarme de que él y Liz ya están preparados. Dejo de hacerle caso cuando la puerta se abre y Noah, Nina y Dahila salen con sus mochilas. Liam sale corriendo del coche y empuja a Noah cuando el castaño está por sentarse en uno de los asientos traseros. Hago oídos sordos a la discusión en la que se enzarzan y salgo del coche para saludar a Nina y Dahila. La sonrisa que adorna mi cara se diluye en cuanto veo la expresión apagada de Dahila. No me hace falta preguntar nada para saber que hoy no está de muy buen humor.

—No quiero estropearos el plan —escucho que dice cuando Nina abre el maletero.

—No vas a estropearnos nada, tonta. Todos tenemos días malos.

Me siento como un intruso, así que entro de nuevo en el coche para poner algo de música que me impida escuchar la conversación de los chicos. Me detengo cuando la voz de Ben resuena en el coche:

—¿Qué es ese jaleo?

—Liam y Noah.

—Ah.

—¿Quieres que te cuelgue?

—No. Déjalo. Liz se lo está pasando bien escuchándolos.

Sonrío para mis adentros.

En cuanto escucho que se cierra el maletero, asomo la cabeza y descubro a Dahila acercándose a mí. Su expresión apagada se ilumina un poco cuando me ve, esboza una sonrisa. Se quita la gorra cuando se agacha un poco a mi lado y, unos segundos después, siento el suave roce de sus labios contra mi mejilla. Aunque quiero preguntarle si se siente bien, me guardo la pregunta, pues conozco lo poco expresiva que es en cuanto a sentimientos se refiere, y hablarlo aquí, delante de todos, no creo que le haga mucha gracia. Así que me limito a devolverle la sonrisa antes de que se siente en el asiento de detrás.

—Estabas sentado delante cuando hemos salido de casa —escucho que dice Noah. Al parecer Liam se ha salido con la suya y ha logrado hacerse con el sitio que hay en medio, ahora tiene a Nina y a Dahila a cada lado.

—A la mayoría le suele gustar más ser el copiloto.

—¿Y qué haces tú ahí?

—No soy como la mayoría. —Le guiña un ojo—. Además, quería estar con dos de mis chicas favoritas. Así que, haznos un favor, Noah, y siéntate en tu sitio para que pueda ver pronto a nuestro pequeño renacuajo.

La risa de Liz llama la atención de Liam y Nina, que sonríen cuando ven el nombre de Ben en la pequeña pantalla del coche. Con «pequeño renacuajo» se refiere a Liz. Cuando éramos más pequeños, Liam acostumbraba a llamarla así. No recuerdo por qué se le ocurrió ese mote, pero de lo que sí que me acuerdo era de la genuina sonrisa de Liz cuando Liam la llamaba así.

Tras unas cuantas súplicas de Ben, Liz le deja cortar la llamada.

—¿Quieres que te cambie el sitio? —le pregunta Dahila a Noah.




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