Cuando te volví a ver

El primer contacto físico intencional

Hasta ese momento, todo entre ellos había sido accidental. Sus manos rozándose al mismo tiempo cuando tomaban algo. Sus hombros chocando al caminar juntos. Pequeños contactos que parecían casuales, aunque ambos sabían que no lo eran del todo.

Pero ese día fue diferente.

Estaban sentados en el bordillo de la acera frente a sus casas, como muchas otras tardes. El cielo estaba pintado en tonos naranjas y rosados, y el aire tenía ese frío suave que obligaba a quedarse quieto.

Ella estaba hablando de la universidad, de lo difícil que le parecía confiar en la gente. Él la escuchaba sin interrumpir, con esa atención completa que siempre le daba.

—Es raro —dijo ella, mirando al frente—. A veces siento que todo cambió demasiado rápido.

—¿Desde que regresaste?

Ella asintió.

—Sí… y también yo cambié.

Hubo un silencio cómodo. No incómodo. Nunca era incómodo con él.

Y entonces pasó.

Sin decir nada, él extendió la mano y tomó la de ella.

No fue un roce. No fue un accidente. Fue una decisión.

Sus dedos se entrelazaron con cuidado, como si le estuviera preguntando algo sin usar palabras.

El corazón de ella comenzó a latir más rápido. Nunca había tomado la mano de un chico así. Nunca había tenido novio. Nunca había permitido que alguien cruzara ese límite invisible.

Y, sin embargo, no retiró la mano.

La sostuvo también.

Porque se sentía bien.

Porque se sentía correcto.

Porque era él.

No se miraron de inmediato. Se quedaron así, en silencio, mirando el atardecer, compartiendo algo que ya no podía fingirse como casual.

En ese momento, ambos supieron que algo había cambiado.




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