Fue una noche tranquila.
Estaban frente a su casa, como siempre. Hablaban en voz baja, como si el mundo alrededor no existiera.
En algún momento, el silencio apareció.
Pero no fue incómodo.
Fue intenso.
Ella levantó la mirada.
Él ya la estaba mirando.
Sus rostros estaban más cerca de lo habitual.
Demasiado cerca.
Ella pudo sentir su respiración.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Él no se movió de inmediato.
Le dio tiempo.
Tiempo para decidir.
Tiempo para alejarse.
Pero ella no lo hizo.
Se quedó ahí.
Ambos sabían lo que estaba a punto de pasar.
Él se inclinó apenas.
Y justo antes de que sus labios se tocaran…
Ella giró el rostro.
No por rechazo.
Por miedo.
Él se detuvo inmediatamente.
No insistió.
No preguntó.
Solo respetó su espacio.
Y eso, extrañamente, la hizo sentir aún más cerca de él.
Editado: 08.02.2026