El momento no fue planeado.
No hubo música. No hubo un evento especial.
Solo ellos.
Como siempre.
Estaban caminando lentamente frente a sus casas, bajo la luz suave de los postes.
Ella se sentía diferente.
Más segura.
Más clara.
Sabía lo que sentía.
Y, por primera vez, no quería huir de eso.
Se detuvo.
Él también.
Lo miró directamente.
Sin miedo.
Sin dudas.
—Ya no tengo miedo —dijo.
Él no respondió.
Pero sus ojos lo dijeron todo.
Ella dio un pequeño paso hacia él.
Su corazón latía con fuerza, pero esta vez no era por miedo.
Era por decisión.
Fue ella quien cerró la distancia.
Sus labios se encontraron con los de él en un beso suave, torpe y sincero.
No fue perfecto.
Fue real.
Fue su primero.
Cuando se separaron, ambos sonrieron.
No dijeron nada durante unos segundos.
No era necesario.
Porque ambos sabían lo que significaba.
—Me gustas —dijo él finalmente.
Ella sonrió.
—Tú también me gustas.
No hubo promesas exageradas.
No hubo palabras complicadas.
Solo una verdad simple.
Desde ese momento, ya no eran dos personas que coincidían por casualidad.
Eran dos personas que se habían elegido.
Y, por primera vez desde que regresó a los 19 años, ella sintió que estaba exactamente donde debía estar.
No en el pasado.
No en el miedo.
Sino en el inicio de algo nuevo.
Algo que, esta vez, estaba lista para vivir.
Editado: 08.02.2026