No hay razones para dudar.
Me ama tanto
que la luna podría bajarla para mí.
Me escribe poemas
dejando en evidencia
que no podría amarme más.
Me abraza
y el mundo se congela,
como si nada pudiera entrar
a arruinar tal divinidad.
Pero…
¿y si desaparece?
Si la luna se elevara
cada vez más alto,
¿aún así la bajarías por mí?
¿Podrías seguir amándome
luego de conocer
mi alma al desnudo?
Hoy te envié una foto,
como de costumbre.
Pero esta vez
no hubo respuesta.
La reacción que espero
ya no es la misma:
ahora es una
que me provoca desespero.
Sé que me amas.
¿Entonces por qué
cada vez dudo más?
No dudo de tu amor.
Dudo de la intención
con la que lo sentirás
cuando el tiempo corra.
¿Seguirías amándome
si ya no es lo mismo?
¿Seguirías amándome
si ya no todo es perfecto,
si aparecen
imperfecciones notables?
¿Me seguirías amando
si soy yo?
Admitir sentimientos
es plantar nuevos cimientos
que, si todo sale bien,
perdurarán por la eternidad.
Pero si no,
romperán cada pedazo de mí,
obligándome a apartar
mi conciencia de la realidad.
Rompiendo la relación
igual que mi corazón.
¿Me seguirías amando
si lloro?
¿Me seguirás amando
aun cuando tengo miedo?