Cuatro Años

Capítulo 1 - Coral Gables

It Is What It Is – Jenna Raine
Becky
-Sábado 21 de agosto 2027-

- Recuerda regar las flores todos los días –repite por décima vez mi tía, una mujer un poco más baja que yo y de cabello oscuro–. Saca la basura los viernes por la noche –agrega, bajando las escaleras y ajustando sus gafas–. Seguro que Gina se pasará por aquí a echarte una mano con la casa.
- Tía –me adelanto y me planto frente a ella, haciendo que por fin me mire–. No soy una cría, puedo cuidarme y cuidar la casa sola durante este semestre sin problemas. No hace falta molestar a la señora Gina solo por esto –le aseguro.
Comprendo su preocupación. No es fácil dejarle una casa entera a una chica todo un semestre. Pero no tiene más opciones.
Claro que las tiene.
Soy yo o alguna de mis primas.
Con ellas la casa duraría una semana, contigo dos.
- Pues –suspira resignada y asiente–… supongo que eso es cierto.
- Lauren, confía en Becky.
Por fin! Alguien de mi parte.
Ella se gira y le lanza una mirada de reproche al señor de cabello gris oscuro perfectamente peinado y porte elegante que recién entró al salón. Este ni se inmuta, acostumbrado a los constantes regaños de su esposa. Me mira y sonríe con gratitud.
- Gracias de nuevo por quedarte aquí mientras nosotros estamos en Europa –dice William.
- No es nada, Will –respondo, mirándolo y luego los miro a ambos–. Gracias por dejar que me quede aunque no vayan a estar. Esto me facilitará compaginar los estudios y encontrar empleo mientras ustedes regresan.
- Aun puedo hablar con Charlotte y conseguirte trabajo en su tienda –comenta mi tía.
- Estar en una heladería cuando no puedo comer helado es peor que dejar que papá pague todo –me quejo.
Es cierto que papá seguirá pagando mis estudios y lo que sea que necesite en realidad. Pero mi ego necesita alimentarse con el hecho de que puedo tener un trabajo.
- Seguro consigues algo pronto –me asegura Will, con una sonrisa sincera.
- Sí, bueno… –dirijo la mirada al reloj en la pared– deberíamos irnos. No querrán perder su vuelo.
Luego de cerrar la casa subimos las maletas a mi camioneta y conduzco al Miami International Airport. No queda tan retirado de la casa, así que llegamos en unos 20 minutos.
Mientras aparco aprovecho de verlos en el espejo retrovisor. Mi tía le muestra algo en su móvil con el ceño fruncido, su esposo solo la observa analizando la situación, asiente y luego de decirle algo le deja un beso corto en los labios.
- Sigo sin ver el problema –dice él, con voz calmada mientras entramos al aeropuerto.
Resulta que el agente de mi tía le había escrito. Le dijo que ahora tenía una nueva fecha para otra firma de libros. No es que la idea le alegrara mucho.
- Serán mínimo dos semanas más viajando –explica ella, como si fuera lo más obvio.
- Y ¿Cuál es el problema? Yo solo veo que mi esposa es una excelente escritora y más gente muere por conocerla –responde él, ayudándola con el equipaje de mano.
Mi tía y Will llevan unos 30 años o más casados. No tienen hijos. Solo son ellos dos. Ella es escritora de libros sobre misterio e historia contemporánea. Él un empresario jubilado perdidamente enamorado de ella.
- Son más días fuera de casa –ataca ella.
- Son más días al lado de la mujer que amo. Mira el lado bueno: por fin nos estamos dando esas vacaciones en Europa que tanto habías querido –contraataca él.
- Tienes razón –cede ella–. Es solo que… estoy estresada. Han sido muchas cosas estos días.
- Atención pasajeros del vuelo AZ631 con destino a Florencia, Italia.
>> Se ha iniciado el proceso de abordaje en la puerta D12 para pasajeros de clase ejecutiva y aquellos que requieran asistencia especial.
>> Por favor, tengan a mano su pase de abordar y documento de identidad.
>> El abordaje general comenzará en aproximadamente diez minutos.
>> Les recordamos que el clima en Florencia es soleado, con una temperatura de 18 grados.
>> ¡Les deseamos un excelente viaje y agradecemos que vuelen con nosotros!
- ¿Aquí es cuando nos despedimos de forma dramática y me ruegan ir con ustedes como en todo buen libro? –bromeo.
- Solo tus libros tienen tanto drama –ríe mi tía.
- El drama es la vida del libro –me excuso y Will está por asentir hasta que su mujer lo fulmina con la mirada.
- No es cierto, jovencita. Un buen libro necesita argumentos sólidos y mucha investigación –dice, todo seriedad.
- Pues me declaro culpable de hacer novelas literarias y no un libro de texto –digo, levantando ambas manos en señal de rendición.
- Último llamado para los pasajeros del vuelo AZ631 con destino a Florencia, Italia.
>> Se solicita a los pasajeros que aún no han abordado que se dirijan de inmediato a la puerta D12.
>> Las puertas del avión se cerrarán en cinco minutos.
>> Les recordamos que el embarque está por finalizar.
>> Gracias por elegir nuestra aerolínea. ¡Buen viaje!
- Ahora sí, debemos irnos –dice ella mirando a su esposo.
- Avisen cuando lleguen –les digo luego de despedirme de ellos con un abrazo corto–… y disfruta de tu gira, tía.
- Te aseguro que me hará falta mi fotógrafa personal –me dice, con una sonrisa antes de alejarse junto a su esposo.
El camino de regreso fue silencioso. Solo el sonido de la radio con algunas canciones de un tal Dav.
Aprovecho el momento para hacer memoria y entender cómo llegué hasta este punto de mi vida, donde voy a empezar la universidad, me haré cargo de una casa por un semestre y morir por el estrés no es parte del plan.
Definitivamente en Winter Haven no habría podido estudiar en un Departamento de Arte como el que hay aquí en Miami. He oído que la University of Miami es buena, de no serlo no habría dejado toda mi vida atrás para tener mi Licenciatura en Bellas Artes en Arte de Estudio con Concentración en Fotografía.
Al regresar, a la que será mi casa durante los próximos 4 años, ya está anocheciendo así que me aseguro de encender la luz del porche. Justo al hacerlo, noto en una de las mecedoras de la entrada una fiambrera con galletas de almendra y coco. Tiene una nota pegada: “No sabía si aún evitabas el pan, así que hice esto con lo que tenía. Espero que te guste. —Gina”.
Huelen deliciosas. Me recuerdan a las que llevaba en la mochila cuando mamá decía “no las compartas, son especiales para ti”. Mañana me pasaré por su casa para darle las gracias.
Cierro la puerta detrás de mí y camino por el salón que está habitado solo por las fotos de los marcos. Dejo mi chaqueta sobre el sofá del salón y voy directo a la cocina.
Y de nuevo ese pensamiento que no me deja en paz desde la graduación, regresa: Solo cuatro años… no parece mucho hasta que lo dices en voz alta. Cuatro años en esta casa, en esta ciudad, en esta vida que aún no sé si quiero. Cuatro años para estudiar, trabajar y tomar una decisión de la que no me puedo arrepentir.
Cuatro años que apenas empiezan. Debo relajarme. Agarro el móvil y le escribo a una amiga para despejar la mente. Mientras espero su respuesta me preparo un café.
Coral Gables es un barrio tranquilo, no me extraña que mi tía se mudara aquí. Se oye el murmullo de los perros de los vecinos, algunos autos aparcando, la risa lejana de los nietos de la vecina y el timbre de la casa…
¿El timbre de la casa?!
Dejo mi taza de café en la encimera y reviso la tablet para ver las cámaras de seguridad.
Una moto aparcada frente a la casa y un chico que vuelve a llamar a la puerta.
No estoy esperando visitas. Mi tía tampoco me dijo que alguien vendría. Dudo que mi ex recuerde esta dirección.
Sigo enumerando las opciones posibles y después quedarme sin respuestas lógicas decido salir a ver de quién se trata.
El sentido común te persigue, pero eres más rápida.
Veo por la mirilla de la puerta. Tal como en la tablet. Un chico con una chemise negra de algodón, vaqueros oscuros y un casco negro mate que solo tiene la visera levantada dejando ver un par de ojos oscuros.
- Eh… hola –digo, bastante extrañada cuando entreabro la puerta y veo al chico muy centrado en su móvil.
- Sash, aquí te… –se corta cuando finalmente me ve– tú no eres Sash…
- Definitivamente no –respondo y el chico da un paso atrás para ver el número de la casa.
- Así que esto es el 1452 –murmura, con voz grave pero tranquila.
- La verdad yo llegué hace unas horas… pero eso ponen los documentos, así que sí, yo creo que sí es el 1452 –ironizo.
- Pues gracias por la clase sobre direcciones –se burla él y baja la mirada al papel en su mano, gesto que imito.
Vale… esa pulsera me da curiosidad, no es que los hilos rosa y morado con la estrellita amarilla le combinen mucho. Pero claro, no pienso decir eso. Opto por desviar la mirada.
- ¿Qué casa buscas? –pregunto al cabo de unos segundos.
Una risita ronca y baja sale de él mientras se quita el casco. Seguro se duchó recién, quién no lo haría con este calor. Tiene mechones negros de cabello húmedo pegados a la frente.
- Busco la casa de la abuela de la novia de mi amigo –explica, pasándose una mano por el cabello para desordenarlo.
- No es que conozca a todos los vecinos –reconozco–. Pero tal vez sepa quién es la abuela de la novia de tu amigo ¿me dices su nombre? –pregunto. A estas alturas ya estoy fuera de la casa.
- Su nombre es… Gina –dice y vuelve a mirarme– ¿la conoces? –cuestiona alzando una ceja.
- Si es la misma Gina que yo creo… entonces debes ir a la casa de al lado…
- Supongo que me dieron mal la dirección –suspira, sacudiendo la cabeza divertido–. Perdón por el susto –agrega, con una media sonrisa–. No suelo invadir casas ajenas.
- Espero que eso sea cierto. No quiero revisar las cámaras de madrugada y encontrarte de nuevo –digo, con una pequeña sonrisa que tira de mis labios.
- No sucederá de nuevo –me asegura–. Oye ¿puedo dejar mi moto aquí mientras voy al lado? Solo debo entregar algo y me iré –me pide.
- Claro, no veo problema… mientras no dañes las rosas de mi tía –digo y él ríe.
- Gracias ¿Vives aquí?
- Desde hoy… sí.
- Pues bienvenida.
- Pues gracias.
Se gira para salir del patio delantero, pero justo antes de irse se detiene.
- Soy Wyatt, por cierto.
- Becky.
- Gracias de nuevo, Becky del 1452.




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