Cuatro Años

Capítulo 4 - La noche sigue

You’re On Your Own, Kid – Taylor Swift
Becky
-Domingo 22 de agosto 2027-

9:15pm.
Mentiría si dijera que le he prestado atención a la película. Ni siquiera sé de qué va. En la última hora solo hemos estado hablando. Nada en concreto. Pero si voy a seguir juntándome con estos chicos –como parece que será, porque habilidades sociales no tengo–, ya he aprendido un par de cosas:
1. Theo y Sasha llevan juntos casi 1 año.
2. Sasha es la que más habla del grupo.
3. Theo se limita a responder cuando se ve involucrado.
4. Nuestro amigo que invade casas ajenas sigue llevando esa pulsera.
Wyatt rueda los ojos, de nuevo, cuando Sasha termina sobre las piernas de su novio. Están completamente absortos en su mundo.
- Bienvenida a mi mundo de mal tercio –dice Wyatt, con un suspiro de resignación.
- Creo que debí haber hecho caso a mi ansiedad social y quedarme en casa –murmuro, incomoda, apartando la mirada a otra parte.
- Después de unos días te acostumbras –comenta, distraído.
Distracción que aprovecho para echarle un repaso. Está sentado justo al lado, apoyado en sus brazos, con la chaqueta a un lado. Los músculos de sus brazos se marcan con claridad. Madre mía. No se compara en nada con Mike. Debe ir al gimnasio. Y no por vanidad. Hay algo en su postura que dice control, pero también despreocupación.
Y justo cuando estoy subiendo la mirada por sus hombros, suena mi móvil.
Demonios.
¿Por qué no lo dejé en silencio?
Wyatt gira la cabeza hacia mí. Me pilla mirándolo. Rayos. Me arde la cara.
- ¿No vas a coger? –pregunta, señalando el móvil con un gesto de cabeza.
- Debe ser una amiga. Seguro puede esperar –digo, bajando la mirada.
- Son pasadas las nueve, qué sabes si es una emergencia –cuestiona, pero no con reproche. Más bien, lo hace con… curiosidad. Si tan solo supiera lo peligroso que es atender una llamada de Zoe en público.
- No quiero molestar –miento.
- No molestas –responde, sin moverse. Su mirada es mucho más intensa ahora.
Suspiro. Ruego a cualquier fuerza cósmica que Zoe no diga nada que me haga querer arrancarme la piel. Y finalmente… contesto.
Deslizo el pulgar por la pantalla, arrastrando con él el icono verde de aceptar. La pantalla se ilumina con la cara de Zoe, despeinada, con una sonrisa que ya me da miedo. Levanto el móvil con naturalidad, pero no lo alejo. Wyatt está justo al lado. Se ve. Claramente.
Zoe parpadea. Su sonrisa se congela por un segundo.
- ¡Becky! –dice, bajando el tono al notar mi mirada de advertencia–. ¿Ya estás con tu... grupo?
- Sí –respondo, sin dar más detalles.
- Ah… –murmura, mirando de reojo la pantalla–. ¿Ese es Wyatt?
No respondo. Solo cierro los ojos con fuerza un segundo.
Zoe no acaba de decir eso. ¿Verdad?
Rayos, rayos, rayos.
- Hola, Wyatt –dice Zoe, con una sonrisa que intenta ser casual.
Wyatt levanta la mano en un saludo breve, sin decir nada. Zoe se acomoda el cabello, como si saludar por nombre a un chico que ni te conoce, fuera lo más normal del mundo.
- Solo llamaba para saber si sobreviviste –añade, más tranquila–. ¿Todo bien?
Sí todo va de maravilla. Hasta que tú llamaste.
- Sí. Todo bien –me limito a responder.
- ¿Te gustó la película?
- Sinceramente… no la vi. Nadie la está viendo, en realidad.
- Clásico –se ríe–. ¿Y tú? ¿Estás bien?
- Estoy… bien.
Zoe asiente. Luego me lanza una mirada que entiendo a la perfección. Una mezcla de “te estoy observando” y “te voy a interrogar después”.
- Te dejo. No quiero seguir interrumpiendo. Pero luego me cuentas todo.
- Lo haré.
- Te quiero, Becky.
- Yo también, Zoe.
La llamada termina. La pantalla se oscurece hasta quedar negra. Bajo el móvil. Me obligo a respirar. Wyatt sigue ahí. No dice nada. Pero su ceja está levantada. Otra vez.
- ¿Zoe? –pregunta, como si confirmara.
- Sí –respondo, apresurada, culpa de los nervios que me recorren–. Mi mejor amiga –agrego.
- Parece que me conoce.
- ¿Qué?
- Solo que me ha saludado como si supiera quién soy.
- Ah… bueno… –me aclaro la garganta–. Tal vez te mencioné. Una vez.
¿De qué sirve mentir a estas alturas?
Wyatt me mira. La sombra de una sonrisa se instala en su rostro.
- ¿Puedo saber que le has dicho?
- Nada. Que ibas a estar aquí. Que eras el mejor amigo de Theo. Que eres amigo de Sasha –no sé por qué le doy tantas explicaciones o por qué me va tan rápido el corazón.
- Ajá –la sonrisa burlona es más evidente. Capullo.
- Y que invades casas.
Eso último le causa bastante gracia.
- Entonces sí le hablaste de mí –concluye.
- Obviamente le voy a contar a mi mejor amiga sobre el chico que llamó a mi puerta hace unas noches –me defiendo, rodando los ojos, obviamente.
Antes de que pueda decir algo más, Theo se despega de Sasha como si recordara que el mundo existe.
- ¿Vamos a comer o qué? –pregunta, estirándose como si acabara de despertar de una siesta.
- Sí, por favor –respondo, más rápido de lo que debería. Mi estómago lleva rato rugiendo, pero no quería ser la primera en decirlo.
Sasha se levanta con una sonrisa y se sacude la falda.
- Conozco un sitio cerca –dice–. Nada del otro mundo, pero hacen unas hamburguesas que te hacen olvidar tus traumas de infancia.
- O te dejan más –murmura Theo.
Wyatt se pone de pie a mi lado. Me mira. No dice nada. Pero su sonrisa sigue ahí.
Y yo… solo me levanto. Como si no hubiera pasado nada. Aunque mi corazón sigue aporreando mis costillas. Agradezco que todo está oscuro y Sasha no puede ver mi sonrojo.
Sigo a los chicos hasta donde Theo dejó su auto y Wyatt su moto. En cuanto Sasha me indica la dirección me apresuro a buscar la camioneta. Perderme por segunda vez esta noche no es parte de mis planes.
La noche está bastante tranquila. Oigo el murmullo de right person, wrong time de Henry Moodie sonando en la radio. No es hasta que llevamos un trayecto recorrido que recuerdo que nunca como fuera de casa, que cuando lo hago solo pido una ensalada y ruego todo el rato que no me haga daño. Debo pensar rápido qué les voy a decir. Al cabo de unos minutos veo que cruzan en una calle y aparcan. Los imito. Noto que Wyatt se rezaga un poco y cuando yo ya estoy caminando para alcanzarlos el comienza a andar también.
El restaurante tiene ese aire de lugar que no pretende impresionar, pero lo logra. Mesas de madera, luces cálidas, una pizarra con el menú escrito a mano. Huele a pan tostado y carne a la parrilla. Sasha saluda a la camarera, la chica le devuelve el saludo con una sonrisa. Seguro que frecuentan por aquí. Theo, que ya se ha sentado, está hablando de comida, parece que ese tema hace que deje el complejo hermético. Me siento en la silla junto a la ventana, Wyatt se sienta frente a mí, como si el universo lo hubiera decidido.
Sasha se acerca al mostrador para hacer el pedido. Me levanto discretamente y la sigo, como si fuera a mirar el menú más de cerca.
- ¿Todo bien? –pregunta ella, sin dejar de mirar la pizarra.
- Sí. Solo… ¿puedes pedirme una ensalada? Sin aderezo.
Sasha me mira de reojo y frunce ligeramente el ceño.
- ¿No te gustan las hamburguesas?
- Es… complicado. No puedo comer ciertas cosas –demonios, decirlo en voz alta es más difícil de lo que esperaba.
- Vale. No te preocupes –se encoje de hombros–. Yo me encargo –dice, como si fuera lo más normal del mundo.
Vuelve a mirar al camarero.
- Serían tres hamburguesas de la casa y una ensalada sin aderezo.
- Gracias –susurro, ella sonríe.
El chico asiente y nosotras volvemos a la mesa.
Cabe destacar que he sentido dos agujas clavadas en mi nuca mientras estaba en el mostrador.
¿Podemos llamar ya a Zoe?
No quiero que Troya arda.
Aburridaaa.
Volvemos a sentarnos. Theo por fin parece recaer en mi presencia por primera vez en la noche. Sus ojos azules se posan en mí y me mira con curiosidad.
Vale. Es completamente normal que alguien te mire a los ojos cuando vas a conversar. Todo va bien, solo respira.
- ¿Y tú qué estudias? –pregunta.
- Bellas Artes –respondo, más de rápido de lo que me habría gustado–. Específicamente fotografía –añado, un poco más relajada–.
- ¿Fotografía? –dice Wyatt–. ¿Qué te gusta capturar?
- No lo sé tal vez los momentos más infravalorados. Por ejemplo… cuando el sol se cuela por una persiana en una oficina… cuando alguien juega de forma distraída con un anillo por los nervios… o cuando alguien está distraído.
Sí que te gustan los perfiles distraídos.
Wyatt asiente, como si entendiera.
- Entonces tú capturas lo que los demás no ven –comenta, cruzando los brazos sobre su pecho.
- Eso intento –digo, sin apartarle la mirada.
- Yo estudio Ingeniería en Sistemas –comenta Theo, logrando que quite los ojos de míster invasor–. Enfocado en desarrollo de videojuegos.
- ¿Videojuegos? –pregunto, interesada.
- Sí. Me gusta crear mundos. Diseñar reglas. Ver cómo la gente interactúa con lo que imagino.
- Eso suena... intenso.
- Lo es. Pero también es divertido. Aunque a veces siento que paso más tiempo arreglando errores que creando.
- Bienvenido al arte –digo, y Sasha se ríe.
- ¿Y tú, Wyatt? –pregunto.
- Estudio Innovación, Tecnología y Diseño. Es una carrera que mezcla ingeniería, creatividad y soluciones reales. Básicamente, me entrenan para resolver problemas que aún no existen –responde, tiene un brillo especial en la mirada cuando lo hace.
- Eso suena como mucho peso –comento.
- Lo es. Pero también es libertad…
Parece que va a seguir hablando pero justo llega un camarero con nuestro pedido.
- ¿Quién pidió la ensalada? –pregunta Theo, con una mueca de horror.
- Yo –respondo, tomando el plato. Milagrosamente la ensalada se ve decente.
- Estás a dieta –concluye, Sasha le da un codazo mal disimulado.
- No exactamente.
Wyatt me mira. Con curiosidad.
- ¿Es por salud?
Asiento. No me queda otra que explicarlo.
- Tengo hiperinsulinemia –digo, con un suspiro–. Mi cuerpo produce más insulina de lo normal. Si como ciertas cosas, me baja el azúcar y… bueno, no es divertido.
- ¿Desde cuándo? –pregunta Theo, ahora con tono genuino.
- Desde los quince. Me desmayé en una clase de arte –hago una mueca–. Desde entonces tengo que cuidar lo que como. Nada de azúcar, harinas procesadas, ni postres. Básicamente, nada que esté en esta carta.
Los tres asienten. Por primera vez en mucho tiempo no siento miradas de lastima o pena.
- ¿Y qué sí puedes comer? –pregunta Wyatt, que apenas ha tocado su hamburguesa.
- Verduras, proteínas, frutas con bajo índice glucémico... cosas así. A veces me doy un gusto, pero tengo que tener cuidado –explico, él asiente.
Luego de eso agradezco que no hay más preguntas. De verdad moría de hambre. No acostumbro comer tan tarde.
Admito que no esperaba pasarla tan bien hoy. Sigo pensando en eso cuando ya estoy metida en la cama. No estaría mal hacer un par de amigos y tener a quienes visitar una vez que me haya ido.
Irme.
No es momento de pensar en eso.
Decido encender la lámpara de la mesilla y tomo el libro que está justo al lado. Si no duermo, al menos voy a leer.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.