In The Stars – Benson Boone
Becky
-Miércoles 25 de agosto 2027-
2:35pm.
- ¿Cómo estuvo el trabajo hoy, pa? –pregunto, mientras me acomodo en la silla de mi habitación.
- Bien… ya sabes –suspira– calor, tráfico, un supervisor joven e idiota que cree que los planos se dibujan solos –se queja.
- Pobre de él –digo, sin poder evitar reírme.
Papá trabaja como ingeniero civil senior para el departamento de transporte de Florida. No, no sé qué demonios significa eso. Solo sé que siempre llegaba estresado a casa. Estrés que se le pasaba al vernos a Tommy y a mí.
Mi padre podrá parecer un hombre muy serio, que lo es, cascarrabias, en ocasiones, terco, hay cosas innegables… pero en el fondo es un amor. Todos los jueves después de llegar a casa, nos llevaba a Tommy y a mí a comer helado. Instaló una de esos aros de basketball para jugar por las noches con mi hermano. Con nosotros tiene una paciencia impresionante.
Lo amo… simplemente lo amo.
- ¿Qué hay de ti, Becky? ¿Cómo te fue hoy? –pregunta, sacándome de mis pensamientos.
- Estuvo… bien –respondo–. Hoy llegué a casa antes de la una. Pude hacerme un almuerzo decente. Nada como los de mamá, claro –con eso logro sacarle una sonrisa–. Por cierto ¿Dónde está mamá?
Puedo notar como se tensa ligeramente. Sus ojos azules se oscurecen un poco. Se pasa una mano por el bigote, alisándolo un poco.
Tiene que estar jugando… no ha pasado ni una semana desde que llegué aquí y ya me va a sermonear.
- Tu hermano quería ir al parque, yo estaba muy cansado para ir –responde.
Oh, claro. Y yo nací ayer. Conozco a mi hermano mejor que a mí misma.
Tommy nunca sale de casa. Menos para ir a un parque por voluntad propia. Cada vez que yo iba con las chicas y lo invitaba me decía que los parques son para niños. Él prefiere encerrarse en su habitación y hacer garabatos en su libreta.
Y antes de siquiera pensar bien en mis palabras, estas ya han salido de mi boca:
- Papá, Tommy odia ir al parque desde los once –le recuerdo.
- Las cosas cambiaron un poco después de que te fuiste –dice él, jugando con el anillo de bodas.
- Papá, han pasado cinco días –no puedo evitar rodar los ojos y sacudir la cabeza negando–. Y hablo todos los días con Tommy –le informo–. Si hubiese querido salir me lo habría dicho primero –podré mandarlo al infierno cada dos por tres, pero la amistad que tenemos es demasiado fuerte. Literalmente hablamos de todo. Lo que nos ha llevado a tener conversaciones incomodas. Cosa que no viene al caso. Papá sabe que lo he pillado.
Suspiro. Hoy quería descansar, no tener una conversación incomoda con papá. Apoyo el móvil en una pila de libros para tener las manos más libres. Él entrelaza sus dedos sobre la mesa de la cocina y carraspea. Yo cruzo los brazos sobre mi pecho y me recuesto en la silla de mi escritorio.
- Becky yo…
- Rebecca –le corto, frunciendo el ceño–. Así me has llamado el lunes mientras hablaba con ustedes.
- Cuida tu tono, jovencita –me acusa.
- No te desvíes del tema –le devuelvo–. ¿Qué es tan importante como para que mamá y Tommy tuvieran que dejarte solo en casa?
- ¿Se puede saber por qué estás tan a la defensiva?
- Porque no soy una cría y tampoco soy ingenua –respondo–. Te preocupas demasiado por mí. Estoy bastante bien aquí. Mi tía y Will confían en mí para dejarme una casa entera… creo que eso dice mucho de mi nivel de responsabilidad.
- Para mí siempre serás mi niña –se pasa una mano por el cabello, es evidente que está frustrado–. Es mi trabajo preocuparme por ti.
Al oír eso ato cabos. Maldición. Wyatt. Wyatt es todo lo que pasa. Sí, sé que su tono cambió cuando Wyatt se apareció en el estacionamiento el lunes. Pero no imaginaba que se afectara tanto.
- Wyatt es solo un amigo –relajo un poco mis hombros.
- Mike también lo era –me recuerda.
Una cosa es que yo misma, de forma voluntaria, me acuerde de mi ex. Otra muy, muy distinta es que alguien más me lo recuerde.
Un nudo se instala en mi pecho. De forma inconsciente he empezado a clavarme las uñas en los brazos.
- Wyatt no es como Mike –le aseguro.
- Más le vale.
- Tampoco tengo intenciones de tener algo con él. Estoy muy bien soltera.
- Eso es… –se corta cuando escucha el timbre de la casa– ¿esperabas visitas? –pregunta, arqueando una ceja.
- La verdad… no. No espero a nadie –me levanto de la silla–, veré quién es…
Tomo la tablet que está en la cama y reviso las cámaras.
Genial.
Si mi tarde iba mal ahora se ha ido en picada.
- Papá… eh… es una amiga, debo colgar.
- Claro…
- Y deja de preocuparte por Wyatt. Sé cuidarme sola.
- Sí, bueno. No puedo prometer nada.
- Te quiero, pa –eso le arranca una sonrisa. Vuelvo a tomar el teléfono.
- Y yo a ti, cariño.
Después de colgar la llamada me acerco al espejo para darme un repaso. No estoy tan mal. Creo.
Unos vaqueros cortos, una sudadera ancha negra y el cabello recogido en un moño.
Cojo una bocanada de aire y bajo de mi habitación.
No sé qué debería esperar. Nunca había visto a Sasha cabreada. El timbre suena por quinta vez.
Podemos fingir que no hay nadie en casa.
Sí claro, y mi camioneta es una ilusión al frente de la casa.
Llego a la puerta y abro justo cuando la pelinegra estaba por llamar al timbre de nuevo.
- Hola, Sasha –mi voz sale más aguda de lo que esperaba–, ¿qué tal?
Ya, pregunta equivocada. Solo me he ganado que me fulmine con la mirada.
- Vale… creo que debería de revisar el móvil con más frecuencia –concluyo. Tengo que hacerme a un lado para que pase a mi casa.
Va directo al salón y se tumba en un sofá.
No he cruzado bien el umbral cuando habla:
- Llevas tres días desaparecida –me acusa–, no contestas mis mensajes, no te encuentro en el campus…
Lleva menos de un minuto en mi casa y ya me siento como la peor amiga del mundo.
- Sash –la interrumpo antes de que siga–. Déjame hablar –pido. Me siento en el sofá de en frente–. Primero que nada, tengo el móvil en silencio, muy poco le activo las notificaciones –ahora que lo pienso mejor debo tenerlo en silencio desde el lunes por la tarde–. Solo lo he revisado para hablar con mi familia –no es que tenga muchas ganas de hablar con otras personas últimamente. Claro que no se lo digo–. Y eso porque si no lo hago son capaces de venir hasta aquí y derribar esa puerta –explico.
- ¿Qué hay del campus? –sus hombros se han relajado, aunque sigue con los brazos cruzados.
- Eso… –me paso una mano por la nuca algo incomoda– no me gustan los lugares con demasiada gente. Tan pronto acaban las clases me vengo a casa directamente.
- No te he visto en las mañanas cuando salgo a correr.
- En realidad no salgo a correr con frecuencia –digo, con una mueca–. Ese día no tenía nada más que hacer…
- Vale… creo que puedo aceptar tus razones.
- ¿Sigues moleta conmigo? –pregunto, con una sonrisa que va entre la disculpa y la súplica.
- ¿Vas a desaparecer de nuevo sin dejar rastro? –pregunta, con un puchero, la muy dramática.
“No puedo prometer cosas que no cumpliré”
No digo eso, en cambio digo:
- Trataré de dejaros algún rastro –suspiro y cierro los ojos por un segundo. Segundo que le basta para recorrer el salón y apretujarme entre sus brazos. Doy gracias al cielo estar en un sofá, de seguro hubiéramos terminado en el suelo–. ¿Gracias?
Me deja libre cuando su móvil suena.
- Hola, cariño! –por el brillo en su mirada deduzco que es Theo– ¿Qué?! –chilla de pronto– Vale, yo… voy a casa a por mis cosas y estaré lista –dice, apresurada.
Después de colgar se guarda el móvil en la parte trasera de los vaqueros. Suspira y se gira a mirarme.
- Debes irte –concluyo antes de que ella lo diga.
- Sí, Theo vendrá a buscarme –explica–. Solo tengo cinco minutos para buscar mi cartera, marcarle a mis padres y llegar a mi trabajo.
- Muchas cosas, muy poco tiempo –sacudo la cabeza divertida.
- Por eso debo irme, ahora. –La sigo a la salida y se detiene con la mano en el picaporte, se gira con una sonrisa– Escríbeme más tarde. Quiero que vayamos a almorzar juntas mañana.
- Claro, te escribo en un rato –le aseguro–.
Después de cerrar la puerta subo a mi habitación. Voy a mi escritorio y enciendo el portátil.
Hoy cuando regresaba del campus pasé al frente de un centro de copiado y papelería. Vi que están buscando personal. Pensé que sería buena idea enviar mi solicitud. Después de todo en la página de internet dicen que necesitan una ayudante de recepcionista desde las 3:00pm hasta las 6:30pm, de lunes a viernes.
El horario es perfecto. El sueldo no está nada mal. Me dejaría los fines de semana libres para escribir o salir a dar una vuelta.
Cierro la página del centro de copiado y abro otra ventana de un sitio que frecuento tanto que ya me aparece en favoritos.
Cargo mi perfil, entro a la sección de comentarios y reviso los últimos.
@antho_cor3: ¿Cómo que “Todo se volvió blanco”? Me urge el capítulo 8
@its_steph: Los haces romper al final del primer libro y ahora la matas?!
@mia_b3114: Más te vale que esté viva
@love_for_masestratton14: Esto pasa cuando fías tu estabilidad emocional en una escritora
@tommy_cw0408: Filtraré tu identidad como la desvivas, hermanita
@thisis_ladamafantasma97: Will ha dicho que tiene el drama suficiente. Yo sigo creyendo que no hace falta
@zo_serrano2002: Serás?!? Estás cosas se consultan con tu mejor amiga antes de escribirlas
Hace unos años comencé a escribir mis propias novelas, bajo un seudónimo, por supuesto. Supongo que es algo que va en la sangre. Mis lectores más leales: Zoe, Tommy y mi tía Lauren. Papá y mamá están al tanto, pero tienen terminantemente prohibido leer mis obras.
No escribo para tener seguidores, aunque admito que me hincha un poco el pecho ver que la comunidad ha crecido. Cada que escribo es como si pudiera poner orden a mi caos por un rato.
Sin embargo llevo un par de semanas sin actualizar. He estado bloqueada con la mudanza y todo eso. Tal vez debería escribir algunos capítulos.