Cuatro Años

Capítulo 8 - Colton Maddox

Let Em Go – Matt Hansen

Becky

-Jueves 26 de agosto 2027-

2:57pm.

Hace un calor del infierno. Tengo el aire acondicionado encendido y aun así siento calor. Lo peor de todo es la humedad que hay en el ambiente. Seguro que esta tarde habrá alguna tormenta eléctrica, igual que todos estos días. Ya veremos cómo me van los nervios por la noche.

Aparco cerca del centro de copiado y ahora mi nuevo lugar de trabajo. Repaso mi rostro una última vez en el espejo retrovisor y bajo de la camioneta.

Empujo la puerta y unas campanitas anuncian mi llegada. Doy una mirada al lugar, está todo ordenado. Los estantes con libros y algunos otros artículos de papelería se encuentran limpios. Veo el reloj en la pared, parece uno de esos antiguos que conservas en casa y tienen miles de historias y severos problemas con las baterías.

Solo para estar segura, checo la hora en mi móvil. Son justo las 3:00pm. Me recuesto con la cadera del mostrador cuando oigo un “Voy” proveniente del interior de la tienda. Aprovecho que tengo el celular en la mano para ver algunos perfiles en Instagram. Nada más entrar me doy de lleno con una foto que deseo borrar de mi retina.

Es el perfil de una chica del instituto, que además es la prima del gilipollas de mi ex. Subió una foto de su fiesta de cumpleaños. Cosa que me importa en lo más mínimo, lo que me hace tener esa sensación de vacío en el estómago es el chico que tiene justo al lado.

Esa mirada tan confiada, su sonrisa perfecta, el cabello castaño despeinado bajo una gorra –que me arrepiento de haberle comprado–, las manos en los bolsillos…

¿Qué la psicóloga no te había dicho que bloquearas a esas personas?

Eso era cierto. Y lo hice. Pero puede que no lo hiciera con todos los chicos del instituto. Tal vez tengo a algunos porque sigo aferrada a la idea de que algún día verán la clase de persona que es Mike y quiero estar en primera fila para reprochárselos.

Muy maduro de tu parte.

Mi vida, mis decisiones. Inmaduras, pero mías.

- ¿Becky?

Levanto la cabeza de golpe al oír la voz de Sasha. Arqueo una ceja en su dirección mientras me guardo el móvil en el bolsillo trasero.

- ¿Trabajas aquí?

Nooo. Solo es que le gusta ponerse tras el mostrador y llevar un carnet con su nombre y el logo de la tienda.

- Y creo que desde ahora tú también –responde, rodeando el mostrador para abrazarme–. La señora Marilyn me dijo que había contratado a una chica nueva, pero no tenía idea de que fueras tú. No me habías dicho nada de esto.

- Si te soy sincera, ni mis padres saben. Solo les dije a mi hermano y a Zoe –le digo, con una mueca.

- Vale… yo… creo que es extraño saber que me he enterado antes que tus padres –comenta ella.

- Ya te acostumbrarás –respondo, sacudiendo la cabeza divertida.

Durante la primera hora del turno Sash me explica de qué va mi trabajo. Básicamente es atención al cliente. Me dice que al final del día debemos limpiar el lugar y entregarle las llaves a la señora Marilyn.

Entre otras cosas me dice que nosotras le recibimos el turno a Javier, el hijo de la señora Marilyn.

La tarde se pasa algo rápida. Vinieron muchos chicos de la universidad para hacer impresiones o copias de sus trabajos. Sash y yo apenas si tuvimos tiempo de parar.

Al terminar el turno recogemos todo y entregamos las llaves. Le dije a Sasha que yo podía llevarla a casa. Ambas subimos a mi camioneta y enciendo el motor. Aunque a lo lejos, en el horizonte, aun se pueden ver los rayos del sol mientras comienza a esconderse, aquí en Coral Gables la luz natural se ha atenuado y las farolas de la calle se han encendido.

- Creo que tendremos otra noche con tormentas –murmuro, encendiendo las luces.

- Eso parece.

Comienzo a conducir a casa. Permanecemos en silencio un rato hasta que decido hablar:

- ¿Qué tal están tus padres? El otro día me dijiste que ellos viajan frecuentemente.

La pelinegra sonríe de medio lado y se acomoda en el asiento quedando casi sentada de lado.

- Oh, ellos están bien. Temprano hablé con ellos, me dijeron que habían llegado a Vermont –dice, buscando algo en su móvil–. Dicen que es precioso. Les gustó que la casa donde van a vivir tenga cerca un río, además dicen que a unos minutos hay un lago con una vista preciosa –agrega, mostrándome la vista de la que habla en su móvil. Es cierto, la vista es preciosa.

- Es el lago Blueberry ¿cierto?

Claro que lo es.

Estuve investigando ese lugar para la trama de mi actual libro.

- Eh… sí… –responde, con el ceño ligeramente fruncido por la confusión– ¿has estado allí? –cuestiona.

- No, nunca he ido. Pero podría reconocer esa mini isla con tres pinos en cualquier lugar.

- ¿Ahora estudias topografía?

- Yo le diría proyecto personal.

Yo le diría proyecto de una boda.

Ella solo asiente.

- Hablando de cosas personales. El domingo Theo y yo iremos al cine a celebrar nuestro primer aniversario. Tarde pero seguro –dice, con una sonrisa de oreja a oreja.

Intento por todos los medios que no se me note lo tensa que me he puesto. Trago saliva y relamo mis labios tratando de aligerar ese nudo incómodo en la garganta cuando digo:

- Wow, eso es genial. Estoy segura de que será un día muy especial para ustedes.

“Traten de saltarse la parte donde discuten y se estrellan contra una barricada”

Me ahorro decirle eso último.

- Sí, llevamos algunas semanas planeándolo. Yo… eh… seguro que es algo tonto…

- No digas eso. Si es importante para ti no es algo tonto. Venga cuéntame.

- –Ella suspira y vuelve a mirarme– Quería saber si te apetecía venir con nosotros. Wyatt también vendrá, así que tendrás alguien con quien hablar.




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