Cuéntame Mientras Comes

Capítulo 1

Ana con el rostro desencajado y el maquillaje corrido por el llanto miraba a Fernando suplicando —Por favor… Te lo pido por favor… Perdóname… ¡Perdóname!

Fernando visiblemente herido le dirigió una mirada llena de ira y decepcion, su voz se elevó hasta llegar a los gritos —¡Que te perdone Dios! ¡Que te perdone Dios! ¡Yo no te creo nunca mas!

Ana siguió suplicando mientras intentaba conectar sus miradas —Te lo pido por favor, perdóname…-

Intentando contenerse Fernando cerró los ojos —Esto ya fue demasiado — su voz se quebraba en cada palabra.

Ana siguió llorando —Fernando, permíteme… Fernando, permíteme explicarte las cosas… Por favor, Fernando, por favor…

—¿Qué se supone que estás viendo ahora? — preguntó la pelirroja a mis espaldas mientras salía de su habitación.

—Shhhhh — intenté callarla sin despegar la mirada del televisor, un Síragon de 42 pulgadas — Fernando acaba de descubrir del secreto de Ana.

—¿Otra vez viendo mi corazón es tuyo? — Preguntó ella levantando una ceja divertida.

Recosté mi cuerpo en el espaldar del sillón, dejando mi cabeza colgar del otro lado —se fue el Internet.

Teníamos aproximadamente 40 minutos sin Internet. Justo el tiempo que ella había tardado en salir de su habitación.

Rápidamente revisó su teléfono para comprobar la información —¿Ya lo reportaste?

—Sip — la miré de arriba a bajo soltando un silbido, llevaba puesto un vestido de terciopelo que le quedaba como un guante, siguiéndome el juego posó varias veces—¿Y esa hermosura a dónde va? —Pregunté curiosa.

—Hoy tengo un evento en el guayoyo bar. ¿Cómo me veo? —preguntó mientras intentaba colocarse un arete de pequeños y brillantes cristales negros.

—Divina, Hermosa, preciosa, regia. — Angeles soltó una carcajada ante mi descripción. —Esta vez se esmeraron con el vestuario ¿De quien fue la magnífica elección?

Sus atuendos generalmente eran preciosos pero el de hoy estaba a otro nivel.

—El evento de hoy es una gala, mi jefa quería estar a la altura —se miró en el espejo de la sala mientras se ajustaba el vestido —Tengo un pase para invitados ¿segura que no quieres venir?

Negué con la cabeza, sonaba divertido pero pasaba, hoy tenia otro compromiso —Pretendo quedarme en la casa hasta que se haga la hora de buscar a mis sobrinos.

Me apuntó con el arete restante —Te salvaste está vez por los pequeños, la próxima vienes si o si.

—Mientras haya comida cuenta conmigo.

Mi amiga era cantante y compositora, una bastante famosa. Era común que asistiera a este tipo de eventos.

En ese momento mi teléfono sonó con insistencia, haciéndome la desentendida, subí un poco volumen al televisor —llegó el Internet —informé tratando de volver a concentrarme en el drama tras la pantalla.

El teléfono siguió sonando.

—¿Es la señora Victoria? —como dicen por allí, crea fama y acuéstate a dormir, al ver la insistencia en las llamadas, mi amiga sabía quién era.

—Sip —corté la llamada, quité el volumen del aparato y con pesadez me dirigí a la cocina —Desde ayer me esta llamando.

Mi amiga siguió mis pasos.

El teléfono bailaba sobre el mueble gracias a las vibraciones.

—Será bruja.

—No veo fallas en tu lógica.

—No le respondas.

—No pienso hacerlo.

—¿Qué dijo el señor Javier respecto a esto? – preguntó ella con intriga.

Me mordí el labio mientras agregaba agua y café en la pequeña greca, mi voz fue un susurro —Todavía no se lo he dicho.

Angeles abrió los ojos asombrada y me preparé para el regaño —¿No le dijiste al señor Javier?

—No pienso decirle a mi padre.

Mi amiga me miró con reproche —te despidieron por su culpa.

—Esta semana tuve algunas entrevistas de trabajo. Estoy esperando sus llamadas —Aclaré como si ese hecho remediara el daño causado.

Mi amiga pensó igual que yo.

—Ella está loca.

—Es mi madre.

—Pues tu madre debe ser internada en un psiquiátrico —me reí ante aquello, pues era verdad.

—En eso estamos de acuerdo.

Monté la pequeña cafetera en el fuego y mientras esperaba busqué dos tazas de porcelana.

Las tazas al igual que la cocina tenían un diseño pintoresco y alegre.

—¿Te acuerdas de Leonardo? —Pregunté recargándome en la isla de mármol.

—¿El de los ojitos lindos del gym? — indagó llevándose una mano al mentón.

—Ese mismo —Confirmé —hace poco abrió un restaurante acá en la isla, una de las entrevistas a las que fui, fue allí.

—¡Oye que bueno! Si como entrena cocina, debe ser una maravilla eso.

Me reí, a mi amiga le gustaban los hombres musculosos y el pelinegro estaba como le daba la gana.

—Tengo entendido que es el administrador. —solté la información que tenía.

Se encogió de hombros como si no le importase ese pequeño dato. —Se valía soñar, ¿lo viste durante la entrevista?

El olor a café recién colado empezó a inundar la cocina.

—No. Mi entrevista fue con una carismática señora llamada Micaela. Es una cocineras, por algún extraño motivo ella estuvo entrevistando a los candidatos. El lugar es precioso.

Vertí el café en las tazas y agregué azúcar.

—¿si? Entonces el pelinegro tiene buen gusto, ¿Dónde queda el local?

Me detuve un momento a pensar como explicárselo. —Es en Pampatar. ¿Conoces el faro punta de ballena? Esta en la vía. Tiene una vista al mar espectacular.

—¿En Pampatar quien no tiene una vista hermosa? ¿El local tendrá acceso a la playa?

Le sonreí —Ni idea. Si me contratan te digo.

Coloqué un poquito de leche a calentar, un minuto después agregué la leche en la taza más alta.

Angeles se perdió un momento en sus pensamientos.

Un segundo después abrió los ojos con asombro —¿Tu entrevista fue en el Arrullo?

—Si.

Le ofrecí la taza de café con leche a Angeles, ella encantada la tomó.

Inhalé el aroma del café para luego darle un sorbo a mi taza de diseños florales.



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En el texto hay: romace y comedia, amor en la cocina

Editado: 16.03.2026

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