Cuéntame Mientras Comes

Capítulo 4

El placer de vivir no reside en los lujos, sino en la sencillez de un encuentro fortuito, el olor a mar y la promesa de un sabor que aún no conocemos pero que ya presentimos en el alma.

◇◇◇

Ir a la playa siempre ha sido la mejor manera de salir de la rutina y despejar la mente. Bueno tal vez no tanto si llevabas dos niños pequeños y uno grande contigo.

—¡Papi! ¡Mira! ¡Mira! —gritó Gael señalando al crustáceo decápodo que caminaba por las rocas.—¡Es un cangrejo naranja!

El animal se alejó huyendo de su alcance.

Dilan corrió en dirección al agua siguiendo a su padre. —¡Vente Gael! ¡Vamos al agua!

El pequeño corrió detrás de ellos entre risas.

Max los cargó a ambos y entre giros y sonrisas se adentró en las cristalinas aguas.

A mi lado Angeles chasqueó la lengua mientras me ayudaba con las cosas para ubicarnos en la arena.

Los señaló —Te dije que les iba a encantar a los tres.

Solté el bolso y me tiré en la arena, la suave brisa con olor a sal fue una caricia reconfortante.

La playa de la Caranta era un lugar tranquilo, casi sin oleaje, a diferencia de las grandes playas comerciales como Parguito o Playa el agua. La Caranta era una zona de comunidad pesquera.

Casas de vivos colores custodiaban las aguas, uno que otro bote se encontraban varados a pocos metros de orilla.

A poca distancia de nosotros la ruinas el Fortín de la Caranta.

Angeles sacó de uno de los bolsos un tubo de protección solar, unos lentes de sol y dos paquete de doritos picantes.

Dejando un momento los doritos a un lado extendió la fórmula blanquecina por su piel, este día tenía puesto un traje de baño tejido.

Me ofreció un paquete —Bueno ya estamos aquí.

Las personas al rededor seguían su rutina, sin reparar mucho en nosotros.

Saqué de la pequeña cavita un poco de hielo y serví dos vasos de refresco.—Sip.

-Necesito que me expliques con más detalle la situación. —Me ofreció el tubo de protector solar.

La arena se deslizó a través de los dedos de mis pies descalzos, apliqué el protector solar en mi piel. —Te he dado todos los detalles que me dieron. Me llamaron del Arrullo, quieren hacer una segunda entrevista, pero está vez con los dueños.

Los pescadores iban y venían con nasas, algunos botes venían llegando de un agotador día de faena.

Seguí explicando. —Al parecer vienen a elegir en persona los productos de mar.

—¿Es normal que los elijan en persona?

Me encogí de hombros —Lo normal en un restaurante es que el chef elija los mariscos y los alimentos frescos. Así puede asegurar su calidad.—le di un trago al refresco. —Un proveedor debería de llevar la mercancía directamente al restaurante.

—¿La cita es con Leonardo y otra persona?

Asentí y mire la hora, eran la 2:05 pm. —Con los dueños, a parecer Leonardo tiene un socio, deben de estar por llegar, dijeron que estarían aquí como a eso de las 2:30. —miré el camino pavimentado un tanto lejos de nosotras.—Deben de llegar en una cava para transportar el pescado.

—¿Y que pintas tú en todo eso?

—Gran pregunta. —Volví a beber del vaso, el hecho de conocerlos en este lugar y circunstancias era totalmente insólito. —¿no dijiste era el restaurante más excéntrico de la isla?

Angeles comió uno de los triangulitos picantes. —Dije que era polémico. Pero viéndolo bien, los excéntricos son los dueños.

Jamás había conocido a alguien que fuese a conocer a sus jefes en la playa.

A mi lado aparecieron tres sombras goteando agua salada, sonreí mientras abría un jugo de manzana y se los ofrecía.

Los pequeños tomaron los vasos de jugo encantados.

Mi hermano me revolvió el cabello mojándolo un poco, le retire la mano lanzándole una mirada de reproche. —¿Las princesas pretenden quedarse todo el día en la arena?

Conocíamos a Angeles desde que estábamos en la escuela, a estas alturas era más nuestra hermana que nuestra amiga.

Angeles le resto importancia con la mano. —Los plebeyos como tú solo envidian nuestra sublime presencia. Sirviente has el favor de no decir bobadas y pon el toldo. Tus majestades ya no aguantan el sol.

Max la miró haciéndose el ofendido. —Eso es abuso de poder majestad.

—Si. Si. Si. Lo que digas -le dio un trago a su bebida, mientas me picaba un ojo divertida —Cada día los sirvientes se vuelven más incompetentes.

Ayudé a Max a sacar la lona de uno de los bolsos y ubicar los soportes del pequeño toldo.

Gael me miró con duda. —Tía. ¿Qué es imperpetente?

Dilan se lamió los labios llenos de jugo he intentó agarrar uno de los hielitos del vaso con los dedos. —Es alguien que no sabe poner un toldo.

Gael volteó a ver a su padre curioso. —¿Papi sabe poner el toldo?

Mis labios temblaron.

Ambos vieron a su papá pelear con la lona de dos metros...

El más pequeño miró a su padre con decepción. —Papi es un imperpetente.

Solté una carcajada ante la cara de consternación de mi hermano.

Vi una cava entrar en la zona playera.

—Creo que llegaron —informé a mis acompañantes, ambos voltearon.

La cava se estacionó en el muelle de pescadores.

Angeles me ofreció dos pulgares arriba —Muchísimos éxitos. Llévatelos al bolsillo.

Max recogió mi sombrero de palma de piso, sacudió la arena y lo colocó en mi cabeza —Suerte.

Le sonreí y caminé en dirección al muelle.

Uno siempre se imaginaba yendo a las entrevistas de trabajo de punta en blanco, camisa de vestir bien planchada, pantalones formales, zapatos cerrados...

Y aquí iba yo, con un vestido playero blanco, un sombrero de palma y la expectativa de lo que vendría.

Respiré profundamente, el olor a mar me trajo una sensación agradable, un leve olor a mandarinas relajo totalmente mis nervios.

Tuve un buen presentimiento.

Me acerqué al hombre que se encontraba recostado en la cava.



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En el texto hay: romace y comedia, amor en la cocina

Editado: 16.03.2026

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