Cuéntame Mientras Comes

Capítulo 6

Nada se pierde si alguien se detiene a mirarlo con asombro. Preservar es el acto rebelde de negarle al olvido su victoria, rescatando del tiempo la belleza que, de otro modo, solo sería polvo y silencio.

◇◇◇◇

Ajusté mi ropa mientras me acercaba a la antigua puerta de madera.

No estaba nerviosa, después de la entrevista de ayer me sentía bastante preparada para lo impredecible.

El lugar era lindo, la fachada lucia una curiosa combinación entre lo colonial y lo pintoresco, con toques silvestres que hacían imposible pasar de largo este sitio.

Una enredadera de trinitarias cubría las paredes aportándole color con sus flores rojizas.

Frené en seco al llegar a la entrada.

Tal como se me había indicado, en la puerta se encontraba un hombre uniformado, sus hombros cuadrados y porte firme intimidaba un poco.

—Buen día —Saludé llamando su atención.

El gigante me regaló una sonrisa ladeada que suavizó sus facciones —Buen día. —sobre su camisa el nombre Saúl junto con el logo del local llamaba la atención. —¿Eres Valentina Verdad?

Parecía un oso de peluche, uno bastante grande.

Ofreciéndole una sonrisa asentí. —Así es.

Su alegría se agrandó ante la confirmación, Extendió su mano. —Es un placer, soy Saúl. Saúl Martínez. Soy el encargado de la seguridad del local.

Estreché su mano. —Valentina Silva.

Abrió las puertas invitándome a entrar —Bienvenida.

Le ofrecí una mirada cálida — Gracias.

Me adentré en el restaurante.

Quedé maravillada mirando a mi alrededor. La enredadera de trinitarias se extendía hasta dentro del local, casi todo el techo de madera visible estaba cubierto con sus flores, pequeñas luces intercaladas le daban un toque mágico a esa cúpula.

La primera vez que vine no había entrado en el arrullo, la entrevista había tenido lugar en las mesas exteriores, y aparte de la señora Micaela lo había nadie más del personal.

Me adentré más en el local.

Cada mueble y silla era una artesanía tallada en madera. Mientas más veía, más impresionante se volvía todo, cada cuadro, mantel y pintura era digno de estar en un museo.

El local era más grande de lo que esperaba, cada mesa tenía bastante separación una de otra, y aparte del área de bar hermosamente decorado, había un escenario con algunos instrumentos.

—Bueno. ¿Qué opinas? —Tan absorta estaba en el entorno que la voz de Leonardo me hizo pegar un pequeño brinco.

Rió suavemente —Veo que te ha gustado.

Miré alrededor asintiendo. —Es precioso. —en aquel momento el local estaba vacío, había llegado antes de la hora de apertura por indicaciones de Leonardo.

Extendió la mano invitándome a hacer un recorrido. —Actualmente en el arrullo trabajamos 13 personas, en un momento voy a presentártelas. Deben estar en alguna parte del restaurante.

Al llegar al centro del salón mis ojos se abrieron, el lugar tenía dos pisos, la parte superior tenía una vista panorámica del entorno.

Sonriendo ante mi cara de asombro Leonardo señaló la intrincada escalera giratoria de hierro forjado.

—Adquirimos este local aproximadamente hace un año, era una residencia señorial, parte del legado dejado por el abuelo de mi socio. Este es el resultado de mucho tiempo de restauración —Mientras subíamos paso la mano por el barandal como si la acariciara. —Estuvimos meses esperando los permisos, para restaurar este lugar.

Mirando aquel lugar entendía porque. En la isla eran muy estrictos en la preservación del patrimonio, y este lugar parecía tener más de 100 años de historia. —Es impresionante que se los hayan otorgado.

El asintió. —Los permisos fueron otorgados bajo estrictas condiciones; solo restaurar, con materiales específicos, sin alterar la estructura original y con constante supervisión.

Al llegar al segundo piso quedé todavía más impresionada, era una exhibición de artesanías locales, las primeras dos habitaciones eran un recorrido por la historia, desde vajillas e instrumentos musicales, hasta joyas de perlas, mapas y cuadros, todo se encontraba preservado en vitrinas de cristal.

—Todas estas cosas eran parte de la vivienda. —Confesó Leonardo.

Levanté una ceja dudosa —¿Tu socio de casualidad es descendiente de Luisa Cáceres de Arismendi ¹ ? ¿O algún otro prócer?

Rió divertido. —Él afirma que no.

Observé la intrincada lámpara que colgaba del techo. —¿hijo de algún ministro?

—Nada parecido.

Me invitó a la otra habitación, esta era diferente a las anteriores, era más amplia, no mostraba nada colonial ni histórico, en esta se exhibían artesanías locales y con significado cultural.

Sin atreverme a tocar nada me acerqué a un pequeño barco en una botella, deparé en la etiqueta de los precios.

Leonardo explicó —Está es la tienda de recuerdos, todo aquí fue fabricado por artesanos de la isla y el 30% de las ganancias de la venta de estas, están destinadas a la preservación de la cultura local. Restauración de fachadas, limpieza de las calles y esas cosas.

—Los de la alcaldía los deben amar. —Comenté casual.

Me picó un ojo. —Es parte de nuestro encanto.

Nos asomamos a la baranda de metal, desde arriba la vista era maravillosa, las flores, los faroles, el ambiente, todo inspiraba sensaciones indescriptibles.

—Bien. ¿Qué opinas? —Sus ojos brillaron como un niño que muestra su juguete favorito.

Sonreí —Es sumamente impresionante. ¿Cuándo empiezo?

Leonardo rió encantado con mi entusiasmo. —Primero déjame presentarte al resto del personal, hoy no estas aquí para trabajar, estás como invitada.

Asentí, aunque en mi mente ya se estaba armando como sería la disposición del contenido y que cosas iba a mostrar.

Bajé la escalera siguiendo sus pasos. —Los demás ya deben estar por empezar el mise en place².

Nos llevó hasta unas puertas corredizas semi ocultas al final del local, estas se abrieron de forma automática.



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En el texto hay: romace y comedia, amor en la cocina

Editado: 20.03.2026

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