Cuentos

Prisionera del espejo - Un amor mágico

Llevo siglos encerrada en este espejo, solo existiendo en esta casa de antigüedades.

Pensaba que me quedaría así por toda la eternidad, hasta que él llegó, fue como un rayo de luz iluminando mi oscura vida. Cabello café claro hasta las orejas, pero abundante, ojos con una mezcla de café claro con verde amarillento que sentía como me hechizaban y una piel tan blanca que anhelaba tocar para comprobar lo suave que parecía ser.

—¡Me lo llevo! —exclamó el joven, refiriéndose al espejo donde me encontraba.

Era un espejo de cuerpo completo de estilo barroco y madera maciza, hecho a mano con incrustaciones de piedras preciosas.

—Es una buena elección, señor, es una pieza exquisita —dijo la dueña con alegría —Ahora mismo se lo envuelvo.

—Muchas gracias —sonrió ese joven.

No entendía qué me pasaba, pero cuando vi su sonrisa una corriente eléctrica pasó por todo mi cuerpo, en mi pecho pasaba una explosión que no podía controlar, solo podía describirlo como nuevo y mágico. Me concentré tanto en mí que no note que estaba siendo empacada. La emoción y los nervios comenzaron a invadirme, pero al recordar que no podía comunicarme con el exterior estas emociones desaparecieron y me quedé observando como la dueña me envolvía y me metía en una caja.

El viaje fue corto, y poco atareado. Cuando el papel fue retirado, vi que estaba en una pequeña habitación con una decoración simple. Una cama, un escritorio y un gran armario cerrado con candado, yo estaba ubicada junto al escritorio, frente a la cama y el armario.

—Sin duda es una pieza preciosa —dijo el joven mientras modelaba frente a mí —serás mi confidente desde hoy —declaró mientras ponía su mano sobre el cristal.

Acepté mientras juntaba nuestras manos, aunque sabía que lo decía al aire. Sabía que no me lo decía a mí...

Pasaron varios días desde que llegué a esa casa y pude notar que no llevaba mucho tiempo viviendo aquí, vive solo, aunque en sí creo que él solo se tiene a sí mismo en la vida, lo cual es triste, teníamos más cosas en común de lo que pensaba. Entra a trabajar desde muy temprano hasta que la tarde se vuelve noche y al llegar se sienta en el escritorio hasta tarde, pero no alcanzo a ver lo que hace.

Una noche llegó con una enorme sonrisa que me hizo estremecer y con una gran bolsa, cuyo contenido esparció por la cama, era una gran cantidad de ropa de mujer, estaba algo confundida, luego lo vi abriendo el candado del armario y al abrirlo pude ver un poco más de ropa y una peluca, el tomo la peluca de mujer y un poco de ropa de la cama y salió de la habitación. Pasaron unos minutos y la puerta se abrió mostrando a una chica de largo Cabello Castaño, una falda negra medio corta que dejaba ver sus largas y finas piernas, una camisa blanca larga y de manga larga, encima un chaleco negro y una cinta en su cuello.

Sentí una explosión de emociones por todo mi cuerpo al verla, era incapaz de desviar la mirada mientras se acercaba y fue cuando me di cuenta que estaba temblando y en cuanto la tuve al frente el temblor se volvió incontrolable, al tenerla tan cerca, esa piel tan blanca y tan tersa.

—¡Deseo tocarla! —grité, y la habitación quedó en silencio para luego seguirle un grito de terror de parte de la chica y después salir corriendo de la habitación.

Me quedé en estado de perplejidad, fruncí el ceño y tardé un momento en reaccionar. ¡Ella me escuchó! ¿Cómo es eso posible? Nunca nadie me había escuchado. No me quede pensando mucho en eso ya que el miedo que empezaba a surgir en mí me distrajo por completo. ¿Que pasara ahora conmigo? ¿Seré destruida? ¿Moriré...?

Mis pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de la puerta abriéndose.

—¿Quién está ahí? —preguntó la chica mientras sujetaba un bate, estaba temblando... tenía miedo de mí... Me quedé muda, sin saber qué hacer, y se formó un silencio incómodo —Sé que escuche algo, no soy estúpida, así que sal ahora o llamaré a la policía —volvió a hablar la chica, la voz se le quebraba, y ver qué pasó por mi culpa no hacía más que romperme el corazón.

Suspiré resignada, le diría la verdad, porque no quería asustarla más.

—Me escuchaste a mí —respondí nerviosa —soy un espíritu encerrado en el espejo —no podía evitar temblar, creo que hasta el espejo temblaba.

La chica se acercó lentamente al escritorio y tomó la silla y se sentó frente a mí, podía leer la curiosidad en su rostro, pero también algo de miedo —Carajo...me estoy volviendo loca... —aseguró.

—Negué repetidas veces, aunque no pudiera verme. —No, no, no. Es verdad —hacer que me creyera iba a ser una tarea difícil.

—¿Estás hablando en serio? ¿No es ninguna broma? —preguntó, insegura.

—Es muy enserio —aseguré —me disculpo por asustarte, es la primera vez que alguien me escucha...

—¿La primera? espera... —hizo una pausa, y respiro lentamente, parecía que todavía no terminaba de creerlo —¿cuántos años llevas encerrada? —curioso.

—Demasiados como para contarlos... —me apoyé lentamente en el cristal.

—¡Eso es horrible! —gritó —debiste sentirte muy sola —suspiró mientras colocaba su mano en el cristal, precisamente sobre la mía, por un momento creí sentir su calor —sigo pensando que me estoy volviendo un poco loca, y que tendré que internarme en un psiquiátrico al terminar de hablar contigo —rio.



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En el texto hay: fantacia, suenos, conflicto

Editado: 18.03.2026

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