Ya llevaban varios días vagando por el bosque y en la parte más profunda de este los pequeños encontraron una casa hecha de jengibre y Gretel no dudó en acercarse, comenzando a comer parte de la ventana.
—¡Gretel, para! —le gritó su hermano —No sabemos quién vive aquí y no creo que le guste que nos comamos su casa.
—Pero Hansel, tengo mucha hambre, no recuerdo la última vez que comimos dulces —su hermano abrió la boca para hablar, pero el crujido de la puerta lo interrumpió.
Una anciana de ojos grises salió tanteando el camino con un bastón; era ciega. Los hermanos estaban tan asustados que Gretel dejó caer los pedazos de jengibre que estaba comiendo. La anciana sonrió amablemente y les dijo:
—Hola, niños ¿Qué hacen solos en esta parte tan profunda del bosque?
—Nuestra madrastra nos abandonó y llevamos varios días perdidos —respondió Gretel.
—¡Gretel! —le regañó su hermano.
—¡Pobres pequeños! —exclamó la bruja —vengan, entren, les daré una buena cena y un lugar donde dormir.
—No se preocup —pero antes de que Hansel terminara de hablar, Gretel ya estaba entrando a la casa, resignado, también entró.
La anciana los guio hasta el comedor y les pidió esperar mientras pasaba a la cocina. Un momento después, en la mesa había un gran banquete que hizo babear a ambos niños. Sin embargo, Hansel aún estaba algo reacio, a diferencia de Gretel, que comenzó a comer de inmediato.
—Traeré el postre, esperen un momento —dijo la anciana antes de volver a la cocina.
—Gretel, tenemos que salir de aquí —dijo Hansel.
—¿¡Qué!? ¿Por qué? ¡No quiero irme! —gritó Gretel.
—Gretel, este lugar no me da buena espina, además, debemos volver a casa.
—¿Cuál casa? Nuestra madrastra nos abandonó y papá lo permitió, además, mira —dijo señalando la comida y la casa —aquí tendremos una mejor vida.
En ese momento, la anciana volvió al comedor.
—Aquí está el postre y cuando acaben los llevaré a su habitación.
—¡Sí! —gritó Gretel mientras comía su postre, a diferencia de Hansel.
En cuanto Gretel terminó, la anciana los guio al segundo piso, hasta una habitación al fondo. Dentro había dos camas grandes, un sillón frente a una chimenea, muy acogedora a los ojos de Gretel, quien saltó a una de las camas muy feliz.
—Descansen, pequeños, nos vemos mañana —dijo la anciana antes de cerrar la puerta, pero los niños no notaron que la cerró con llave.
—Lo ves, Hansel, si nos quedamos podremos vivir muy bien —dijo Gretel mientras saltaba en la cama.
Hansel no respondió, solo se acostó en la cama, planeando cómo escapar al día siguiente. Al no recibir respuesta de su hermano, Gretel también se durmió.
Ya adentrada la noche, la puerta de la habitación se abrió lentamente, dando entrada a una sombra que se escabulló rápidamente hacia la cama donde estaba Hansel, llevándoselo en un abrir y cerrar de ojos sin despertarlo.
En cuanto Hansel abrió los ojos, se encontró en una jaula.
—¿¡Pero qué?! ¡Gretel! —gritó.
—Grita todo lo que quieras, ella no te escuchará —dijo una voz, al ver de dónde venía la voz, se encontró con una mujer joven de largos cabellos oscuros como la noche y ojos grises, era la anciana —estamos en el sótano bajo un hechizo de silencio.
—Sabía que esta casa tenía algo mal ¡Eres una bruja! —gritó Hansel.
—Es una pena que no consiguieras escapar con tu hermana, ella está muy feliz aquí, ahora ambos se convertirán en mi cena, pero me tomare mi tiempo, cada día te traeré comida hasta que estés muy gordo, hasta entonces te quedarás aquí —dijo tomando su bastón para subir a la casa hacia la habitación donde aún dormía Gretel.
—Abrió la puerta de golpe, despertando a la pequeña, quien al instante la miró —¿Quién es usted? —la bruja solo sonrió —Soy una bruja, dueña de esta casa y ahora dueña de ti y de tu hermano —Gretel volteó a mirar la cama de su hermano para ver que ya no estaba —ahora ¡levántate! tú serás mi ayudante por ahora —dijo saliendo de la habitación, Gretel no dudó en seguirla, movida por el miedo.
Así comenzó la nueva vida de Hansel y Gretel. Cada mañana, Gretel salía al bosque en busca de leña y hierbas que la bruja le pedía. Le tomó días, pero logró memorizarlas, e incluso le divertía buscarlas. Por la tarde, debía ayudar a la bruja en el taller de alquimia, quedándose parada en una esquina, esperando una orden. Se mentiría si dijera que no le llamaba la atención todo lo que hacía la bruja. Finalmente, en la noche, después de cenar, debía llevarle a su hermano grandes cantidades de comida al sótano. Su hermano cada vez estaba más gordo, pero engañaba a la bruja dándole a tocar un hueso de pollo en lugar de su dedo cuando esta lo revisaba. Él planeaba cómo escapar con su hermana, pero no sabía que esta poco a poco se alejaba del buen camino…
Todo cambió una tarde en el salón de alquimia.
-Gretel, acércate – le dijo la bruja, y Gretel acató la orden – hace días que no te toca la curiosidad ¿Quieres intentar? – preguntó mientras señalaba el caldero. La niña dudó por un momento, pero al final se acercó al caldero – toma estas botellas y vierte su contenido al mismo tiempo, y luego recita el hechizo – siguió las indicaciones de la bruja y cuando recitó el hechizo, un cuervo fantasmal salió del caldero. - ¡Increíble, niña! ¡Tienes talento! – las palabras de la bruja resonaron en la cabeza de Gretel, provocando que la chispa que poco a poco crecía dentro de ella explotara, la chispa de la codicia, y antes de pensar algo más, sus labios se movieron solos – Señora, debo confesarle algo.
Editado: 18.03.2026