Cuentos Clásicos Contemporáneos. Erase una vez el mañana.

El Diseño Perfecto

Elena, conocida en el mundo digital como "Goldie", es una urban explorer y fotógrafa de interiores con miles de seguidores. Su especialidad es colarse en lugares prohibidos para mostrar "la estética de lo privado". No roba nada, solo captura la luz, el orden y la belleza de vidas que ella no puede pagar.

Una tarde de lluvia en las afueras de Madrid, Elena encuentra una villa racionalista de hormigón y cristal que no aparece en los mapas satelitales. La puerta principal, de madera de roble macizo, cede con un leve empuje. No hay alarmas, solo un silencio sepulcral y el aroma a sándalo.

Al entrar, se topa con un salón de techos infinitos. En la mesa del comedor, hay tres ordenadores portátiles de última generación abiertos, cada uno con una interfaz de usuario distinta.

—Solo un vistazo —se susurra a sí misma, sacando su cámara.

Primero se acerca al ordenador más grande, una estación de trabajo robusta. Intenta navegar, pero el sistema es complejo, lleno de hojas de cálculo y códigos financieros que la marean. "Demasiado frío", piensa. Luego pasa al segundo, un portátil elegante de color plata. Está lleno de correos sociales, agendas de eventos benéficos y fotos de viajes perfectos. "Demasiado artificial". Finalmente, se sienta frente al más pequeño, un ultraportátil ligero con una pantalla de nitidez asombrosa. En el fondo de escritorio hay una foto de un amanecer solitario. La interfaz es intuitiva, cálida, perfecta. Elena se queda ahí atrapada, revisando archivos de música que parecen elegidos para su propio gusto.

Siente una extraña fatiga. Sube a la planta superior buscando más ángulos para sus fotos. Encuentra tres zonas de descanso. La primera habitación es de una sobriedad monacal, con un colchón tan firme que parece mármol. La segunda es excesivamente blanda, llena de cojines de seda y terciopelo que la sofocan. La tercera habitación, sin embargo, es un refugio de tonos neutros con un ventanal que da a un jardín japonés. La cama tiene el peso exacto de las mantas que ella siempre quiso tener.

"Solo cinco minutos", se dice, tumbándose sobre el edredón. El aroma a ropa limpia y la lluvia golpeando el cristal la sumergen en un sueño profundo.

Mientras Elena duerme, un coche eléctrico se desliza silenciosamente por la entrada. Los dueños han vuelto: Los Osorio, una familia de arquitectos de élite conocidos por su obsesión con el orden y la privacidad absoluta.

—Alguien ha entrado en mi terminal de bolsa —dice el padre, observando un icono movido. —Y alguien ha respondido a uno de mis correos de la fundación —añade la madre, frunciendo el ceño ante el portátil plata.

El hijo menor, un joven de mirada gélida, no dice nada. Se dirige directamente a su pequeño ultraportátil. Ve que alguien ha estado escuchando su lista de reproducción privada.

Los tres suben las escaleras en un silencio coordinado. Revisan las habitaciones.

—Mi cama está deshecha —gruñe el padre.

—La mía tiene restos de humedad de un abrigo —dice la madre.

Cuando llegan a la tercera habitación, encuentran a Elena. No se despierta con el ruido, sino con la sensación de ser observada. Al abrir los ojos, no ve osos, sino a tres personas impecablemente vestidas, de pie, bloqueando la salida. No hay gritos, solo una calma aterradora.

—El diseño de esta casa es un sistema cerrado, Elena —dice el hijo, mostrando el teléfono de ella, que ha confiscado mientras dormía—. Has publicado fotos de nuestra ubicación. Has roto la simetría.

Elena intenta disculparse, balbuceando sobre el arte y la exploración. Pero el padre se cruza de brazos.

—No buscamos una disculpa. Buscamos el equilibrio. Te gusta tanto nuestra vida, nuestros ordenadores y nuestras camas... que nos parece un desperdicio que te marches tan pronto.

El cuento no termina con Elena saltando por una ventana. Termina con la puerta de la habitación cerrándose con un clic electrónico y el sonido de una cerradura inteligente que ella misma, en su blog, habría descrito como "una maravilla de la tecnología moderna". Ahora, Goldie es parte de la colección privada de los Osorio; la pieza que faltaba para que la casa estuviera realmente habitada.



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En el texto hay: adaptacion

Editado: 02.02.2026

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