Cuentos Clásicos Contemporáneos. Erase una vez el mañana.

La Bella y La Bestia

En pleno centro de Barcelona, entre rascacielos de cristal y cafés de autor, vive Isabela Rius, una joven bibliotecaria freelance que organiza clubes de lectura y recomienda libros en su blog, La Letra Escondida. Aunque ama la ciudad, siente que su vida se ha vuelto monótona. Desde que su padre enfermó, ella se encarga de todo: su trabajo, su hogar, y cuidar de él. Aun así, nunca deja de leer ni de soñar.
Un día, recibe una misteriosa oferta: catalogar la biblioteca personal de un excéntrico millonario, encerrado en su ático desde hace años. La paga es generosa, casi absurda. La condición: firmar un acuerdo de confidencialidad total. El hombre se llama Gael Bosc, un antiguo genio tecnológico que desapareció del ojo público tras un escándalo que destruyó su imagen.
El edificio donde vive Gael parece una fortaleza. Nadie lo ha visto en años. Cuando Isabela llega, se encuentra con un mundo aparte: el ático es un universo lleno de arte, estanterías infinitas, y rincones donde el tiempo se detiene. Sin embargo, el dueño solo se comunica con ella a través de un sistema de audio con voz distorsionada. Nunca se muestra.
Aun así, Isabela no se marcha. Día tras día, descubre libros subrayados con notas brillantes, escritos a mano en los márgenes. Comienza a responderle con mensajes en post-its. Así nace un diálogo silencioso, lleno de ironía, sensibilidad y una inteligencia que la cautiva. La “bestia” no tiene garras ni colmillos, sino heridas profundas. Gael esconde su rostro, desfigurado por un accidente tras su caída mediática, pero también su alma, marcada por la culpa y el aislamiento.
Isabela le dice un día: “No necesito verte para saber quién eres.”
Poco a poco, Gael se atreve a mostrar fragmentos de sí mismo: primero su voz real, luego una videollamada sin cámara, hasta que finalmente la invita a tomar un café en el invernadero interior del ático. Va con capucha, nervioso, pero ella solo le sonríe y le habla de poesía.
Una noche, Isabela recibe una llamada urgente: su padre ha empeorado. Debe marcharse. Gael, con miedo de perderla, le entrega una caja con un libro manuscrito que ha escrito sobre su historia, con dedicatoria: Para la única que supo leerme de verdad.
Pasados unos meses, Isabela vuelve. Su padre ha mejorado. Ella tiene otro brillo en los ojos. En su blog, ha contado una historia disfrazada de ficción sobre “el hombre del ático”. Se ha vuelto viral. Cuando regresa al edificio, Gael ya la espera. Esta vez, sin distorsiones, sin máscaras.
Ella lo mira. Él tiembla.
—No soy lo que esperas —dice él.
—No —responde ella—. Eres mucho más.
Y así, sin castillos ni hechizos, la Bella y la Bestia se encuentran. No para romper un encantamiento, sino para reconstruir, juntos, una nueva versión del amor.
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En el texto hay: adaptacion

Editado: 02.02.2026

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