Cuentos Cortos

El Mito del Umbral de Cristal

En un mundo submarino, donde la luz del sol rara vez penetraba en las profundidades, en la zona del umbral de cristal, un día en particular, un rayo de luz brillo hacia abajo, como si fuera una flecha que apuntaba a abrir los mares, destellando una escena de beldad y secreto.

Un joven, adornado con una corona de hojas de algas, instintivamente al verla a ella, extendió la mano hacia arriba, su rostro se transformo en un asombro desconocido ante una figura mística, habituada de luz y agua, y su cuerpo flotaba como si estuviera sin peso.

Las burbujas de aire flotaban a su alrededor, brillando en la luz de la extensión solitaria.

El joven se preguntó si la silueta era una diosa del mar o un espíritu del océano, y si estaba justo en ese instante, para bendecirlo o para llevarlo en un viaje a lo desconocido.

A continuación, redactaré la historia de Alón, un guardián de los arrecifes recónditos, y Lia, una esencia de la superficie formada por espuma y fulgor, proveniente de un linaje ancestral. Su amor no solo desafió las leyes de la naturaleza, sino que unió dos mundos que nunca debieron tocarse. Alón vivía en el Reino de las Sombras Turquesas, un lugar donde la presión del agua es un abrazo constante y el silencio la única música. Como guardián, su deber, cuidar los jardines del coral, plantas milenarias que brillaban con resplandor propio y grácil. Él siempre había sentido una extraña nostalgia por lo que había "arriba", un territorio que los ancianos describían como un vacío abrasador de fuego azul (el cielo)Y que jamas podían consumarse a ni siquiera pensar en aquel ecosistema.

Un día, durante el solsticio de verano, la barrera entre el aire y el agua se volvió cristalina.

Lía, una ninfa del rocío que habitaba en las crestas de las olas, sintió una curiosidad irreprimible por el vientre del mar y al sumergirse, su cuerpo no se hundió, se transformó en una corriente de burbujas y luz líquida.

En el primer contacto con Alón, sus ojos encontraron las auras, y el océano sintió domar la respiración para el principio de los enamorados.

Él extendió su mano, no por deber, sino por un anhelo que había dormido en su pecho durante siglos.

Para Alón, Lía representaba el calor del sol que nunca había sentido en su piel. Para Lía, Alón era la fuerza serena y un universo que veía desde la superficie.

Su romance floreció en los límites, encontrándose cada tarde en la Fosa de los Suspiros, el único distrito donde las corrientes cálidas y frías entrelazan. Sin embargo, su amor enfrentaba obstáculos insuperables: era un amor imposible por la Naturaleza de su Ser: Alón necesitaba la densidad del agua para respirar; Lía, al ser luz y aire, comenzaba a disiparse si pasaba demasiado tiempo en la oscuridad de las profundidades.

Para poder tocarse unos instantes, Alón utilizó el poder de su corona de algas, la aureola no era solamente un adorno, una reliquia de tiempos remotos, un antiguo artefacto que estabilizaba la presión a su alrededor.

En un acto de devoción, rompió la corona y esparció sus fragmentos, creando un vórtice de protección donde Lía pudiera descender y él pudiera ascender.

En el momento en que sus dedos rozaron, ocurrió el milagro. No hubo explosión ni desastre, sino paz imperiosa. Lo impasible del vientre del agua, se mezcló con el calor de la superficie.

"No somos de mundos distintos," susurró Lìa "Somos el mismo mundo, mirándose desde diferentes ángulos."

Desde aquel día, cuenta la leyenda que cuando el mar entra en estado de calma y el sol posa sobre el horizonte, se puede distinguir una columna de luz que desciende hasta el fondo. Es el puente que construyeron, el lugar donde el guardián y su enamorada, se tornan en uno solo, demostrando que el amor no conoce de gravedad ni de distancias, y obtiene su final eterno.




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