Cuentos Cortos De Terror

END ROAD

Camino en la nada, no logro observar nada, todo está oscuro, muy oscuro, me invade un terror que estremece mi pobre ser, no sé quién soy ni sé de dónde vengo, pero sí sé a dónde voy, reconozco esta cosa que está bajo mis pies que en realidad es suelo asfaltado, parece ser una carretera por que todo está asfaltado. También sé que soy un ser humano, pero... ¿cuál de todos los 6.200 millones de habitantes de la tierra? Lo más gracioso es que si recuerdo cuantos habitantes hay en nuestro planeta pero no sé quién soy, no sé ni siquiera cual es el color de mi piel ¿seré blanco o de piel oscura? ¿Cómo soy? ¿Cómo es mi aspecto?

Me pregunto mentalmente mientras recorro esta maldita oscura carretera. Oigo el arrullo de las aves durmiendo y también escucho el sonar de las hojas producidas por el viento, eso me dice que estoy en una carretera donde hay riqueza forestal, escucho aullidos de lobos, apresuro el paso para no ser devorado por esas fieras.

Toco mi rostro para darme una idea vaga para saber cómo soy, lo único que puedo distinguir es lo común, tengo nariz, dos ojos, dos orejas y una boca con labios rígidos, la piel de todo mi cuerpo la tengo fría y arrugada al mismo tiempo, entonces si tengo la piel arrugada ¿seré un anciano? ¿Un octogenario que está a punto de morir? Muy desesperadamente busco más rasgos que confirmen mi teoría y no encuentro nada, eso me dice que soy posiblemente joven con un futuro por delante. ¡Maldita sea! Tengo la piel muy helada, si tengo la piel así ¿por qué no siento como está el clima? La brisa del viento sopla acariciándome y no logro sentir si está haciendo calor o frío.

Tengo mucho apetito ¿cuánto tiempo estoy sin comer? Mi estómago ruge pidiéndome alimento. Aún continuo caminando por esta carretera hacia adelante, tengo la mala suerte de que esta noche no salió la Luna ni las estrellas que me iluminen, por eso me guio con esta interminable carretera. Noto una cojera precoz en mi pierna izquierda eso me vuelve muy lento, ansío llegar lo más pronto posible al final de esta carretera y encontrarme con alguna ciudad o poblado en donde me den agua, alimentos y un cobijo en que pueda dormir o quizás tenga suerte y alguien me diga quién soy. La idea de que soy una mala persona me aturde tal vez por eso olvidé todo de mi anterior vida.

Escucho el ruido de un automóvil detrás mío, se acerca a una gran velocidad, el conductor no piensa esquivarme, quiere atropellarme ¿pero por qué? ¿Qué le hice yo? Está justamente cerca y detrás mío, gracias a mi pierna coja me tropiezo al suelo y el automóvil pasa sobre encima mío, las ruedas no me aplastaron me salvé por un pelo, aquel automóvil va en la misma dirección que yo voy, eso es lo bueno, así podré implantar una denuncia al agresor, lo malo es que no vi su matrícula ni su color, de todas formas haré la denuncia la policía ya tiene sus métodos para descubrir ese tipo de cosas. El automóvil se aleja más y más perdiéndose en la densa oscuridad.

Un olor putrefacto me acompaña desde que decidí ir rumbo carretera arriba, el olor es similar a animales muertos, pese a que sigo caminando el olor no se desprende. Ya empiezo a divisar una luz resplandeciente que ilumina no muy lejos de la larga carretera, seguro que es un pueblo, si eso es, porque los aullidos de los lobos cesan, eso me afirma que por fin estoy a salvo de esos merodeadores de carne fresca. El olor aún no se dispersa ni en lo más mínimo. Alegremente apresuro mi caminata, estoy a 1 kilómetro del pueblo, sigo caminando y me falta ya un poco y veo fácilmente que es un pueblo pequeño.

Al fin llego a dicho poblado y mucha gente transita en sus calles.

Holagh.

Le digo a uno de ellos aunque las palabras no me forman bien, como si yo fuera el mismísimo demonio huye de mí; observo a los demás y también huyen, intento decirles algo pero no puedo hablar, por más que intento no sale ni una miserable palabra de mi boca, en la plaza del pueblo ya no hay nadie porque huyeron de mí. Lo bueno de esto es que por fin logro ver el color de mi piel y soy demasiado blanco, frío y arrugado; siento un hambre inmensa, mi apetito creció ferozmente y por eso voy a un mini market en donde ni bien entro todos huyen de mí, total esto ya no me importaba, había muchos alimentos ahí, agarré una bolsa de papas fritas... al introducirle en mi paladar no siento su característico sabor salado, lo mismo pasa con la botella de coca cola que tomo y los demás alimentos, ya nada tiene sabor, solo siento un sabor insípido a cenizas de cigarrillos. Por alguna razón voy al sector donde están las carnes en el refrigerador, destapo el envase de Carnes Frits S.A. y cuando lo pruebo me gusta, me encanta ¿entonces quién soy? ¿Acaso soy un carnívoro que degusta de carne cruda cual si fuese un predador? ¿Un monstruo? Luego siento que hay alguien detrás de mí y me dice:

Muere maldito zombi.

Sólo escucho eso y el sonido del gatillo de una pistola que me dispara en la nuca y trae mi muerte.

FIN




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.