Ding Dong
Sonó el timbre de la casa y pese a que pasaron 5 minutos nadie contestaba. Y él estaba allí solo esperando, aunque era verano y el Sol producía un gran calor, no tenía más alternativa que hacer este trabajo, ir de puerta en puerta de casa en casa a todos los pueblos que iba, ya casi se sentía un intruso, alguien molesto, como para él eran esos Testigos de Jehová que de cualquier modo querían invadir las casas que ubicaban; pero no, él no era uno de esos, ni tampoco seguía una religión. Bueno en su vida la única religión era el dinero, por eso iba de puerta en puerta ofreciendo sus productos: "Todo tipo de comida de mascotas".
Y volvió tocar el timbre, esta vez se escuchó que del otro lado pasos acercándose y esto le devolvió una sonrisa, se arregló la camisa, la corbata y esperó que se abriera la puerta.
—¿Quién es?
Dijo la voz de una mujer, al mismo tiempo que la puerta se abría poco, no totalmente pues la cadena obstruía esta acción.
—Hola seño... —El vendedor de la poca abertura pudo observar que no era una señora, sino una señorita pese a que su tono de voz era como de una mujer arriba de los 40 —Hola señorita, vengo a ofrecerle...
—No me interesa. —dijo secamente la mujer y cerró la puerta en la sonrisa falsa del vendedor, de esas que dan para engatusar al comprador.
—Pues al menos déjeme decirme qué es lo que vendo. —No se iba a dar por vencido fácilmente tenía una norma, la primera venta del día tenía que hacerla si o si, sino todas las demás les iban mal, tenía que empezar con el pie derecho —Vendo comida de mascotas.
—¿Si? —dijo la mujer mostrando algo de interés.
El vendedor sabía muy bien las expresiones de las personas, había sido un vendedor por 3 años. Y para él las personas eran como una canción, cuando distinguía su tono sabía su género, en este caso que expresaban.
—¡Si! —eureka se dijo en la mente, sentía que ya había cazado a este comprador —¿Qué tipo de mascota tiene usted? ¡Tengo de todo tipo! ¡Para cualquier tipo de mascota!
Habló energético, pues un compañero cuando comenzaba en el rubro de las ventas le dio un consejo que hasta ahora llevaba consigo: La energía que uno siente puede ser transmitida a las personas siempre y cuando sea un sentimiento intenso.
La mujer volvió a abrir un poco la puerta y miró al vendedor solamente.
—¿Dígame que mascota tiene usted?
-Dudo que tenga algo para la mascota que tengo- la mujer entrecerró la puerta, pero fue detenida con el pie del vendedor.
—No crea eso, tengo alimento para cualquier tipo ¿Qué mascota tiene usted? ¿Un perro? ¿Un gato? ¿Peces? O algo más exótico ¿Cómo un loro o un mono? Pues créame tengo alimento para esos y más tipos de animales.
—Digamos que mi mascota es un tanto peculiar... le sugiero que se vaya. —la mujer intentó cerrar la puerta, pero allí estaba el pie del vendedor. Pero el pie del vendedor no cedió pese a la presión, de todos modos, no era la primera vez que le hacían esto.
—¿Es un mascota ilegal? Si es así guardaré el secreto, mire también alimentos para mascotas "ilegales" —hablaba bajo para ser su confidente, se sabía varios trucos de ventas y sobre todo empatizar con el comprador.
—Bueno tiene 10 minutos para mostrarme todos sus tipos de alimentos para mascotas ilegales y si algo me interesa le compro- la mujer abrió la puerta por completo y preocupada dijo llevándose sus manos al corazón: —todo sea por mi querido Sparky que en toda esta semana no quiso comer y solo quiere escaparse.
Pasado unos minutos el vendedor entraba a la sala de mujer con dos cajas de alimentos: allí tenía alimento para zorros, serpientes, tortugas, arañas, mapaches, linces y algunos animales en peligro de extinción o prohibidos por la ley.
—Bueno tengo este tipo de alimentos se va a sorprender mucho. —abría las cajas con unas tijeras —¿Y dónde está su mascota?
—Él no puede salir por ahora... —dijo la mujer interesándose en el interior de las cajas.
—Entiendo pero que especie es... así nos facilitaría el trabajo...
Justo al acabar decir esas palabras, la puerta del sótano sonó fuerte, casi como un toro lo había embestido y salió una criatura extraña de 4 patas, el vendedor solo se perdió en observarla, parecía que el tiempo se detuvo y observó cada detalle que tenía, no era una criatura de otro mundo: era un humano desnudo con varios corte y costuras en la piel, sin orejas ni nariz, en su cuerpo tenía cosido unas orejas de perro y una cola podridas. Y manchas negras de quemadura que lo asimilaba a un dálmata macabro.
Al estar más cerca el vendedor observó que sus pies de las rodillas para abajo estaban amputados y también algunos dedos de las manos.
Corrió hacía al vendedor y solo tomó sus tijeras y él mismo se las clavó en su propio cuello y murió al instante.
—No mi querido Sparky —dijo la mujer muy apenada —¡todo es por tu culpa! ¡Asesino de mascotas de mierda!
Gritó la mujer furiosa.
El vendedor estaba atónico e inmóvil no creía lo que pasaba, miraba a esa humano torturado y a la mujer y no podía creerlo.
Pero la mujer prontamente se calmó y habló con una amabilidad incómoda.
—Ya que usted mató a mi querido Sparky. —se levantó y tomó un adorno de mesa de metal —Usted tendrá que ser mi nueva mascota.
Y le dio con el objeto en la cabeza al hombre hasta hacerlo desmayar.
FIN