Iba en mi viejo bote, en todo el día ni un pez mordió el anzuelo, esto se había repetido toda semana; por más que metía el anzuelo en diferentes puntos del lago nada cambiaba, los resultados eran los mismos.
Me preocupaba mucho esta situación, ya que la pesca era el único sustento económico de mi pequeña familia (yo y mi querida hija). El Sol estaba en su punto más fuerte que ni el sombrero bastaba para protegerme del inmenso calor, el lago estaba bien calmado, por lo visto ningún otro pescador decidió salir hoy. Al final de cuentas hoy era día descanso para todos pero no para mí.
Recuerdo la primera vez que fui de pesca, fue con mi abuelo cuando yo apenas tenía siete años, me sorprendí mucho cuando él cazó un pez, la mejor parte fue cuando me dijo que yo quitara el pez del anzuelo, me daba algo de miedo, al final si lo hice porque mi abuelo me dijo: "Josh nunca temas a nada". Entre recuerdo un sueño rotundo me invadió y quede dormido como un tronco.
Al despertar quedé impactado al verme rodeado de una niebla algo densa, casi no podía distinguir nada. Ciegamente busqué por el bote mi lámpara procurando no caerme al agua, entre palpo y palpo mis manos hallaron dicha lámpara, la encendí e intenté alumbrar a alrededor mío, este acto era vano porque la luminidad de su foco no ganaba a la niebla, este iluminaba por lo mucho un metro lejos del bote, lo único que tenía que hacer era sentarme y fumar mis cigarrillos de marca "Lion Gates" que tanto me gustaba y esperar que la niebla se disipe para remar a la orilla más cercana.
De pronto algo golpeó por el lado derecho mi bote, haciéndole mover un poco, por un momento creí que esto era producto de mi imaginación... porque nada debajo del agua existía con la fuerza suficiente con para mover un bote, rápidamente alumbré todo con la vaga luz de mi lámpara pero no había nada, de imprevisto cuando creía que todo era mentira mi bote fue golpeado otra vez, pero esta vez con más fuerza al grado de que casi caigo del bote. Volví a iluminar todo el perímetro y otra vez me encontré con la nada. Por simple impulso me dirigí a la parte delantera del bote, vi burbujas que salían a la superficie, me asomé a ellas, como si fuese que me hipnotizaban las miré atentamente por unos segundos.
¡¡¡Plash!!!
Todo se interrumpió cuando una enorme cola de pez salió de la oscura agua provocando una enorme salpicadura y mojándome casi todo. Las palabras de mi abuelo resonaron den mi mente "Josh nunca temas a nada", gracias a ello prácticamente no temía a ese ser.
El misterioso pez nadó rápidamente en dirección al norte, en mis 25 años como pescador jamás vi algo así, había visto peces con tres ojos hasta ranas con extremidades extras, pero nunca algo parecido a lo que ahora vía, este ser simplemente era extraordinario ante mis ojos. Por el tamaño de su cola y mi experiencia en peces podía deducir que aquel pez medía tres metros o más, no me importaba si este pez era enorme yo lo capturaría aunque sólo tenía en manos cañas y una red de pesca, cuando lo capturara tendría fama y fortuna, mis ambiciones más anheladas, lo más importante mi hija tendría un mejor futuro.
Debo admitir que la ambición en ese preciso momento se apoderó de mí por completo, me cegó. Encendí rápido el motor del bote y sin pensarlo dos veces fui tras ese monstruo; ese misterioso pez era muy veloz, pero aun así no se podía perder en la densa niebla, ya que era algo fosforescente.
Luego de unos largos minutos de seguirlo sin parar, la luminidad de este ser despareció, la tranquilidad volvió al lago. Me sentí algo vacío ¿acaso nunca más volvería a ver a este ser? ¿Acaso sólo se quedaría como una historia muerta?
Como esos pobres diablos que aseguran haber visto al monstruo del lago Ness más no tienen alguna prueba. No, no, no quería eso para mí, muy desesperadamente grité a la nada: ¡¿Dónde estás!? Fue en ese momento que la bestia bruscamente volteó mi bote, caí a la fría agua. No sabía que hacer tenía miedo, entre la desesperación nadé sin rumbo, ya nada de mis estúpidas ambiciones importaban, mi mente sólo estaba fija en "mi vida y mi hija", no podía morir ¿quién cuidaría a mi hija? Entonces nadé hasta no sentir mis brazos, al final cuando estaba a punto de sucumbir gracias al cielo hallé tierra firme, rápidamente volteé y ese ser había desaparecido, la niebla ya no estaba tan densa, en ese momento me pregunté dónde estaba, parte de mí decía: "ojalá estemos en el muelle".
Me puse a inspeccionar el lugar, tal parece me encontraba en una especie de isla no muy grande ni pequeña, ¿pero en cuál isla? Conocía este lago como la palma de mi mano, en este lago no había ninguna isla, me sentía algo desconcertado, con algo de miedo... las palabras de mi abuelo se desvanecieron.
Este monstruo seguía allí, en algún lugar del agua, no lo podía ver pero lo podía sentir, podía sentir que me observaba desde la oscuridad.
Ya ha pasado mucho tiempo, hasta ya perdí la cuenta, sólo sé que estoy aquí años, pero no sé cuánto, incluso ya siento mis arrugas, no hay nada vivo aquí, sólo esa bestia y yo, y los árboles que parecen estar sin vida, la niebla hasta ahora no se pierde, nunca más volví a ver la luz del Sol desde aquella tarde donde todo empezó, desearía retroceder el tiempo y jamás ir tras ese ser, extraño a mi hija, ella era la luz de mi vida.
Varias veces intenté huir de aquí, construí balsas, pero la bestia siempre las destruye en mi vano intento de escapar, más nunca se atreve a matarme, sólo me mantiene como prisionero. ¿Qué quiere de mí? No sé, quisiera saberlo para que me dejase libre, quizás se alimenta de mi sufrimiento y de mis lamentos, cada vez que duermo sufro de horrendas pesadillas una peor que la anterior. Hay veces que pienso que quizás ya morí y este es el infierno, mi infierno. Lo único que alienta mis ganas de seguir sobreviviendo es el poder volver a mi querida hija.
FIN