La creación de la nueva especie había llegado al éxito. Jugamos a ser Dios, violamos a la naturaleza. La mayor parte de este acto infame me la acredito yo.
Creamos una aberración, quizás la peor de la historia de la Tierra, quizás del universo mismo. La naturaleza misma estaba enfadada esta noche, llovía como nunca antes, caía un rayo cada dos o tres segundos, el viento azotaba con feroz fuerza el laboratorio, seguramente quería destruir a la criatura que creamos.
Si fuimos dioses... fuimos dioses tontos, no fuimos cien por ciento pensantes, no tuvimos la característica principal de un todopoderoso, el: "pensar en los demás", sólo nos dejamos consumir por nuestro egoísmo y ambiciones.
La criatura me seguía por el largo pasillo, yo corría en dirección a la salida. Lo único que iluminaba mi trayecto eran las luces vagas y parpadeantes que colgaban por encima de mi cabeza, se parecían a murciélagos resplandecientes.
Mi plan era salir del laboratorio, cerrar bien la puerta (la única entrada-salida) e ir al pueblo minero, coger un par de dinamitas y hacer volar en mil pedazos el laboratorio junto a esa aberrocidad.
Los pasos de la criatura hacían eco produciendo un sonido similar al de los tacones de una mujer. Aquella cosa vociferaba chirridos insoportables, ensordecedores y casi paralizantes; al tan sólo oírlo quería detenerme sin razón alguna, pero no me dejé llevar por la melodía macabra, seguí corriendo.
Al parecer esa criatura era lenta, recién había nacido esta mañana, se le dificultaba andar. Los chirridos aumentaron, eran más fuertes, quizá esa criatura ya yacía cerca de mí, no me atreví a mirar atrás, pensé... un pequeño descuido y esa cosa ya me atrapaba.
Llegué a la única puerta, eran de esas que son automáticas (las que se abren y se cierran hacia arriba) a un extremo había un pequeño panel con números del uno al nueve, más un asterisco y un numeral.
Para abrir la puerta teníamos que anotar un código, cuyo sólo el personal lo sabía, y yo era el último sobreviviente, esa cosa mató a todos.
La criatura ya yacía frente a mí, al verlo sentí como si fuese que era la primera vez que lo viera. Aquella criatura era enorme y robusta, medía dos metros y medio. En lugar de manos y pies tenía pesuñas, la cabeza entera la de un cerdo, su piel era la misma, gruesa y áspera, con tono femenino... color rosa, tenía los hombros anchos, al final una cola en forma de "e" le sobresalía y lo peor fue que yacía de pie.
Era un cerdo antropomórgico, pues eso habíamos hecho. Ya que los cromosomas de los cerdos eran semejantes al de los seres humanos, cruzamos estas dos especies. Para crear esta nueva especie primero eliminamos el cromosoma que sobrante del cerdo, pero ni así salió bien el experimento "hibrido, todo giraba en torno a eso. Luego vino la iluminación maligna a mi cerebro, quizá la idea me la dio el mismo demonio, creé un cromosoma artificial (que no diré cómo) para agregarlo al del ser humano. Luego cruzamos ambas especies. Una chica virgen de 15 años y un grotesco cerdo. La gestación había funcionado a la perfección. Luego de dos semanas extrajimos el óvulo (ya gestado) y luego lo pusimos en una incubadora muy avanzada, el ser se alimentaba allí con puros líquidos... desde sueros hasta sangre humana (nuestra sangre). Y matamos a la chica.
Entre alimento de tubos, la criatura se formó en 47 días- muy rápido para ser una mamífero- nos sorprendimos bastante.
Llegando el último día, despertó (hoy) y mató al personal. ¿Por qué lo creamos? Sólo por el simple hecho de crear al soldado invencible, que aguante balas, que sea resistente y muy fuerte... para que este nos ayude a ganar la guerra (para nuestros líderes nacionales era como el boleto hacia la victoria), era la esperanza sombría en sí, pero para mí no, yo sólo lo hice por mera obstinación, quería ser Dios, y lo fui, y puedo seguir siéndolo, pero el recuerdo de aquella criatura no deja hacerlo, quizás está como un trauma en mí.
La criatura me vio con sus ojos negros, al mirarlo sentí como observar el infinito oscuro universo.
La criatura primero vociferó sus singulares chirridos ininteligibles, en unos cuantos segundos sus chirridos se hicieron legibles, hasta que al final habló:
—Abre la puerta padre.
Quedé atónito, un hilo frío de sudor bajó por mi sien. Padre me había dicho y estaba en lo correcto, aunque no lo engendré, lo creé.
—No lo haré- respondí alarmado.
—¡Que abras te dije! Quiero salir de esta prisión a la cual me has condenado, yo soy un ser vivo igual que los demás ¿Qué no tengo derecho a la libertad?
—¡Tú no eres un ser vivo! —exclamé —¡eres un monstruo!
—No lo soy. Abre esa puerta, quiero salir para hacer un mundo mejor.
Era claro que esa cosa no podía salir, aunque supiese los códigos no podía abrir marcar los códigos, pues sus pesuñas se lo impedirían.
—Ustedes los seres humanos no son más que un virus. Nacen, se reproducen y matan por su subsistencia —vociferó de nuevo la criatura.
—¡Tú también matas! —exclamé con rabia, mi voz sonó débil.
—Yo lo hice por un bien, quiero salir de aquí para hacer un mundo mejor.
—¡Nunca abriré esa puerta cosa profana! —exclamé lo más fuerte que pude.
Al lado mío había un pozo de ácido, metí mis manos allí sin dar importancia al terrible dolor que sentiría. La piel de mis manos se desintegró, volví mi vista, vi horrorizado que sólo quedaban mis huesos. Golpeé en piso sólido con estas, y mis huesos se hicieron añicos. El dolor fue insoportable lo admito.- ¡Nunca saldrás de aquí horrendo ser! - dije a duras penas ya que mi boca quería gritar de dolor, al final sonreí un poco, había ganado.
—¿En serio?-—sonrió levemente la criatura, e hizo lo mismo que yo, se amputó las manos en el ácido, de repente como si de flores que brotan del suelo se tratase, de sus pezuñas automutiladas se generaron manos de humano (manos sin piel por cierto).