Y allí estaba la nueva especie sucesor del caballo, huyendo por su vida entre los árboles de los escasos bosques que quedaban en el planeta.
La contaminación y amenazas intergalácticas habían aniquilado un 75 por ciento de la vida vegetal y el 70 por ciento de la vida animal, pero nuevas especies surgían adaptados para este nuevo ambiente hostil.
En cuanto los humanos... pocos quedaban en la Tierra -luchaban por sobrevivir y seguir como aprendieron de sus antepasados- y las personas ricas migraron a otros planetas con características parecidas a nuestro hogar natal.
El caballo había desarrollado un cuerno en la frente para defenderse de predadores, más no le servía de nada ante un rival como el gran lagarto alado que le perseguía.
El blanco y pulcro caballo relinchó y corrió más rápido, se le escuchó en todo el bosque más nadie vino en su socorro, enfrentarse a esa bestia alada era un suicidio.
Su galope resultó ser tan veloz que iba a la par con el vuelo de la bestia, pero el caballo pronto se cansaría.
En fuerza sin lugar a dudas el lagarto alado le ganaba más en coeficiente intelectual el caballo ganaba.
Se adentró en lo más profundo del bosque donde los árboles milenarios subsistían, y la bestia alada no pudo pasar, no hubo espacio para que algo tan enorme pasase por ese estrecho lugar. El caballo siguió en marcha, sabía que eso no detendría por mucho a la bestia alada y así fue, la bestia soltó un gran estremecedor rugido y expulsó fuego de la boca, los resultaron fueron que en poco tiempo el incendio se comía a los árboles.
Ahora el caballo no sólo era perseguido por la bestia alada sino también por el fuego: Un ancestral y prehistórico predador.
Llegó hasta la entrada de una cueva y lo más plausible que se le ocurrió fue entrar, dentro no era guarida de la oscuridad. Un círculo verde flotante- de un radio considerable- iluminaba el lugar.
Allí se detuvo hasta que el enorme lagarto alado apareció en su detrás y mostróse sus afiliados dientes peores que unas dagas, y se acercó lentamente al caballo, sabía que ya no tenía más salida que la muerte.
El caballo sin pensarlo dos veces entró al extraño círculo verde y sintió mucha felicidad al ver el otro lado: Había mucha riqueza forestal y el cielo estaba azul y el Sol resplandecía, nunca en sus 99 años de existencia había visto un cielo tan hermoso como ese. Donde sea que se encontrase, pensó, no se encontraba en su época o quizás mundo.
Prontamente el lagarto alado cruzó el portal y el caballo retrocedió, y se resignó a morir, al menos antes de su fin habría visto una Tierra mejor. El enorme lagarto alado no atacó al caballo de cuerno en la frente, sólo se alejó - volando- de él ya que acababa de avistar un castillo que alrededor le resguardaba casuchas donde se apreciaban muchas personas- tantas como jamás lo había visto- y su aperitivo favorito eran los seres humanos.
Y allí se quedó el dragón, habiendo sido un tormento sinónimo del terror en el futuro y ahora en el pasado. Y el unicornio siendo un guardián de los bosques que en su época eran escasos.