—¿Me has engañado verdad?
La mujer miró al hombre que amaba por primera vez de manera fría y con el corazón lastimado y lleno de rencor.
—Claro que no amor...
Solo podía decir eso y ni moverse podía, quizás era el gran temor que ya le habían descubierto, ¿Pero descubierto qué? Nunca le había mentido a esa mujer... mucho menos sido infiel.
—¡¿Y Maricela qué?!
La mujer descargó su furia sobre la mesa, metafóricamente su corazón se desangraba pero el dolor era real.
—Ella solo es mi amiga desde la infancia... Nunca me he acostado con ella y ni siquiera algo tan simple como darle beso en la mejilla, te lo juro nunca te fui infiel...
Intentó moverse ¡Pero porqué demonios no podía hacerlo!
—Eso lo sé amor mío...
Acarició la mejilla de su amado.
—Pero tú me has engañado de la peor forma posible, al final que importa el cuerpo, en cuanto tú me has engañado con esto.
La mujer tocó con el dedo índice el pecho del hombre donde allí yacía su corazón. Y este se sobresaltó un poco al sentir la uña de la mujer hundirse un poco en su pecho, ver que estaba atado en una silla y aun más de miedo pues...
—Tu corazón. Ya está con ella ¿Crees que no he notado que late más fuerte cuando la ves o la mencionas? ¿Crees que no he notado que desde que ella está en tu trabajo vas más feliz?
A la mujer le empiezan a salir lágrimas, ya no podía soportar el dolor que residía en su corazón, legalmente el acta de matrimonio decía que él era de ella, vivían juntos y hasta podía tenerlo en la cama... Pero el corazón de él ya pertenecía a la otra y hasta vivía dentro de su corazón ya.
—¡Y seguro hasta ya le has hecho el amor en tu mente! ¡Y de seguro hasta quieres pasar el resto de tu vida junto a ella!
Rompió en llanto y tiró rabiosa la mesa. Y al final se tranquilizó.
—Pero ya ves como dice el dicho: Si lo amas déjalo ir.
Se limpió las lágrimas. El hombre ya poco podía decir, la droga que la mujer le había suministrado volvía a darle otra recaída.
—Te cumpliré tu deseo de querer pasar toda tu vida junto a ella...
La mujer abrió una puerta interna y sacó a Maricela, también yacía atada en una silla.
—Les cumpliré su deseo... porque ella también te ama ¿Verdad querida?
Maricela no podía hablar, tenía la boca tapada y el hombre estaba con mucho sueño.
—Les cumpliré el deseo a ambos...
La mujer los noqueó a ambos y cuando despertaron, estaban encadenados desde los pies con esos enormes grilletes de acerco inoxidable.
—Bien pueden permanecer juntos el resto de sus vidas... o lo que queda de ellas.
Rió un poco, vio por última vez a su esposo y a esa odiosa mujer; salió de la vieja cabaña y los dejó morir en el medio de aquel bosque olvidado.
FIN