Nelson es una persona sociable, dicharachero, chistoso, un tomador social con dotes de poeta y de declamador. Tenia un muy buen grupo de amigos, la mayoría de ellos poetas, algunos músicos, otros también profesionales, sobre todo del derecho, que tenían un buen estatus social, en este último grupo se destacaba el compadre de Nelson. Él se desempeñaba como Procurador del Estado y era una persona que le daba un tique de refinamiento a las reuniones. Este grupo de amigos siempre se turnaban el sitio de encuentro durante los fines de semana, pero normalmente se reunían en la casa de alguno de ellos.
Cuando iban a la casa del compadre de Nelson, este siempre sacaba una o dos botella de blue label, 18 años, para pasar la noche, su casa era espectacular, el problema ocurría cuando el compadre tomaba de más, ahí empezaba a decir, en tono jocoso, que el único que ofrecía algo digno de beber era él, que con él se les estaba refinando el gusto, pero que los demás lo que daban eran unas bebidas que parecían “meaos de perro”. El compadre reía a carcajadas con esa ocurrencia, pero él era el único que reía, al grupo de amigos, después de un tiempo, ya no le gustaba ese tipo de chistes. Después de eso, el compadre pasaba por lo mínimo una semana fanfarroneando de como el organizaba las reuniones y de todo los que el ofrecía en las mismas
Esto sucedía cada que él era anfitrión. Ya cansado de esto, Nelson empezó a maquinar que podía hacer para dar una lección al compadre. La siguiente ocasión que le tocó ser anfitrión, Nelson tomó un barril pequeño que hace muchos años le habían regalado, el cual era una edición especial de la marca The Macallan. En ese “barrilete” vertió el contenido de un whisky 8 años, muy barato, y lo colocó en el centro de la mesa para el disfrute del grupo de amigos.
Los amigos estaban impresionados. El compadre de Nelson, autodenominado experto y quien se creía un catador de whisky, solo tuvo elogios para el anfitrión por su bien gusto y bonhomía. Durante toda la reunión solo se habló del whisky que estaban tomando. El compadre tomó la palabra y empezó a dar cátedra del sabor inigualable de ese Whisky que estaban bebiendo y cual era su proceso de fabricación. Todos coincidieron que era la mejor bebida que habían probado en su vida
La reunión terminó todos felicitaron a Nelson por haberlos puesto a probar una bebida de reyes, este les comunicó que todavía le quedaba del whisky y podían seguirlo tomando en futuras reuniones. Después del quinto encuentro organizado por Nelson, todas ellas con el barrilete como protagonista, fue que cayeron en cuenta que este nunca se vaciaba, siempre al comenzar la reunión estaba lleno, pero también cayeron en cuenta que Nelson no tenía el dinero para comprar tantos barriletes de ese Whisky, es más, comprando uno solo sus finanzas quedarían seriamente comprometidas por un buen tiempo, ahí comprendieron que el amigo les había estado jugando una broma desde el principio y que lo que habían degustando como si fuese el elixir de los Dioses, era simplemente el habitual “meao de perro” qué siempre consumían