Hace mucho tiempo, nació una pequeña tortuga en una playa olvidada y solitaria.
Salió con algo de dificultad de la arena, miro sus alrededores esperando ver más como él, pero no había rastro alguno de nadie más, se apresuró a ir al mar imaginando que allí los encontraría.
Al llegar y sumergirse quedó encantada, la pequeña tortuga nadó muy emocionada por ver el inmenso mar. Al principio casi fue decorada por algunas criaturas más grandes, entonces aprendió que debía escapar y esconderse del peligro que lo asechaba.
Por años, solo se dejaba llevar por la corriente pero siempre estuvo atentó buscando más como él. Algunas veces preguntaba a otras criaturas si habían visto seres iguales a él, pero todos se sorprendían al verlo y negaban.
Mientras buscaba veía a más criaturas con sus parejas e hijos, le hizo mucha ilusión también poder tener eso, aún así se hizo amigos de varios de ellos pero al final todos perecian de diferentes maneras. Triste, viajo solo por años, cansado y ya queriendo poner fin a su vida, salió del mar y fue hasta una playa cercana a esperar.
Pero entonces se encontró con una extraña criatura que él jamás había visto, era un hombre que al verlo sonrió y se agachó.
—Hola.
La tortuga al escucharlo supo que él no le iba hacer daño.
—¿Qué haces aquí?, ¿buscas a alguien?
~No... Estoy esperando mi fin.
El hombre se sentó en la arena al lado de él.
—¿Estas cansado?
La tortuga solo asintió.
~He nadado por este mar por años, no pudo ayudar a los que quisiera y no he vistosa otros como yo. Estoy cansado.
—¿Y si hago que seas más que un observados?.
~…
El hombre tocó la cabeza de la tortuga y dijo.
—Seras un guardián.
Ese fue el más antiguo recuerdo de la gran tortuga guardián que protegía, cuidaba y guiaba a todos los seres de los mares de Arcadia.
Fin.