Hace millones de años en los inicios de Arcadia, su dios quería ver lo que había creado, así que decidió recorrer el vasto mundo.
Cuando llegó al desierto, se sorprendió al ver una extraña planta con una pequeña flor brotando en el suelo infértil, se acercó a ella y la observó por varios minutos.
—¿Cómo llegaste aquí? —le preguntó, pero ni la misma planta sabía que decirle.
El ser decidió hacerle compañía para saber que le pasaría. Si era solo casualidad o la pequeña planta era algo especial que se había salido de sus planes.
Así pasaron los días, meses, años y la planta seguía igual.
—Será mejor irme, tengo mucho que hacer aún. Adiós pequeña, espero con ansias ver en qué te habrás convertido en millones de años, y si es que aún sigues viva —Sonrio y continuó con su travesía.
Y así, pasaron millones de años, la civilización avanzó, se dividió y próspero a su manera aunque algunos se quedaron un poco más atrasados que otros.
Pasaron muchas cosas en todos esos años, y el Dios que prometió volver después a ver a la pequeña planta jamás regresó... Jamas supo que aquella pequeña planta en medio de la nada en todos esos millones de años habia crecido.
Al principio solo era una pequeña planta de 10 cm, pero con forme paso el tiempo creció, se convirtió en un árbol que alimentaba a las personas, animales y demás que pasaban o empezaban a vivir cerca, luego paso a crecer aún más y se convirtió en un gran árbol que daba sombra a un pequeño pueblo y después de cientos de años...
Creció hasta ser un inmenso árbol colosal, y todos empezaron a llamarlo y conocerlo como... El árbol del mundo.