Hace cientos de años, existió un joven dios.
A él le encantaban convivir con los humanos, pasaba más tiempo con ellos que con sus hermanos y hermanas.
Un día enamoró a una humana, su padre le preguntó si quería dejar su vida de Dios por la humana. Ella la trataba bien y hasta se veían muy enamorados, pero el joven Dios sólo sonrío de manera arrogante.
~Yo solo estoy pasando el tiempo. James me enmorare de una simple y débil humana ~
Sus hermanos solo negaron y se fueron a cumplir los deberes que su padres les ordenó, solo quedaron el Dios y su hijo.
~Los humanos son como unos simples ratoncitos. Son tiernos y es divertido jugar con ellos, pero si los precionas mucho morirán ~Hizo el gesto de apretar algo en su mano.
Su padre decepción solo negó.
«Si crees que los humanos son eso... Entonces creo que deberías ser uno»
Su hijo se quedó en shock, cuando iba preguntarle a un se refería su padre en un movimiento lo convirtió en un simple ratoncito.
El joven Dios asustado no sabía que hacer, su padre lo tomó en una mano y lo envió a un ciudad, al otro lado del mundo.
«Si logras entenderlos y dejas de despreciarlos, podrás volver a ser lo que eras»
Su padre desapareció, dejó al simple ratoncito confundido y desesperado.