En el jardín trasero de una gran sede de un clan, empezaron a aparecer rosas. Aquellas rosas aparecieron cuando un miembro nacía.
Cada rosa sin importar el clima siempre se mantenían hermosas y bien, jamás se tocaban ni alguien tenía acceso a ir a donde ellas estaban.
Era un lugar hermoso y mágico, no obstante solo podían marchitarse cuando algún miembro del clan que se conectaba con ellas, moría. Pasaba de vez en cuando, sin embargo en tiempos de guerras o algunos otros sucesos, todo el panorama en aquel jardín cambiaba drásticamente.
El hermoso jardín se convertía en un lugar lúgubre y triste, cuando eso pasaba, solo un miembro de la familia de los caídos podía entrar y tomar aquella rosa, e incinerarlas en un gran funeral que se hacía por los miembros fallecidos.