Cuentos de terror para estudiantes estresados {1}

1: Al buen tiempo, mala cara.

El sol de la tarde se filtraba perezosamente entre las ramas de los árboles, pintando el suelo del campus universitario con destellos dorados que se atenuaban a medida que atardecía.

Un ligero viento me erizó los pelos de la nuca mientras los nuevos estudiantes arribaban a la entrada del campus, cargados con sus pertenencias a manera de maletas y cajas.

Miré a mi alrededor varias veces, pasando la mano por mi pelo rapado en un impulso como si aún pudiera peinarlo, sintiendo el estómago revuelto mientras me acercaba al edificio de los dormitorios.

A mi lado mi mejor amigo Raphael resultaba todo un contraste, con sus rizos rebeldes atados en una coleta, paso seguro y su expresión feliz pero relajada, como si tan solo estuviera volviendo a casa después de un día de trabajo.

—Vamos, Mich, pareces venado en carretera.— Se burló con una sonrisa, dándome una palmada en la espalda. Asentí con cautela, tratando de ocultar mis nervios bajo una máscara de determinación.

—No quiero meter la pata.— Murmuré, escudriñando el imponente edificio con nerviosismo. La risa de Raphael resonó en el aire mientras entrábamos con nuestras maletas a rastras.

—Has ido a la escuela toda la vida, esto es lo mismo pero en un envoltorio más grande, ¿a qué le tienes miedo?— Dijo con una confianza que aún encontraba desconcertante, incluso después de conocerlo por tanto tiempo.

Empujando la puerta de los dormitorios, entramos en un vestíbulo rebosante de actividad. Estudiantes correteaban de un lado a otro, cargando cajas y llegando a sus habitaciones, con miles de conversaciones diferentes llevándose a cabo al mismo tiempo.

Raphael se detuvo de repente, su mirada fija en un solitario cartel mal pegado que recogió antes de que el viento lo reclamara.

—Hoy hay un especial de bienvenida en la biblioteca, ¿no te faltaba el libro de Anatomía?— Me preguntó, alzando el cartel frente a mis ojos.

Fruncí el ceño, escaneando el papel con escepticismo antes de responder.

—Sí... ¿Seguro que es hoy? Ya son casi las siete, dudo que esté abierta.— Alcé una ceja, sacando el teléfono de mi bolsillo como pude y mostrándole la hora mientras reanudábamos nuestro camino.

Raphael pausó, su mirada fija en el cartel.

—Nunca lo sabremos si no vamos. Además, yo necesito el libro de Historia.— Decidió, guardando el cartel en su mochila mientras llegábamos a la puerta al final del pasillo, donde finalmente nos detuvimos.

—¿Es aquí?— Preguntó, esperando que yo terminara de revisar en mi celular.

Asentí mientras volvía a guardar mi teléfono, usando la copia de la llave que nos habían dado a cada uno para abrir la puerta, revelando una espaciosa pero vacía habitación con nada más que la mueblería básica, incluyendo dos escritorios en paredes opuestas, una litera y una cama que aparentemente ya tenía dueño antes de que llegáramos, pues ya tenía varias maletas encima.

Ciertamente resultaba deprimente que lo más colorido en esa habitación fuera Raphael, quien parecía brillar con energía en contraste con el ambiente sombrío, sin verse afectado por la falta de decoración. Al contrario, estaba ocupado desempacando sus pertenencias y hablando cual perico.

—¿Qué tal si hacemos una lista de todos los lugares a visitar en el valle?— Sugirió Raphael, con sus ojos marronáceos pareciendo brillar en un entusiasmo que resultaba contagioso, incluso para mí.

Ya había reclamado la litera de abajo, tirándome boca arriba sin escucharlo del todo al notar que el colchón era mucho más cómodo de lo que parecía.

—No, déjame en paz un rato.— Tajante, cerré los ojos como quien ya pensaba dormir.

Por un momento escuché los pasos de Raphael acercarse a la cama y luego alejarse, en su voz notándose una indignación más falsa que las papeletas de Naruto.

—¡Oh, vamos! No puedes dormirte ahora, al menos acompáñame a lo de la biblioteca, no vaya a ser que por aquí atraquen.—

—Raphael...

—¿Sí?

—Tienes un reloj Guci.

—Ajá...

—"Gucci" se escribe con dos "c".

—...— Raphael hizo una pausa, viendo el reloj por unos segundos antes de sacudir la mano, como quien le restaba importancia. —¿Vienes o no?—

Simplemente negué con la cabeza desde mi posición, preparándome para tomar una siesta, ya que obviamente no pensaba ir.



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En el texto hay: suspenso, amistad, univesidad

Editado: 13.03.2026

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