La profesora Williams. Una mujer en sus cuarenta con gafas y la expresión permanente de alguien que estaba oliendo caca. Había terminado de escribir su nombre en la pizarra antes de voltearse para vernos, con el pelo en un moño despeinado que contrastaba enormemente con el resto de su pulcra apariencia.
—Bienvenidos a Historia Colonial I.— Saludó, alzando la barbilla de un modo que le daba aires de militar. —Como dice aquí, soy la profesora H-a-r-r-i-e-t Williams.— Deletreó. —Y ciertamente espero que estén listos para trabajar duro, porque no soy de regalar notas.—
El salón estaba tan lleno que resultaba dificil encontrar lugar para sentarse, y a medida que la clase avanzaba, vi algo extraño en su comportamiento. Al principio, pensé que solo era mi imaginación y no le puse mucho asunto, pero después de media hora noté que Gabriel también parecía darse cuenta de que algo no encajaba.
A medida que pasaba el tiempo, Williams hablaba con una intensidad cada vez más notable, bordeando lo obsesivo, sus ojos brillaban de una manera inquietante cada vez que mencionaba detalles específicos sobre batallas y personajes históricos.
Y su voz.
¿Me estoy volviendo loco?
Porque podría jurar que por momentos su voz cambiaba bruscamente, pasando de la calma a la furia sin previo aviso y volviéndose levemente más grave, pero cuando miré alrededor ni siquiera Raphael parecía haberse dado cuenta, más bien estaba tomando notas como normalmente lo haría cuando una clase actualmente le gustaba.
En un momento, mientras discutía una antigua revuelta colonial y Gabriel se inclinó a buscar algo en su mochila, ella golpeó su escritorio con tanta fuerza que todos en el salón dieron un salto. —¡Todos pongan atención a esto! Es la parte más importante... Los tainos sobrevivientes a la primera masacre se volvieron rebeldes, ocultándose en las montañas del valle y atacando los campamentos por la noche para liberar a sus camaradas, los invasores jamás pudieron rastrear su escondite porque ellos...—
Pero yo había dejado de escucharla, girándome levemente en dirección de Gabriel, cuyos dedos aun repiqueteaban sobre su escritorio, luciendo medio ido.
—¿Estás bien?— Le susurré, mirando de reojo a la profesora para verificar que no se diera cuenta.
—¿Yo? Si, ¿ella? Lo dudo mucho.— Resopló, susurrando de vuelta con el ceño fruncido. —Solo buscaba un lápiz.—
Raphael, que estaba sentado a mi otro costado, se giró y nos miró con una expresión confusa. Cuando la clase terminó, nos reunimos fuera del aula, Con el ojiverde y yo todavía impactados por el comportamiento de la profesora.
—¿Qué demonios le pasa?— Preguntó Gabriel, frotándose la nuca. —Generalmente no me gusta hablar mal de los profesores pero creo que está loca.—
—Definitivamente no es normal.— Miré a Raphael. —¿Tu qué piensas, señor conspiranoico?—
—Que esta vez están exagerando, quizás simplemente es una persona intensa por naturaleza.— Respondió el más alto, cruzándose de brazos.
—¿Exagerando? ¿No escuchaste como le cambiaba la voz?— Rebatí.
—La gripe abunda en estas temporadas.— Respondió, encogiéndose de hombros.
Lo miré como si justo en ese momento le hubiera crecido una tercera cabeza, sin entender por qué de un momento a otro se había vuelto la persona más escéptica sobre la tierra, justo él, quien hasta el día anterior me había estado bombardeando el oído con cada leyenda, historia o podcast que escuchaba respecto a temas que solo podían ser calificados como extraños.
No concebía que Raphael creyera en la existencia de los duendes pero no en que había algo mal con nuestra maestra de historia.
—Creo que deberíamos hablar con algunos estudiantes mayores, ver si saben algo sobre ella.— Sugirió Gabriel.
—Yo propongo retirar la materia y olvidarnos de esto.— Me encogí de hombros, siendo la obvia voz de la razón en esta situación.
—¡NO!— Exclamaron los dos al mismo tiempo el ceño fruncido antes de verse entre sí, probablemente sabiendo que a pesar de estar de acuerdo en eso, ambos tenían diferentes razones para ello.
—Me gusta esta clase, creo que la señora Williams simplemente es un poco...— Pausó, como buscando la palabra. —Excéntrica.—
—Falso, Michael Jackson era excéntrico, ella tiene todos los tornillos zafados.— Gabriel se cruzó de brazos.
Al ver que no estábamos llegando a nada, negué con la cabeza, antes de retomar el paso, temporalmente dando por terminada aquella conversación, pues mi estomago dio el argumento ganador en la forma de un gruñido.
Ambos me siguieron en silencio mientras nos dirigíamos al comedor para almorzar, distraído, me acomodaba el tiro de la mochila cada que pasabamos junto a otros alumnos, pensando que si realmente pasaba algo raro con la profesora lo más sensato era retirar la materia, ya había tenido suficiente con lo de la biblioteca y lo que menos me apetecía era jugar a ser Sherlock Holmes.
Durante el almuerzo, Raphael se dedicó a revisar sus apuntes y Gabriel directamente se fue por su lado a hablar con otros estudiantes. Volviendo un rato después junto a una chica que se presentó como Marlene antes de sentarse con nosotros, su voz tenía un acento distintivo que resultaba agradable al oído, aunque pareció especialmente inquieta cuando Gabriel le pidió repetir lo que había dicho.
—Conozco a Williams.— Aclaró ella, haciendo una pausa mientras se quitaba una liga de la muñeca y ataba su largo pelo rubio en un moño del que algunos rizos escaparon. —Era una buena profesora, pero creo que le sucedió algo el semestre pasado. Se volvió... Extraña, cada vez que le preguntaba a alguien sobre eso me decía que eran cosas mías, y ajá, como no soy de aquí.— Terminó encogiéndose de hombros.
—¿Qué pasó?— Pregunté antes de darle una mordida a mi sándwich, mientras Raphael fingía no escucharnos, aunque podía ver que había dejado de escribir desde que Marlene empezó a hablar.