Con esta nueva información, durante el final de la tarde nos reunimos en la habitación para discutir nuestro próximo paso junto a Marlene, quien alegó no tener nada más que hacer. Gabriel sacó una especie de diario y comenzó a tomar notas de lo que habíamos aprendido.
—Necesitamos encontrar más información sobre la profesora Harold.— Habló Gabriel, pensativo. —Tal vez haya algún registro de su muerte o de lo que estaba enseñando antes de que muriera.—
—La biblioteca podría tener algo.— Sugirió Raphael, aunque su tono indicaba que aún no le entusiasmaba la idea de creer que su profesora favorita tuviera esqueletos en el closet. —Quizás archivos de estos antiguos o periódicos.—
—Es verdad... — Asentí, dándole la completa razón. —Que les vaya bien entonces, cierren la puerta al salir y no se queden hasta muy tarde.— Me despedí dándoles un pulgar arriba, antes de girar la silla devuelta al escritorio y ponerme los audífonos, sobrando decir que ni loco volvería a la biblioteca, mucho menos ahora que solo quedaba un cachito de sol en el cielo.
Gabriel, Raphael y Marlene se dirigieron a la puerta, pero antes de salir, Marlene se giró hacia mí.
—Seguro que no quieres venir? Podríamos necesitar tu ayuda.— Trató de hacerme cambiar de opinión.
—No gracias, he tenido suficientes aventuras por un semestre, pero buena suerte.— Casualmente, ajusté mis audífonos para dar por terminada la conversación.
De reojo los vi salir de la habitación y cerrar la puerta detrás de ellos. Suspiré de alivio, contento de quedarme en la seguridad que aquellas cuatro paredes me brindaban. Sin embargo, conforme pasaron los minutos empecé a sentir inquietud.
La tranquilidad era demasiada y recordar aquellos ojos en la oscuridad me puso nervioso, pero me tranquilicé pensando que seguro aquel espectro no podía dejar la biblioteca, o alguien más ya lo hubiera visto.
Y así pasaron unos minutos, hasta que el ruido de un perro aullando a la distancia me hizo levantar de un salto. Dejé los audífonos que de todas formas estaban apagados encima del escritorio y agarré mi chaqueta. Saliendo de la habitación rápidamente, me dirigí a la biblioteca. Mientras caminaba, el sol terminó de ocultarse, sumiendo el campus en la penumbra.
Cuando llegué a la biblioteca, vi a Raphael y Marlene en la entrada, discutiendo en voz baja.
—Hey, ¿cambiaste de opinión?— Preguntó Marlene con una sonrisa.
—No podía dejarlos solos.— Mentí con descaro.
La biblioteca estaba tan silenciosa como la última vez, las luces parpadeaban levemente mientras caminábamos por los pasillos, avanzando a la sección de archivos. El ambiente era tenso, y casi podía sentir la ansiedad de los demás como si fuera mia.
O quizás si lo era, resultaba dificil definirlo en aquellos momentos.
—Aquí es.— Avisó Raphael, señalando una puerta de madera antigua con una placa que decía "Archivos Históricos".
Gabriel se nos unió momentos después, sacando una llave que probablemente había pedido a la bibliotecaria antes de introducirla en la cerradura. La puerta se abrió con un chirrido, revelando una sala de estanterías repletas de documentos y libros antiguos.
—Dividámonos y busquemos cualquier cosa relacionada con la profesora.— Sugirió Raphael, caminando hacia un estante.
Nos dispersamos por la sala, revisando los archivos y libros en busca de pistas. Marlene encontró un archivero sin seguro y comenzó a ojear sus papeles. Gabriel buscaba en los periódicos antiguos, y yo me concentré en los registros académicos.
—¡Encontré algo!— Exclamó Marlene después de un rato, cortando aquel prolongado silencio en el que nos habíamos sumido, a la vez que sostenía un documento amarillento. —Es un registro de la profesora Harold... Parece que estaba investigando sobre prácticas oscuras en la historia colonial.—
Raphael se acercó rápidamente y tomó el documento para leerlo en voz alta.
—Rituales antiguos y en cómo influyeron en el inicio de la sociedad.— Recitó, con el ceño fruncido.
En ese momento Gabriel avisó que también había encontrado algo. —Hay un artículo sobre la muerte de la profesora. Dice que fue encontrada en su casa, con símbolos extraños dibujados en las paredes y su piel. La policía no pudo determinar la causa de la muerte, pero algunos especularon que fue algún tipo de ritual.—
Nos quedamos en silencio, procesando la información. Todo apuntaba a que Harold había estado involucrada en algo peligroso.
—Entonces... ¿Qué pinta Williams aquí?— Pregunté, tratando de conectar los puntos.
—No sé.— Respondió Gabriel. —Pero, sea lo que sea, no parece algo bueno.—
—¿Por qué nos-.— Empecé a decir, cuando de repente, las luces de la sala comenzaron a parpadear violentamente. Me quedé paralizado, y un frío intenso llenó la habitación.
—Tenemos que salir de aquí.— Marlene fue la primera en hablar, aunque su voz temblaba.
Nos dirigimos hacia la puerta, pero esta se cerró de golpe delante de nosotros. Algo oscuro y opresivo llenó el aire, pude sentir una presencia a nuestro alrededor, justo como la última vez en el pasillo.
—¡Rápido, busquen otra salida!— Gritó Raphael, alejándose de la puerta.
Nos movimos frenéticamente por la sala, buscando una ventana o alguna otra puerta. Gabriel encontró una ventana alta, y entre los cuatro logramos abrirla para salir.
Traté de no mirar atrás pero resultó imposible, y desde el interior de la ventana por la que habíamos salido pude apreciar aquel par de ojos amarillos mirándome fijamente por un instante antes de evaporarse en la oscuridad. Solo eso necesité para acelerar, corriendo incluso más rápido que Raphael a pesar de ser mucho menos atlético que él.
Cuando finalmente nos detuvimos, todos estábamos jadeando y temblando, sin darnos cuenta habíamos terminado en medio del jardín central.
—¿Qué demonios fue eso? — Cuestionó Marlene, intentando normalizar su respiración mientras se tocaba el pecho, como quien intentaba asegurarse de no estar sufriendo un ataque cardiaco.