El viento ululaba sobre la vasta extensión de hielo como un lamento de siglos antiguos. Cuatro figuras avanzaban con dificultad entre grietas que parecían tragar la luz del sol polar. Cada paso era una lucha contra la traición del hielo y el frío que perforaba la carne, penetrando hasta los huesos. No era simplemente un frío físico; había una presión invisible, un peso que hacía que la mente se sintiera pequeña, insignificante, frente a la inmensidad de aquel desierto blanco.
El doctor Erik Hallstrom, líder de la expedición, observaba los mapas con ceño fruncido, consciente de que ninguna cartografía había capturado realmente lo que yacía más allá de aquel horizonte de hielo. Su compañera, Clara Mendes, lingüista experta en lenguas muertas, murmuraba para sí misma, repasando antiguos textos que hablaban de regiones desconocidas más allá del norte del mundo, lugares que incluso las leyendas consideraban olvidados por el tiempo.
El geólogo Victor Brandt y el biólogo Samuel Keane avanzaban con cautela, observando grietas y fisuras en el hielo, midiendo temperaturas que descendían más allá de los límites de la supervivencia humana. Cada respiración era visible, cada movimiento producía un crujido que se fundía con el viento, generando un eco que parecía provenir de algún lugar profundo bajo la superficie congelada.
La sensación de ser observados comenzó como un hilo casi imperceptible, un escalofrío que recorría la columna vertebral sin razón aparente. Ninguno de ellos hablaba; sus mentes estaban ocupadas con la ansiedad de la caminata, la vastedad y el silencio que no era silencio, sino un vacío que parecía absorber sus pensamientos.
Fue Victor quien lo vio primero: una formación rocosa que se alzaba como un coloso antiguo entre la nieve. Allí, entre los acantilados de hielo, se dibujaba una abertura oscura, un agujero que respiraba un aire húmedo y putrefacto. Incluso desde la distancia, el lugar parecía... prohibido. La luz de sus linternas no hacía más que resaltar la profundidad de la sombra.
Clara frunció el ceño. “Es… imposible. La cueva no aparece en los mapas. Esto… esto no debería existir.”
Erik, con un tono que buscaba infundir calma pero que no podía ocultar su propia inquietud, asintió. “Exploraremos, pero con cautela. Recuerden: no hay nada en este mundo que nos prepare para lo que pueda estar al otro lado.”
El silencio que siguió fue absoluto, un silencio que no era natural, como si la propia cueva contuviera la respiración del tiempo detenido. Avanzaron unos pasos y un crujido metálico resonó desde dentro del hielo. Era imposible saber si provenía del hielo, de la roca… o de algo que los observaba desde el interior de la caverna.
La entrada a la cueva era más estrecha de lo que parecía desde fuera. El aire que exhalaban sus pulmones regresaba helado y cargado de humedad, como si la propia caverna respirara. Cada paso dentro de aquel túnel producía un eco que parecía prolongarse siglos, resonando con un ritmo que confundía la mente. Clara extendió la mano hacia la pared y sus dedos rozaron la roca; estaba cubierta de extraños grabados, marcas que giraban y se retorcían con un movimiento apenas perceptible, como si fueran entidades vivas bajo la superficie.
“Esto… esto no es un lenguaje”, murmuró Clara, la voz temblorosa. “No tiene estructura conocida. No es humano… ni nada que haya visto antes.”
Victor iluminó los grabados con su linterna, y el haz de luz parecía reaccionar al tacto de Clara, proyectando sombras que se movían con independencia. Samuel permanecía cerca de Erik, cada uno de ellos sintiendo un hormigueo en la nuca, una alerta que no podía explicarse. Era como si la cueva misma los estudiara, anticipando sus movimientos, esperando el momento en que la cordura comenzara a flaquear.
A medida que avanzaban, la temperatura descendía aún más rápido, y un hedor a putrefacción y mariscos antiguos llenaba el aire. Samuel se tapó la boca y la nariz, aunque sabía que no podía evitar la sensación de asco que calaba más allá de lo físico: una repugnancia que parecía penetrar la mente.
Clara comenzó a murmurar los símbolos, pronunciando sonidos que se negaban a permanecer humanos. Cada palabra que salía de su boca parecía resonar en la roca, y un zumbido grave llenó la cueva, como si algo respondiera desde las profundidades, desde un lugar donde la luz y la forma no existían.
El túnel se abrió finalmente en una cámara amplia, circular y completamente cubierta de símbolos. Algunos parecían representar formas que desafiaban la anatomía conocida: cuerpos con demasiadas extremidades, ojos en posiciones imposibles, bocas abiertas en gritos eternos que no podían escucharse. Erik sintió un escalofrío recorrer su columna; algo dentro de él sabía que no debía mirar, pero la curiosidad era demasiado fuerte.
Entonces lo vio: una sombra suspendida en el centro de la cámara, que no tocaba el suelo, que se movía con lentitud imposible y que, al parecer, no tenía límites definidos. La forma era cambiante, indefinible, como si la misma realidad se retorciera a su alrededor. Un murmullo profundo llenó la cámara, reverberando en sus cráneos. Era imposible comprenderlo, imposible traducirlo: el sonido no era sonido, sino un pensamiento que se colaba en sus mentes, mostrando imágenes de mundos antiguos y ciudades sumergidas bajo océanos de oscuridad.
Victor fue el primero en gritar. Su cuerpo se retorció de manera antinatural mientras algo invisible lo levantaba y luego lo arrojaba contra la pared. La linterna cayó de sus manos y el haz de luz bailó sobre la cámara, revelando que la sombra no estaba sola: pequeñas protuberancias se movían por el suelo y las paredes, como insectos gigantescos que solo podían ser percibidos por el rabillo del ojo.
Samuel trató de correr, pero cada paso parecía más pesado, como si la gravedad misma se burlara de él. Clara permanecía de pie, murmurando los símbolos con frenética intensidad, mientras el murmullo crecía hasta un rugido que parecía querer romper sus cráneos. Erik, temblando, comprendió que estaban frente a algo que la mente humana no podía soportar, algo que no debía ser visto ni nombrado.
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Editado: 29.01.2026