Un bosque mágico y sus amigos
En el corazón del Bosque Risueño, donde los árboles susurraban secretos y las flores parecían pequeños soles, vivían cinco amigos muy especiales. Tito, el zorro, era pequeño y callado, pero sus ojos brillaban como si siempre estuviera planeando algo. Lina, la ardilla, corría más rápido que el viento, aunque se ponía nerviosa y chillaba por cualquier cosa. Bruno, el oso, era enorme y fuerte, pero siempre decía: "No sé para qué sirve ser tan grande". Pipo, el loro, llenaba el aire con su parloteo loco y sus plumas de arcoíris, y Rani, la tortuga, caminaba despacito, pero miraba el mundo con una calma sabia.
Eran amigos inseparables. Jugaban a cazar tesoros entre las raíces, saltaban sobre charcos brillantes y se contaban historias bajo las estrellas. Pero una mañana, el bosque tembló con un ruido que no conocían: ¡BAM! ¡CRASH! Algo estaba cambiando, y no era bueno.
El peligro doble: Niños y una máquina misteriosa
Los amigos corrieron a esconderse detrás de un arbusto gigante y vieron algo que les heló la cola: tres niños del pueblo, con hachas pequeñas y martillos, cortaban ramas y apilaban madera.
-Vamos a hacer un fuerte secreto -gritó uno, riendo.
Pero eso no era todo. Más allá, entre los árboles, había un hombre alto con un sombrero negro y una máquina ruidosa que escupía humo.
-Este bosque será perfecto para mi fábrica de juguetes -dijo, frotándose las manos.
Los animales grandes del bosque, el ciervo, el búho y el puma, se reunieron de emergencia.
-Huyamos antes de que nos aplasten -dijo el ciervo, pateando el suelo.
-Luchemos contra esa máquina -rugió el puma.
Pero Tito, con su voz bajita pero firme, dijo:
-No. Podemos salvar el bosque… juntos -todos lo miraron, sorprendidos.
-¿Un plan? ¿De Tito, el zorro callado? -se escuchó decir.
El primer desafío: Descubriendo los dones
Esa noche, bajo la luna redonda como un queso, Tito reunió a sus amigos junto al Árbol Abuelo, un roble gigante con ramas que parecían brazos abiertos.
-Los humanos no saben que este es nuestro hogar -explicó-. Si les mostramos quiénes somos, podemos cambiarlo todo.
-¿Pero cómo? -chilló Lina, subiendo y bajando del árbol como un relámpago-. Solo sé correr y temblar.
-Y yo solo hablo sin parar -cacareó Pipo, agitando las alas hasta soltar plumas.
-Mi fuerza no sirve contra una máquina -gruñó Bruno, pateando una piedra.
-Y yo soy tan lenta que me quedaré atrás -suspiró Rani, metiendo la cabeza en su caparazón.
Tito sonrió, sus ojos brillando como luciérnagas.
-He visto lo que pueden hacer. Cada uno tiene un don especial, y lo usaremos.
Los amigos se miraron, dudosos pero curiosos. ¿De verdad eran tan brillantes como decía Tito?
La aventura: El ataque del ruido
El plan empezó al amanecer. Primero, Pipo voló hacia los niños, gritando con su voz chillona:
-Oigan, oigan, miren por aquí.
Los niños dejaron sus hachas y lo siguieron, riendo.
-Es un loro loco -dijo uno.
Pero entonces, la máquina del hombre del sombrero negro rugió más fuerte: RUMMM, RUMMM. Las hojas cayeron, y un árbol se tambaleó.
-Tenemos que apagar eso -gritó Tito.
Lina corrió como un rayo rojo, saltando entre ramas para buscar el cable que alimentaba la máquina.
-Soy rápida como el viento -chilló, sorprendida de lo útil que era.
Lo encontró: un cable gordo y negro se asomaba, pero estaba muy alto.
-Bruno, tú puedes -dijo Tito.
El oso, dudando, subió al árbol más grande y, con un rugido, arrancó el cable con sus patas fuertes. La máquina se apagó.
-Puedo mover montañas -rugió Bruno, sonriendo por primera vez.
Los niños aplaudieron, pensando que era un juego, pero el hombre del sombrero negro frunció el ceño.
-Esto no se queda así -gruñó.
El segundo desafío: La trampa del hombre
El hombre no se rindió. Al día siguiente, trajo una jaula gigante y la escondió entre los arbustos. "Atraparé a esos bichos entrometidos" pensó. Los amigos no lo sabían, pero mientras jugaban cerca del río, la jaula cayó sobre Pipo y Rani.
-Ayuda, ayuda -gritó Pipo, aleteando como loco.
Rani, tranquila, dijo:
-No te preocupes, pensaremos en algo.
Tito, Lina y Bruno corrieron al rescate.
-Necesitamos un plan -dijo Tito.
Lina trepó a un árbol alto y vio que la jaula tenía un candado. "¡Es pesado, pero Bruno puede romperlo!" chilló. Bruno, con su fuerza nueva, dio un golpe al candado: Se abrió, y Pipo salió volando como un cohete de colores.
Pero Rani seguía dentro, demasiado lenta para salir rápido.
-Usa tu cabeza, Rani -dijo Tito.
Rani pensó y pensó, y luego dijo:
-Cavemos un túnel.
Con sus patitas pequeñas, pero firmes, empezó a escarbar, y pronto salió por el otro lado. “Ser lenta me hace pensar mejor" sonrió. Los amigos saltaron de alegría, pero el hombre del sombrero negro ya venía con otra idea.
La gran aventura: El claro mágico
El hombre trajo una red enorme para atraparlos a todos.
-Se acabaron los juegos -gritó.
Pero Rani tuvo una idea loca.
-Hagamos que los niños nos ayuden -dijo.
Tito le pidió a Pipo volar hacia ellos otra vez, parloteando:
-Cuiden el bosque, cuiden el bosque.
Los niños lo siguieron, curiosos, mientras Lina corría como un relámpago para guiarlos a un claro lejano, lleno de flores y piedras brillantes, que Rani había encontrado.
-Bruno, haz un camino -gritó Tito.
El oso empujó troncos y rocas con su fuerza de montaña, creando un sendero mágico.
-Rani, decora -dijo Tito.
La tortuga, con calma, puso flores y ramitas hasta que el claro parecía un castillo de cuentos.
Cuando los niños llegaron, quedaron boquiabiertos.
-Este lugar es perfecto para nuestro fuerte -gritó uno.