El árbol misterioso
En el rincón más escondido del Bosque Encantado, donde las enredaderas cantaban con la brisa y las luciérnagas bailaban como estrellitas, vivía un grupo de amigos animales que adoraban las aventuras. Estaba Mila, la liebre, que saltaba más alto que nadie y soñaba con tocar las nubes. Roco, el tejón, cavaba túneles como si fuera un explorador de tesoros. Sol, la ardilla dorada, trepaba árboles más rápido que un rayo de sol. Y Lulu, el erizo, pequeño y pinchudo, siempre llevaba un lápiz detrás de la oreja, porque le gustaba garabatear en las hojas secas.
Una tarde, mientras jugaban a "caza el brillo" con las luciérnagas, Mila tropezó con algo duro. Era la raíz de un árbol gigante, más viejo que el bosque mismo, con corteza gris como la luna y ramas que parecían abrazar el cielo. Pero lo más raro eran los símbolos grabados en su tronco: líneas curvas, círculos y estrellitas que brillaban débilmente.
-¿Qué es esto? -preguntó Sol, tocando uno con la pata. Los símbolos parpadearon como si estuvieran vivos.
-Es un misterio -dijo Roco, olfateando la tierra.
Lulu, con sus ojitos curiosos, garabateó los símbolos en una hoja.
-Parecen letras… pero no las entiendo -murmuró.
De pronto, un aleteo suave bajó desde las ramas. Era Beto, el búho sabio, con plumas blancas como nieve y ojos grandes como platos.
-Eso -dijo con voz profunda-, es el Árbol de las Historias.
El secreto del búho
Los amigos rodearon a Beto, saltando de emoción.
-¿Qué es el Árbol de las Historias? -chilló Mila, dando brincos.
Beto extendió un ala y señaló los símbolos.
-Hace mucho tiempo, los animales del bosque escribieron cuentos en este árbol. Cada símbolo es una palabra, y cada palabra guarda un pedacito de magia. Si aprenden a leerlos, las historias despertarán.
-Pero nosotros no sabemos leer cosas raras -dijo Sol, rascándose la cabeza.
Beto sonrió.
-Solo necesita escuchar con el corazón. Vengan, les enseñaré.
Los amigos se sentaron en círculo, y Beto señaló el primer símbolo: una línea curva con un puntito.
-Esto significa ‘luz’ -explicó.
Luego tocó un círculo con rayas.
-Y esto es ‘amigo’.
Poco a poco, los animales unieron las palabras: "Luz de amigos".
De pronto, el símbolo brilló más fuerte, y una risita salió del árbol.
-Está vivo -gritó Roco, saltando hacia atrás.
Beto asintió.
-Lean en voz alta, y lo verán.
Mila, valiente como siempre, dio un paso adelante y dijo:
-"Luz de amigos". Una chispa dorada salió del árbol, y el aire se llenó de colores: rojo, azul, verde, como un arcoíris que danzaba. Los amigos aplaudieron, boquiabiertos.
-Queremos más -gritaron.
Las historias cobran vida
Beto les enseñó más símbolos, y pronto los amigos leyeron su primer cuento:
"El Río que Cantaba". Cuando Sol gritó las palabras, el suelo tembló suavemente, y un río de luces azules apareció frente a ellos, cantando una canción dulce como el viento.
-Es mágico -dijo Lulu, dibujando el río en una hoja con su lápiz.
Luego vino "La Nube Traviesa", y al leerla, una nube pequeña y esponjosa bajó del cielo, soltando risas y gotitas brillantes que mojaron a Roco.
-Me atrapó -dijo, sacudiéndose.
Cada historia era más increíble.
En "El Dragón de Flores", un dragón hecho de pétalos voló sobre el árbol, dejando un olor a primavera.
En "La Cueva de los Sueños", luces moradas formaron una cueva donde los amigos vieron sus deseos: Mila saltando hasta la luna, Roco encontrando un cofre de oro, Sol corriendo en un bosque dorado y Lulu dibujando un libro gigante.
-Es como si nos conociera -dijo Mila, maravillada.
Pero entonces, Beto bajó la cabeza.
El árbol está cansado -dijo-. Las historias viejas se apagan si nadie escribe nuevas.
Los símbolos empezaban a desvanecerse, y el brillo del árbol se volvía gris. Los amigos se miraron, tristes.
-¿Y si se acaba la magia? -susurró Lulu.
Escribir su propia historia
-No dejaremos que muera -dijo Mila, pateando el suelo.
-¿Pero cómo escribimos? -preguntó Sol, nerviosa.
Beto les dio una pluma mágica hecha de una pluma suya y un poco de tinta de luciérnaga. -Piensen en algo que amen, y dibújenlo en el árbol- explicó-. La magia hará el resto.
Los amigos se sentaron bajo las ramas, pensando.
-Yo amo saltar -dijo Mila, y dibujó un símbolo como un conejo dando un brinco.
-Yo amo cavar -gritó Roco, garabateando un túnel con estrellitas.
-Amo correr entre árboles -dijo Sol, trazando líneas rápidas como rayos.
Lulu, tímida, susurró:
-Amo dibujar y contar cosas -y dibujó un libro con corazones.
Cuando terminaron, Tito los juntó en un cuento: "Los Amigos que Brillan".
Mila leyó en voz alta:
"En un bosque lleno de luz, los amigos saltaron, cavaron, corrieron y dibujaron juntos."
El árbol tembló, y un torbellino de colores explotó:
Liebres doradas saltaban entre nubes, túneles brillaban con gemas, árboles cantaban con ardillas veloces, y libros gigantes flotaban con dibujos que cobraban vida. El Árbol de las Historias brilló más fuerte que nunca, como si sonriera.
Un bosque eterno
Beto batió las alas, feliz.
-Lo hicieron ahora, el árbol vivirá siempre, porque ustedes le dieron amor.
Los amigos saltaron y rieron, abrazándose bajo las luces mágicas.
-Leer es como viajar sin moverse -dijo Sol.
-Y escribir es hacer magia -gritó Roco.
-Dibujar es compartir lo que siento -sonrió Lulu.
Mila miró al cielo.
-Y el amor lo hace todo más grande.
Prometieron volver al árbol cada luna llena para escribir más historias: sobre piratas de nubes, tortugas voladoras, o lo que sus corazones imaginaran.
-Algún día -dijo Beto-, otros animales, encontrarán estas historias y las leerán con el mismo amor.