Cuentos Mágicos para Primeros Lectores: Valientes y Curiosos

Capítulo 15. Beto y el bosque de las historias

El árbol misterioso

En el rincón más escondido del Bosque Encantado, donde las enredaderas cantaban con la brisa y las luciérnagas bailaban como estrellitas, vivía un grupo de amigos animales que adoraban las aventuras. Estaba Mila, la liebre, que saltaba más alto que nadie y soñaba con tocar las nubes. Roco, el tejón, cavaba túneles como si fuera un explorador de tesoros. Sol, la ardilla dorada, trepaba árboles más rápido que un rayo de sol. Y Lulu, el erizo, pequeño y pinchudo, siempre llevaba un lápiz detrás de la oreja, porque le gustaba garabatear en las hojas secas.

Una tarde, mientras jugaban a "caza el brillo" con las luciérnagas, Mila tropezó con algo duro. Era la raíz de un árbol gigante, más viejo que el bosque mismo, con corteza gris como la luna y ramas que parecían abrazar el cielo. Pero lo más raro eran los símbolos grabados en su tronco: líneas curvas, círculos y estrellitas que brillaban débilmente.

-¿Qué es esto? -preguntó Sol, tocando uno con la pata. Los símbolos parpadearon como si estuvieran vivos.

-Es un misterio -dijo Roco, olfateando la tierra.

Lulu, con sus ojitos curiosos, garabateó los símbolos en una hoja.

-Parecen letras… pero no las entiendo -murmuró.

De pronto, un aleteo suave bajó desde las ramas. Era Beto, el búho sabio, con plumas blancas como nieve y ojos grandes como platos.

-Eso -dijo con voz profunda-, es el Árbol de las Historias.

El secreto del búho

Los amigos rodearon a Beto, saltando de emoción.

-¿Qué es el Árbol de las Historias? -chilló Mila, dando brincos.

Beto extendió un ala y señaló los símbolos.

-Hace mucho tiempo, los animales del bosque escribieron cuentos en este árbol. Cada símbolo es una palabra, y cada palabra guarda un pedacito de magia. Si aprenden a leerlos, las historias despertarán.

-Pero nosotros no sabemos leer cosas raras -dijo Sol, rascándose la cabeza.

Beto sonrió.

-Solo necesita escuchar con el corazón. Vengan, les enseñaré.

Los amigos se sentaron en círculo, y Beto señaló el primer símbolo: una línea curva con un puntito.

-Esto significa ‘luz’ -explicó.

Luego tocó un círculo con rayas.

-Y esto es ‘amigo’.

Poco a poco, los animales unieron las palabras: "Luz de amigos".

De pronto, el símbolo brilló más fuerte, y una risita salió del árbol.

-Está vivo -gritó Roco, saltando hacia atrás.

Beto asintió.

-Lean en voz alta, y lo verán.

Mila, valiente como siempre, dio un paso adelante y dijo:

-"Luz de amigos". Una chispa dorada salió del árbol, y el aire se llenó de colores: rojo, azul, verde, como un arcoíris que danzaba. Los amigos aplaudieron, boquiabiertos.

-Queremos más -gritaron.

Las historias cobran vida

Beto les enseñó más símbolos, y pronto los amigos leyeron su primer cuento:

"El Río que Cantaba". Cuando Sol gritó las palabras, el suelo tembló suavemente, y un río de luces azules apareció frente a ellos, cantando una canción dulce como el viento.

-Es mágico -dijo Lulu, dibujando el río en una hoja con su lápiz.

Luego vino "La Nube Traviesa", y al leerla, una nube pequeña y esponjosa bajó del cielo, soltando risas y gotitas brillantes que mojaron a Roco.

-Me atrapó -dijo, sacudiéndose.

Cada historia era más increíble.

En "El Dragón de Flores", un dragón hecho de pétalos voló sobre el árbol, dejando un olor a primavera.

En "La Cueva de los Sueños", luces moradas formaron una cueva donde los amigos vieron sus deseos: Mila saltando hasta la luna, Roco encontrando un cofre de oro, Sol corriendo en un bosque dorado y Lulu dibujando un libro gigante.

-Es como si nos conociera -dijo Mila, maravillada.

Pero entonces, Beto bajó la cabeza.

El árbol está cansado -dijo-. Las historias viejas se apagan si nadie escribe nuevas.

Los símbolos empezaban a desvanecerse, y el brillo del árbol se volvía gris. Los amigos se miraron, tristes.

-¿Y si se acaba la magia? -susurró Lulu.

Escribir su propia historia

-No dejaremos que muera -dijo Mila, pateando el suelo.

-¿Pero cómo escribimos? -preguntó Sol, nerviosa.

Beto les dio una pluma mágica hecha de una pluma suya y un poco de tinta de luciérnaga. -Piensen en algo que amen, y dibújenlo en el árbol- explicó-. La magia hará el resto.

Los amigos se sentaron bajo las ramas, pensando.

-Yo amo saltar -dijo Mila, y dibujó un símbolo como un conejo dando un brinco.

-Yo amo cavar -gritó Roco, garabateando un túnel con estrellitas.

-Amo correr entre árboles -dijo Sol, trazando líneas rápidas como rayos.

Lulu, tímida, susurró:

-Amo dibujar y contar cosas -y dibujó un libro con corazones.

Cuando terminaron, Tito los juntó en un cuento: "Los Amigos que Brillan".

Mila leyó en voz alta:

"En un bosque lleno de luz, los amigos saltaron, cavaron, corrieron y dibujaron juntos."

El árbol tembló, y un torbellino de colores explotó:

Liebres doradas saltaban entre nubes, túneles brillaban con gemas, árboles cantaban con ardillas veloces, y libros gigantes flotaban con dibujos que cobraban vida. El Árbol de las Historias brilló más fuerte que nunca, como si sonriera.

Un bosque eterno

Beto batió las alas, feliz.

-Lo hicieron ahora, el árbol vivirá siempre, porque ustedes le dieron amor.

Los amigos saltaron y rieron, abrazándose bajo las luces mágicas.

-Leer es como viajar sin moverse -dijo Sol.

-Y escribir es hacer magia -gritó Roco.

-Dibujar es compartir lo que siento -sonrió Lulu.

Mila miró al cielo.

-Y el amor lo hace todo más grande.

Prometieron volver al árbol cada luna llena para escribir más historias: sobre piratas de nubes, tortugas voladoras, o lo que sus corazones imaginaran.

-Algún día -dijo Beto-, otros animales, encontrarán estas historias y las leerán con el mismo amor.




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