Cuentos - Parte I

Autana

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¿Cuál es el dolor más grande que has sufrido? Piensa. Tómate tú tiempo.

¿Ya lo tienes?

¿Es mental? ¿Emocional? o ¿Físico?

Está bien, no es necesario que lo traigas aquí. No lo desentierres o remuevas. La verdad tampoco es relevante. Sólo quiero que tengas una ligera idea del umbral del dolor de Eva, una mujer de 30 años encerrada en su propio cuerpo.

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Un día igual al de hoy sería el cumpleaños número 30 de una de las mujeres más hermosas de la alta sociedad de ésta ciudad. Su belleza natural, talentos, valores, calidez, así como su espíritu mutable, aventurero, curioso y humilde, no parece combinar con su apellido y posición en la sociedad. Con una sala llena de la crema y nata de familias con renombre, así como la propia compuesta por un inigualable esposo y dos maravillosos hijos, celebra con mesas de quesos, barra de carpaccio y fina champaña, celebran la vida de la mujer que tiene maquillaje del cuello a los tobillos para esconder la golpiza nocturna que le propinó su flamante pareja, por no estar de acuerdo con la presencia de la amante en su fiesta de cumpleaños.

—Deberías estar más feliz. No volverás a cumplir está edad nunca más —le recomienda su suegra, en el escondite de la noche de Eva, la última mesa del espacio donde está la comida tradicional, su comida favorita—. Ve a bailar, a conversar con las esposas viejas o despertar envidias en las solteras que no tienen lo que tú sí... a mi hijo por supuesto —se ríe mientras toma un trago de su copa.
—Gracias por los consejos, Victoria, pero aquí estoy bien.
—Mmm-hmm. Ya veo —mira a Eva de arriba a abajo—. Pues tampoco estás como para levantar envidias o malos pensamientos hoy, con ese vestidito, nada falta para que parezcas monja.
—Estoy así, suegra, porque tú hijo anoche me convirtió en un saco de boxeo, cuando le dije que no que quería aquí a la zorra con la que está bailando —dice mientras ve la pista de baile y termina de tomar su champán, luego se gira para verla—. Además, sabe perfectamente que Roberto es muy celoso, me asombra que me aconseje que vaya a levantar envidias o que me vista provocativamente. ¿O es que quiere que esta noche de regalo de cumpleaños, mi esposo, me mate a golpes por sus recomendaciones?
—Bueno, si eso pasa... al menos ya me diste dos nietos varones, la continuidad de nuestro imperio. Se podría decir que serviste para algo, a pesar de tu puto corazón de pollo —se gira y mira a los ojos a Eva—, lo que les falta es un poco de mano dura para que se encarrilen —la señora choca su copa con la de su nuera—, ¡salud!

Eva sigue con la mirada a su suegra que regresa a la fiesta levantando los brazos, integrándose al baile grupal que se creó en medio de la pista, con la canción que bailó en la primera cita con su ahora esposo, de su cantante de salsa favorito.

Al amanecer, Eva despierta en su jaula de oro por una de sus ayudantes que le lleva el desayuno a su cama, donde se encuentra sola, desde que terminó la fiesta. En la bandeja hay comida reconfortante y un sobre junto a una rosa blanca, su favorita, en él hay una carta de disculpa, escrita por quien quiera que te imagines menos por su esposo y sorpresivamente un pasaje para el estado Amazonas, con tour incluido al municipio Autana, a visitar un extraordinario Tepuy que Eva siempre soñó conocer. Pero... ¿si ves lo raro? ¿Lo notaste? Solo un pasaje, solo un espacio con el guía. No es un viaje familiar, ni uno madre e hijos, ni otra luna de miel, sin duda es un viaje para alejarla... o desaparecerla.

"Es un maravilloso regalo. Aprovecha. Ve y relájate un poco" le responden todos aquellos a los que Eva le consulta opiniones al respecto, incluido sus padres y hermanos, únicos familiares directos. Así que entre dudas y arreglos pasan tres días, y ya va rumbo al punto de encuentro, en una avioneta. A miles de metros del tepuy, y otros miles del centro de guías, en plena densa selva, un espacio vacío termina siendo la pista de aterrizaje. El piloto le ayuda a descargar su equipaje, con una mano, y con la otra le apunta con una 9mm, para que no dude en bajar allí.

Tras horas de maldecir, llorar, gritar por ayuda e intentar encontrar una barrita de señal en su teléfono, cae agotada en el mismo lugar del inicio. Con las cobijas que llevó intenta protegerse del frío, los insectos y la tormenta de pensamientos que llegan en semejante silencio sagrado aislado del mundo entero. La noche trae consigo voces que Eva no reconoce, y en pleno trance de adormecimiento ve una situación insoportable: su hijo menor de 3 años, había mojado la cama, y su suegro decidió resolverlo con unos correazos. La escena era fatídica... el niño en el suelo privado en llanto, el abuelo tomando impulso para asestar un nuevo golpe, la abuela tomando café con pan y su hermano mayor en la puerta llorando y gritando con furia que dejara al niño, todo en la misma habitación. Sin su padre a la vista, sus retoños, eran indefensos, desprotegidos... huérfanos.

La mujer se incorpora y regresa, física y mentalmente, para llorar inconsolable por lo que acaba de... ¿ver? ¿Soñar? ¿Imaginar? ¿Cómo lo consideras? o ¿Cómo lo calificas? ¿Un miedo irracional, un sucio juego de su subconsciente o una premonición?

Sea lo que sea, ha terminado por ahora, Eva, después de vomitar la poca agua que consumió en el día se hunde en un mar infinito de sollozos y de repente ve frente a ella una figura masculina bien definida, iluminada en un blanco puro y cegador, que se acerca a ella y coloca su mano en la coronilla de la mujer. Ella agotada y casi sin aire, no pelea, no analiza, ni lo rechaza, solo se deja llevar.

—Te puedo ayudar... porque necesitas y necesitarás mucha ayuda—le dice este místico ente directo en sus pensamientos, con una suave y calmada voz—.
—Necesito salir de aquí... mis hijos me necesitan... no... sé...
—Silencio. No te esfuerces más, luego necesitaremos esa energía, y yo ya sé todo lo que te urge y padeces —Eva suspira suavemente, sacando todo el aire de sus pulmones—. Muy bien, hablaremos con lo que tú conoces como mente... puedo sacarte de aquí viva, puedo hacer que no te hagan más daño y sobre todo puedo ayudarte a deshacerte de tu marido y su familia, pero me debes dar espacio en ti, en todo lo que te compone. Mente, cuerpo y espíritu. ¿Aceptas?



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En el texto hay: fantasia, drama, thriller asesino

Editado: 05.06.2026

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