Cuentos perdidos

Intruso

Lo ví aquella noche en mi cuarto, no era fácil de notar, estaba tan oscuro que ni siquiera se notaba pero lo vi, tenía ojos que brillaban a pesar de la falta de luz, con su mirada juzgaba tu alma y la consolaba al mismo tiempo, no hizo más que observarme y acariciarme con la vista. No emite ningún sonido, ni siquiera se oía si respirada solo nos limitamos a mirarnos pues yo no podía moverme, las parálisis de sueño se habían vuelto comunes para mi desde no se cuanto, no eran tan seguidas pero si eran recurrentes, esta vez no le tome importancia pero igual se sintió diferente.

Habían pasado meses desde que el padre de Bruney murió en un accidente de carro cuando se encontraba con su hijo. Regresaban de un partido de rugby por la tarde cuando un camión los embistió, se habría podido evitar si hubieran salido unos minutos después pero Bruney tenía prisa, aunque luego del incidente no recordaba por que tenia prisa, y aunque se lamentada su padre no volvería, pasó muchos días encerrado en su cuarto después del accidente pero eventualmente tendría que volver a la vida. Su madre lo había culpado por la muerte y como ‘’castigo’’ asesinó al perro que su padre le dejó y por ello un día escapó de casa.

Vagando por la calle un hombre lo acogió al verlo tan joven, se conmovió al oír lo ocurrido por lo que lo crió como su hijo, a pesar de eso nunca pudo acercarse como un padre con él, nunca pudo comprender su mente, a pesar que siempre lo intentó.

En el colegio parecía un muchacho algo callado pues el impacto del accidente fue tan grande que se pasaba todos los días repasando esos momentos en su cabeza. Lo cambiaron de escuela por lo ocurrido con su madre, lo metieron en un instituto donde prometían atención mental y educación de alto nivel pero nunca hubo efectos.

Pero un día en el pasillo que daba a las escaleras justo a lado del salón de Bruney, donde él se hallaba parado mirando la nada misma, repasando el mismo recuerdo una y otra vez, recordando la culpa y el horror de aquel momento y luego recordando a su perro, el único recuerdo que tenía de su padre, esa mañana cuando nadie aún había llegado, cuando el pasillo se hallaba vacío, cuando el frío aún no se había ido, cuando en todo el mundo hay un silencio tan grande que eres capaz de escuchar tu corazón. Fue cuando oyó una voz, era suave y tranquila, era como un descanso después de tantos problemas, tal vez algo que Bruney necesitaba, se sentía tan bien esa voz, decía ‘’hola’’ una simple palabra, una palabra tan básica que Bruney se preguntó cómo es que una palabra tan simple podía hacer que se sienta tan bien. Aún no podía comprenderlo, y entonces volteo la vista hacia la única persona que se encontraba entre tanta soledad y aun así entre tanta ausencia el pasillo se sentía lleno. Era delgada de piel clara con cabello corto y oscuro, mirada delicada y algo profunda, parecía leerlo pues se miraron por varios segundos hasta que ella dijo ─ ¿Sabes hablar? ─ lo miró con curiosidad ─ Te haré el trabajo fácil, me llamo Lois ¿y tú? ─ preguntó mientras le extendía la mano ─ Bruney ─ terminó diciendo él mientras tomaba su mano.

Lois Lawren, nació en una familia disfuncional, sus padres peleaban a cada rato y cuando lo hacían solían lanzarse cosas, a veces también agarraban a ella y su hermanito, a veces también los golpeaban aunque ella trataba de proteger a su hermano, a veces no bastaba. Un día en una discusión fuerte donde la tensión subía a cada rato, su padre el cual era un alcohólico sin remedio intentó agredir físicamente a la madre con un palo ligeramente afilado, la madre para defenderse agarró una de las botellas de cerveza y la estampo en la cabeza del padre, la botella se rompió y los vidrios salieron disparados en todas partes, la mayoría cayeron en el suelo pero otras llegaron al hermanito de Lois, uno cayó en su ojo y otros dos le hicieron cortes profundos en las manos, otro de los vidrios le hicieron un gran corte a Lois en el brazo izquierdo pero esto no le importó, uno de los vecinos llamó a la policía y se llevaron a los padres, se llevaron a su hermanito al hospital donde lo atenderían, ella fue a vivir con una tía a otra zona pero siempre iba a visitar a su hermano, a pesar de todo lo vivido ella siempre mantuvo una sonrisa, aunque a veces lo fingía, no podía verse triste frente a su hermano.

Ese día era el primer día para Lois, venía feliz pues se había encontrado un donante para el ojo de su hermano y ese día tenía ganas de hacer amigos, entonces vio a Bruney solo en el pasillo y decidió saludarlo e intentar conversar con él, al final si terminaron hablando, o bueno ella le termino contando cosas de las cuales eran expertas, empezó a hablarle de cosas como el dilema del erizo, de posturas ideológicas y al final le contó que encontraron donante para su hermano, nadie le podría quitar la felicidad.

Ese día en el almuerzo ella volvió a buscar a Bruney, lo encontró en el mismo pasillo solitario, nadie pasaba por allí pues no llevaba a algún lugar que a alguien le importe, le invitó de su comida y le siguió contando cosas, cosas como las que le estuvo contando en la mañana y al final se despidió diciendo ‘’hasta pronto’’.

Bruney sintió por primera vez en mucho tiempo como se sentía que alguien lo observe, que alguien le hable de esa forma y se sintió alegre, aunque no tanto pero si era una diferencia.

No pasó mucho tiempo para que Bruney también empiece a hablar, primero fueron cosas como monosílabos y palabras cortas, pero poco a poco Lois ganaba la confianza de Bruney, este cada día disfrutaba de la compañia de Lois, las cosas parecían para ambos, todo iba perfecto, pero un día ella no apareció.

Bruney se quedó esperando toda la mañana en el pasillo pero nadie vino.




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