Cuentos perdidos

Predencio

Al llegar a las puertas del bosque un letrero de no entrar tapado por algunas plantas avisaba de lo peligroso que podría ser entrar a tal bosque, pues este no era cualquier bosque, en este bosque las almas se perdían y era muy difícil que vuelvan. Buscarlas era inutil pues eso llevaba a que los que buscan se pierdan y nunca vuelvan, pero esto no le importó a Pen-Pen el cual entró esa noche de abril tras un largo viaje solo con el objetivo de volver a ver a Alice, su amada, que fue una de las víctimas de aquel bosque.

Al inicio el camino era de piedra hundida en la tierra y rodeada de hierba amarilla, los árboles eran normales para los estándares de cada uno, a pesar que parecía estar dentro del bosque este realmente parecía el vestíbulo como si de un hotel se tratase. Al final del camino se encontraba un muro de piedras con una puerta de rejas algo vieja, estaba abierta y en el suelo había una nota que decía :

En el bosque de Predencio los árboles parecen azules

tal vez por los escasos rayos de sol que caen del techo

en este bosque el suelo parece estar entre las nubes

y cada hoja entre los árboles te miran con desprecio.

Algunos habitantes viven bajo la tierra
entre arañas, insectos y muchas piedras
se abalanzan ante cualquier trozo de carne
pues la comida escasea en el suelo del bosque.

Y en los árboles los cerdos vuelan atados a las ramas
esperan impacientes hasta que alguien los alimente

también piden carne y lo desean con ansias

con sus gritos fuertes penetran cualquier mente.

El resto de la nota no se podía leer, la letra se difuminaba y en las secciones que se podían ver parecían garabatos sin sentido. Pen-Pen solo lo guardó en su mochila junto a su botella de agua y un cuaderno de dibujos y notas. Fue después de leerla y guardarla que por fin puso un pie en la tierra del bosque, pero el suelo no era sólido, apenas lo pisó su pie se hundió y como puso su peso en este, se vino abajo.
Cayó en lo que parecía ser el vacío ya que no había ni suelo, ni límites ni techo, solo oscuridad, al cabo de unos minutos cayendo en picada llegó hasta un tronco hueco de un árbol seco, aún había oscuridad pero al menos se podía ver el ¿cielo? Quien sabe pero parecía serlo.

Una voz le dijo al oído ─ ¿Quién eres? ─ Pen-Pen no le tomó importancia, él sabía que cuanto más interactuaba con ese bosque más fácil sería perderse. Para fortuna de él, aquel árbol tenía una puerta que le daba la bienvenida al bosque, parecía un pueblo contento con gente extraña de anatomía inusual, algunos tan bajos que podrías tropezar si no los llegas a mirar, otros con brazos largos que usaban como piernas, algunos con ojos donde no deberían haber ojos, otros con dientes donde no deberían haber dientes, etc. Esto nuevamente no le importó a Pen-Pen y siguió de largo hasta que llegó un grillo de sombrero y pipa, con bastón en mano y una postura relajada, le dijo ─ Amigo ¿Que tal? Avísame si necesitas algo, lo que sea te lo puedo conseguir. ─ Pen-Pen lo ignoró pero el grillo lo tomó del brazo con tanta fuerza que Pen-Pen sintió que le rompió algo.

─ Se porque has llegado y se que no sabes cómo llegar. ─ dijo con una voz muy distinta a la anterior. ─ Así que no te queda de otra que aceptar mi ayuda, entonces… ─ Se detuvo antes de recuperar la postura y volviendo a la actitud de antes le dijo. ─ Nos espera un largo viaje socio.

Le estrechó la mano y en seguida se pusieron a caminar, el grillo iba adelante, Pen-Pen atrás, y parecía ser un viaje tranquilo aunque algo incómodo, ya era lo suficientemente oscuro cuando se internaron muy profundo en el bosque, acamparon en una zona rodeada de árboles, donde el cielo ya ni se podía ver, hicieron una fogata improvisada. Pen-Pen no durmió al igual que el grillo, no quería arriesgarse a que algo llegue y lo ataque, o aún peor, que el grillo, el cual lo miraba fijamente, lo toque, no dejaba de pensar en eso.

Al amanecer ni siquiera se notó la luz, Pen-Pen solo supo que era de día porque el grillo le levantó y le dijo que tenían que seguir caminando. Los árboles, como dijo la nota, si eran azules pero no habían cerdos, solo cuerdas que colgaban de las ramas, los vientos se sentían moderados y las hojas juzgaban desde lo alto. Caminaron hasta llegar a un pueblo cuyo nombre no se sabe cuál es, era algo grande, con caminos de tierra y casas un tanto extrañas, los habitantes esta vez todos eran enanos, algunos con barba, otros con narices grandes, por lo general con narices grandes, tan grandes como un cuarto de su cara pero con fuerza capaz de tumbar un árbol con las dos manos, a pesar de eso parecen delicados, el grillo estaba caminando cuando se tropezó con un enano, se pusieron a discutir y Pen-Pen aprovechó para salir de la vista del grillo, camino por algunas calles hasta que unos enanos lo intersectan, probablemente eran sastres puesto que cuando lo vieron empezaron a hablar de su vestimenta y se lo llevaron al taller, allí le despojaron de su ropa y su mochila, le tomaron medidas de todo y usaron el triple de tela de la que usan normalmente para un enano, le pincharon un poco, le cortaron otro poco pero al final eran heridas leve. Finalmente terminaron con un traje algo elegante, tenía una camisa blanca acompañada de un chaleco negro y un saco rojo, le hicieron unos pantalones cortos que le quedaba por debajo de las rodillas, tenia tiras de telas que le colgaban de las manos y dos medias de distinto color, una amarilla y la otra colorada, los saparos eran rojos oscuro bien lustrados, tan lustrados que se podia ver reflejo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.