Juliam es un niño que vive en una cabaña a mitad de un bosque custodiado por dos monstruos. Mandaban a Julian a recoger trigo todos los días y si faltaba aunque sea un solo grano lo castigaban cruelmente.
Los días eran duros para Juliam pero las noches eran peores, los monstruos se embriagaban y jugaban a tirarse cosas, cosas que a menudo caían sobre Juliam, cosas que casi siempre lo lastimaban. A veces el objeto era tan duro que le hacían heridas a Juliam y a veces lo lanzaban tan fuerte que la herida era profunda.
Los moretones cubrían su cuerpo, las cicatrices decoraban su piel y el hambre era común en él, había días que no comía nada porque el trigo lo convertía en alcohol y el alcohol en ebriedad.
Un día común, como todos, se desmayó por el hambre, debido a esto no pudo ir a recoger el trigo y por eso los dos monstruos lo llevaron al lago, lo sumergieron y lo empezaron a ahogar múltiples veces, lo dejaron allí. Juliam no sabía nadar y debido a eso el agua entró por su nariz y boca, se filtró por sus pulmones y se desmayó por la falta de aire.
Despertó en la orilla del lago en la noche, al abrir los ojos vio luces en el cielo, luciérnagas, el agua lo llevó a la orilla, las luciérnagas le ayudaron a respirar un poco y lo guiaron a una feria llena de niños y de comida, iluminada por montones de luciérnagas, comió y bebió todo lo que pudo y jugo aún más, a mitad de la noche las luciérnagas hicieron un espectáculo de luces que impresionó a Juliam, al final sabia que tenia que volver a casa, no quiero, deseaba quedarse allí toda su vida donde el dolor no lo podía alcanzar, pero al amanecer ese lugar desaparece y los monstruos lo encontrarían, volvió a casa, al llegar los monstruos estaban comiendo el trigo que quedaba, al ver a Juliam lo llevaron a su habitación y no le dieron ni una migaja.
La puerta estaba cerrada con llave y no había ventanas, la luz escaseaba y la humedad abundaba. Pasaron cuatro días cuando los monstruos abrieron la puerta, encontraron a Juliam sentado en una esquina, estaba demasiado flaco, los brazos parecían ramas de paja y sus piernas temblaban por el peso. Lo sentaron en el suelo del comedor y le tiraron dos panes ─ Deberías agradecernos, si no fuera por nosotros ya estarías muerto ─ le decían ─ Después de comer ve a limpiar ─ agregaron.
Con las pocas fuerzas recuperadas agarró la escoba y barrió todo lo que pudo, en la tarde cuando volvieron y vieron todo limpio se pusieron a buscar el más mínimo error para reprocharle a Juliam hasta que finalmente lo encontraron. En el fondo del comedor, en la esquina más olvidara había un poco de polvo, lo usaron como excusa para golpear a Juliam; primero algo simple, una cachetada; luego algo más fuerte, le jalaron el cabello hasta dejarlo en el suelo; prosiguieron por golpearlo múltiples veces con un bastón de fierro.
Decidió escapar esa noche, las luciérnagas le ayudaron a abrir la puerta, camino por el pasillo intentando no hacer ruido, la oscuridad dificulta la vista y entorpecia el paso, por lo que en un pequeño desnivel se tropezó y cayó rodando por el suelo chocando con una silla la cual hizo ruido tras el impacto los despertó, fueron a investigar. Juliam intentó esconderse pero eventualmente lo encontraron, lo agarraron del cuello y lo levantaron, el aire empezó a escasear y en su desesperación empezó a patear el aire con la esperanza de darles y lo suelten, y lo logró, cayó al suelo y salió corriendo, saltó por una de las pocas ventanas de la casa y corrió por el bosque.
Las luciérnagas lo guiaron por el bosque y tras entrar por un árbol hueco llegó a la misma feria donde en una de sus carpas pudo vivir feliz.