Cuentos que susurran por la noche

Susurros en un pueblo olvidado

Eran las 6 de la tarde cuando resoplaba un aire de frialdad que lograba sentir en mis piernas y todo el cuerpo, sentada en aquel sillón viejo que hacía un leve ruido al mecerme en él. Sabía que algo extraño sucedía.

Aún recuerdo, una semana atrás, las risas y juegos de los niños en el patio; eran como cantares de aves por todo el lugar. Sabíamos que nos habíamos mudado a un lugar misterioso, ya nos habían advertido que cosas raras acontecían acá, pero éramos muy incrédulos: fantasmas, ruidos en la noche, jajajaja.

Éramos mi mamá, mis 3 hermanas y yo, aprendiendo a salir adelante solas, pasando el dolor de la muerte de mi padre. En aquel pueblo solo se escuchaba el sonido de las campanas de la iglesia, llamando a los pocos habitantes que nos miraban con ojos de miedo y dolor, como pidiendo ayuda.

La primera noche nos dijeron que cerráramos bien todo, que durmiéramos con cuchillos, armas, lo que tuviéramos. Nosotras nos reímos, más mi hermana Priscilla sí tomó en cuenta todo lo que decían. Mi mamá nos arropó una por una, dándonos un beso en la frente y, con una caricia de buenas noches, nos susurraba un "te amo" sincero...

Mi hermana María, con tan solo 5 años de edad, me despertó esa noche y, gritando, me decía: hermana, hermana, ¿escuchaste?, ¿escuchaste?, y llorando se tiró en mis brazos y se puso a llorar. Sentí mucho temor, mas no quise que lo notara. La cargué, me fui al cuarto de mis otras hermanas y estaban temblando de miedo. Todas nos abrazamos y nos quedamos ahí dormidas.

Al día siguiente, en la mesa del comedor, ya para desayunar, solo nos mirábamos; nadie quería decir nada. Mamá nos preguntó cómo pasaron la noche y Esther le dijo: ¿cómo puedes decir eso?, ¿acaso no escuchaste los ruidos anoche?, niños gritando, pidiendo ayuda, ruidos extraños, como de monstruos, se escuchaban afuera. Mamá puso una mirada preocupada y dijo: niñas, mientras estén adentro de la casa les prometo que no les pasará nada. Este pueblo tiene muchas historias, pueden ser verdad o mentira; si queremos estar aquí tranquilas, debemos no pararle a eso. Todas nos dimos cuenta de que ella sabía lo que pasaba.

Siguieron pasando los días y seguíamos escuchando ruidos, gritos, llanto; nos acostumbramos a dormir juntas.

Un día salimos a jugar, como lo hacían los niños. Mi mamá nos dejó hasta las 6 de la tarde. María, Priscilla, Esther y yo, por un momento vimos lo hermoso que era aquel pueblo que parecía olvidado: sus árboles, su aire al respirar, sus casas antiguas, las hojas secas en el piso, hasta que llegó aquel niño invitándonos a su casita mágica, que quedaba entrando al bosque. Nosotras, con miedo pero con mucha curiosidad, le seguimos. En mi mente escuchaba la voz de mi mamá diciéndome "no se alejen", pero queríamos explorar cosas nuevas. La mayor era mi hermana Priscilla, con 13 años, y nos dijo: vayan, mientras hablaba con el niño más lindo del pequeño pueblo.

Segundo capítulo: La casa mágica

Caminamos por el bosque y, a lo lejos, vi una pequeña casa vieja y agrietada, metida entre los árboles secos, con todas sus hojas desbordadas por el piso. Con el corazón acelerado me acerqué lentamente y el niño nos dijo "entren", con una mirada malévola y una pequeña sonrisa en sus labios. La puerta se abrió lentamente y, cuando pasamos, el niño la cerró de golpe, pasándole llave.

Entré en pánico y, con la voz temblorosa, le dije por qué pasaste llave, igual ya va a ser hora de irnos. Él me dijo que no era necesario, que ahora conoceríamos la casa mágica. Caminé observando todo lo que había adentro, mis hermanas atrás de mí temblando de miedo, con un olor putrefacto que nos hacía difícil respirar. Caminamos poco a poco observando las ratas y moscas que abundaban en el lugar. Llegamos a un pasillo oscuro donde solo se escuchaban ruidos entre las paredes, como si alguien quisiera salir de ellas.

¡¿Por qué hay tanta sangre?!, exclamó María con lágrimas en los ojos; dijo: me quiero ir, tengo miedo...

Al entrar a un pequeño cuarto no pudimos soportar aquel olor y nos devolvimos. Cuando giramos, había una sombra gigantesca en la pared que, con sus garras, arañaba la puerta. Entre gritos y miedo fuimos directo a la cocina, donde había muchos frascos con cabezas de niños que sonreían y nos miraban fijamente. Sin saber qué hacer, nos devolvimos al cuarto y, poniéndonos las manos en la nariz para poder entrar, nos metimos y cerramos la puerta.

Todo estaba oscuro. Estiré la mano y, pasándola suavemente por la pared hasta el interruptor, logré prender la luz. Había una cama llena de mucha sangre, con algo envuelto en sábanas blancas que hacía un leve movimiento. Solo queríamos irnos de ahí, pero no podía quedarme pensando en que si era alguien que necesitaba ayuda. Dejé a mis hermanas cerca de la pared mientras yo, con un palo, corrí poco a poco la sábana y, cuando cayó, vimos un cuerpo desmembrado que ya las ratas se estaban comiendo.

Grité, agarré a mis hermanas y salimos corriendo, cuando de frente nos encontramos al niño riéndose y nos dijo: sí, es hora de correr. Vi que ya había oscurecido. La puerta se abrió y salimos corriendo sin mirar atrás. De repente, en el parque volvió a aparecer ese pequeño con un cuchillo en la mano y, agarrando a mi hermana Esther por el brazo y yo la tenía agarrada por el otro brazo, forcejeamos hasta que no pude más. Por favor, déjala, con llantos en mis ojos le pedí que parara, pero él lo disfrutaba como si en realidad estuviera jugando con nosotras.

Puse a mi hermana María atrás de mí mientras veía a ese niño dispuesto a todo y sin gota de remordimiento. La degolló frente a nosotras. No lo podía creer, me sentí paralizada, empecé a vomitar y mi hermana María, gritando, decía: ¿dónde está mi mamá? Veía a mi hermanita desangrándose frente a mí y estirándome las manos. El impacto se apoderaba de mí; su mirada arropaba la noche con ojos de desespero y confusión, hasta que cayó en el piso con un pozo de sangre a su alrededor. Ahí entendí que en ese momento nosotras éramos los niños que gritaban en la noche. Sin saber qué hacer e impactada viendo aquella escena de desastre, me desmayé.



#83 en Terror
#646 en Thriller
#224 en Suspenso

En el texto hay: misterio suspenso, terror, terrorpsicolgico

Editado: 22.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.