Elena, una chica bastante hermosa, piel de color beige medio, su cabello rojo y castaño hacían resaltar sus pequeños ojos color café. Tenía tan solo quince años cuando llego al Hogar San Gabriel, una residencia exclusivamente para niñas sin familia, situada en un antiguo edificio de ladrillo rojo.
Aquel lugar, pese a las comodidades y riquezas extravagantes de sus cuidadoras, parecía un laberinto, pues algunos objetos ahí eran impredecibles, en ocasiones, algunas puertas de sus armarios se convertían en puertas hacia otra habitación o pasadizos secretos entre las habitaciones de las inquilinas, cuando Elena pasaba por esas puertas se sentía como “Relativity” de Escher.
La vida en aquel edificio era muy sencilla, las chicas que vivían en ese lugar asistían todas a la escuela Bellas Flores del Otoño, aquellas jovencitas compartían habitaciones, no había nadie que tuviese una habitación para sí sola, ni siquiera las cuidadoras Marta y Elvira, todas obedecían sus reglas y construían un pensamiento colaborativo en su edificio.
A cierta vista, el edificio parecía un lugar muy seguro y tranquilo, aunque existían cosas extrañas. Cada noche, exactamente a las 9:00 pm, las puertas eran cerradas con cadenas, las ventanas de las habitaciones permanecían cubiertas por gruesas cortinas y estaba prohibido hablar sobre las casas vecinas de aquel lugar, la entrada principal estaba asegurada por dos candados enormes e igualmente la puerta tenía una cortina gruesa de color violeta.
Una tarde, mientras regresaban de la escuela, Elena encontró en el camino una macha oscura en el andén que estaba fuera del edificio, parecía sangre, pero ella pensó que quizás era una mancha de algún jugo o quizás alguna chica había derramado pintura, lo solían hacer cuando llevaban materiales a su clase de arte.
No hubo mayor importancia a ese hecho, sin embargo, al día siguiente, una de las chicas desapareció, las cuidadoras les dijeron a todas que había sido trasladada a otra ciudad, pero era algo inusual, aunque no fuesen familia, las chicas en aquel edificio eran muy cercanas entre todas y no existían secretos entre ellas, que se fuera de la ciudad sin avisar era algo sospechoso para todas, nadie les creyó a las cuidadoras.
Las desapariciones en el edificio se hicieron más recurrentes, cada semana faltaba una niña más, aunque todas tenían miedo, nadie se atrevía a hablar de eso. Excepto Elena, su curiosidad la llevó a planear algo para que pudiera obtener información de lo que en realidad estaba pasando, su investigación fue mas fuerte que el miedo que tenía de ser otra niña desaparecida.
Una noche, Elena reunió a sus amigas más cercanas y les propuso explorar el sótano del edificio, ellas tenían demasiado miedo, pero Elena las supo persuadir y confiaron en ella. En el sótano encontraron fotografías antiguas del barrio en el que estaba el edificio, en todas las imágenes aparecía un símbolo en las puertas de las casas, todas tenían un circulo negro atravesado por una línea roja.
Entre las cosas del sótano, también hallaron un cuaderno que al parecer lo querían esconder bastante bien, pues estaba envuelto en una tela de color rojo, parecía un tamal mal envuelto, el punto es que en ese libro estaba escrito un antiguo pacto, el cual decía que, desde hace décadas atrás, las familias de ese barrio habían realizado sacrificios para protegerse de una entidad conocida como “El devorador”.
En aquel libro se relataba que, cada familia realizaba sangrientos sacrificios de sus familiares a cambio de seguridad, cada generación debía entregar algo de sí misma, por esa razón es que antiguamente las familias de ese barrio eran reconocidas por ser muy numerosas, quizás que les faltase un miembro de su familia no era tan aberrante si tenían 15 hermanos más.
Al otro día, Elena y sus compañeras estaban saliendo de la escuela, de repente una de sus compañeras empezó a gritar en la calle, tomó un palo del suelo y comenzó a pegarle a sus compañeras, era tal la brutalidad de sus golpes, que las calles se empezaron a llenar de sangre.
Elena quedó en shock y cuando recobró sentido, decidió correr al edificio, cuando llego, se quedó atrás de la puerta para ver si aquella niña poseída por su enojo seguía otro camino, pero no… aquella criatura endemoniada decidió entrar el edificio.
Elena corrió hacia su habitación en el tercer piso y desde allá vio como aquella chica poseída, caminaba demasiado lento y tenía sus manos manchadas de sangre, el miedo se apoderó del lugar, las demás estaban llorando. Aquella chica tomó a otra que estaba en el primer piso, la jaló de su largo cabello y la tiró al centro del edificio, repetidamente golpeó su cuerpo, hasta que sólo quedó sangre.
Los ojos abiertos, sus pupilas dilatadas, el cuerpo manchado de sangre e inmóvil, evidenciaron su muerte a manos de la violencia de esa chica, mientras que todas gritaban de la desesperación. En un segundo aquella chica endemoniada cayó al piso, su cuerpo inmóvil y su sonrisa maniaca en el rostro retrataron lo que parecía ser el final de aquella pesadilla.
Una de las cuidadoras se acercó a verla y se dio cuenta de que había fallecido, inmediatamente nos llamó a todas a que nos reuniéramos en el primer piso, Elena bajó corriendo y al llegar ahí con sus compañeras, vio hacía el tercer piso y visualizó una figura enorme con cuernos rojos. Pero ella no fue la única que vio esa figura, las cuidadoras también lo hicieron.
Marta y Elvira, al ver aquella figura, se echaron la bendición la una a la otra y les dijeron a sus inquilinas: -Ya volvemos, por favor no salgan del edificio, es peligroso. – y salieron rápido del lugar.