Cuerpos Prestados

CAPITULO 4 : touchdown

Lauren

El resto de clases transcurrieron con una tranquilidad casi irreal, algo rarísimo para lo que solía ser un día normal en el B4

​Pero lo mejor de la tarde llegó durante el último descanso antes de salir. Resulta que el rumor corrió como pólvora por todo el pasillo: Camila, con toda esa seguridad de niña mimada que la caracteriza, se le había acercado a Liam en el descanso para pedirle el número de teléfono con su típica sonrisa de mustia

​Y Liam, con la cara más fresca del mundo y la voz supertranquila, la miró fijamente y le soltó un simple: «No tengo interés en ti», antes de darse la vuelta y seguir caminando

​Cuando nos enteramos, casi me ahogo con mi propio jugo. Sofía y yo tuvimos que taparnos la boca para no soltar la carcajada en medio del pasillo. Camila quedó en ridículo frente a medio colegio; la reina del salón, la que se la pasaba humillándonos por nuestro peso y burlándose de nosotras, acababa de ser rechazada sin rodeos por el chico nuevo

​Volteé a mirar a Camila desde mi puesto y tenía una cara de rabia que no podía con ella, con los brazos cruzados y echándole miradas de odio a Liam, quien ni se daba por enterado y seguía concentrado en sus cuadernos

​Verle la boca cerrada por primera vez en el año se sintió como una pequeña y gloriosa victoria personal. Por un segundo, la pesadez de estar en este salón se sintió un poco más ligera

Tuvimos examen de último minuto. El profesor soltó las hojas de sorpresa y todo el salón se llenó de quejas y resoplidos, pero no hubo de otra nos tocó resolverlo a la carrera. Lo entregamos justo cuando sonó el timbre que apuntaba que por fin nos podíamos largar a nuestra casa

​Estábamos recogiendo los cartucheras cuando en el umbral de la puerta apareció Alexis

​Tenía esa postura desgarbada, apoyado contra el marco, con la gorra un poco torcida y una cara de fastidio

​—¡Liam, carajo, apúrate que ya llegó el chofer por nosotros! —soltó desde la entrada en voz alta, sin importarle que todavía hubiera profesores cerca, haciendo un gesto exagerado con la mano

​Liam, que estaba guardando con paciencia sus cuadernos en la maleta, ni siquiera se alteró.

​—Cálmate y espérate —le respondió

​Alexis rodó los ojos, soltó un chasquido molesto con la lengua y sacó el celular del bolsillo para ponerse a chatear mientras esperaba, recostando todo su peso contra la pared

​El murmullo en el salón no tardó en subir. Varios se quedaron mirando la escena, sorprendidos de que el par de hermanos tuviera un chofer esperándolos afuera del colegio. Mateo y sus amigos pasaron por el lado de Alexis mirándolo de arriba abajo, pero Alexis ni los determinó; simplemente soltó una risita burlona al ver a Mateo tropezar ligeramente con el morral de alguien en la salida

—¿Jajaja, te quieres besar el suelo o qué? —le dijo burlón a Mateo, soltando una risita cínica mientras lo miraba por encima del hombro

​Mateo se frenó en seco, con la cara roja de la rabia y las manos hechas puños. Pocas veces en la vida alguien se atrevía a hablarle así en su propio salón

​—¿Qué dijiste, imbécil? —gruñó Mateo, dando un paso hacia él para encararlo

​Alexis ni se inmutó. Siguió recostado en el marco de la puerta, con la barbilla en alto, una sonrisa medio torcida y esa mirada de fastidio que dejaba claro que Mateo no le imponía absolutamente nada de miedo

​—Lo que oíste, genio a ver si aprendes a caminar —respondió Alexis, guardando el celular en el bolsillo con una calma exasperante

​Antes de que Mateo pudiera lanzarse a armar una pelea en medio del pasillo, Liam terminó de subir el cierre de su maleta, se la cargó al hombro a pasos tranquilos y se puso justo en medio de los dos

​—Ya vámonos, Alexis. No hagas drama —dijo Liam con voz neutral, dándole un leve empujón a su hermano en el hombro para hacerlo caminar hacia la salida

Llegué a mi casa exhausta, tiré la maleta a un lado de la cama y me dejé caer sobre el colchón sin quitarme ni los zapatos.

​Tenía la cabeza hecha un lío, todavía pensando en ese chico. Pero a ver, las cosas claras la verdad no me gustaba ni me llamaba la atención para nada. No soy tan estúpida como para hacerme ilusiones absurdas. Alguien como él, lindo, alto y con dinero jamás en la vida se fijaría en alguien como yo. Eso era una realidad indiscutible

​Simplemente era su forma de actuar. Era tan... absurdamente diferente a lo que estaba acostumbrada

Al día siguiente, cuando Sofía y yo llegamos al salón de clases, ocurrió un pequeño milagro nadie nos molestó ni un solo minuto. Por primera vez en mucho tiempo pasamos completamente desapercibidas. Ni Mateo con sus comentarios venenosos, ni Camila con sus miradas de asco; todos estaban demasiado ocupados en sus propios grupitos, como si por unas horas se hubieran olvidado de que existíamos

​Pero la paz duró exactamente hasta que llegó Liam.

​En cuanto cruzó el umbral de la puerta con su caminar tranquilo y la mochila en un hombro, la atmósfera del salón se tensó por completo. Mateo, que estaba sentado sobre su escritorio rodeado de su pandilla habitual, se puso de pie al instante. Tenía la cara desencajada, atragantado de rabia contenida desde la tarde anterior por el papelón que su hermano Alexis lo había hecho pasar

​—¡Miren quién llegó! El canadiense de mierda —soltó Mateo al aire en voz alta, interrumpiéndolo antes de que alcanzara a dar tres pasos— Vaya, pensé que te habías quedado en tu casa llorando por el malcriado de tu hermanito¿O es que necesitabas que tu chofer te tomara de la mano para entrar al salón?

​Varios en el grupo de Mateo soltaron risitas nerviosas para seguirle la corriente, intentando recuperar el terreno perdido. Camila se cruzó de brazos con una sonrisa de satisfacción desde su puesto, esperando la pelea

​—Buenos días para ti también, Mateo —dijo Liam con voz neutral, sin el menor rastro de alteración, antes de pasarle por el lado para caminar directo hacia nuestro rincón del salón



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En el texto hay: #amigas, #romace, #peso

Editado: 28.09.2026

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